El profesor de balonmano

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(Relato de la serie Sueños Mojados en Tinto de Verano)

El profesor de balonmano del colegio, ese alto y flaco, con cara de hombre neanderthal. Ese que me dejó plantada en la puerta del baño de señoras porque… estábamos casados. ¡Claro que estamos casados!, no hay por qué recordarlo a todas horas. El tiene mujer y tres hijas, yo dos niños pequeños. Pero es que no quiero otro matrimonio. Quiero sexo. ¿Tan difícil es de entender?

Es Nicola Karabatic, pero así es mi profesor de balonmano...
Es Nicola Karabatic, pero así es mi profesor de balonmano…

Habíamos ido al ayuntamiento, teníamos que asistir a una reunión con el concejal de deportes. Yo como madre implicada en el club y queriendo lo mejor para mis retoños. Él como entrenador. Necesitábamos una subvención para que los niños pudieran viajar a la fase regional del campeonato de balonmano y luego, si se clasificaban, a la nacional.

Allí estábamos los dos, sentados juntos en la sala de espera de la alcaldía. Había reunión de la Junta Local y no parecía que la alcaldesa tuvieran prisa por acabar y sus concejales por salir. A mí ese hombre me gustaba, no puedo explicar por qué. Me atraía por lo físico: alto, espalda ancha, perfecta tableta, glúteos en su sitio, mirada perdida, sonrisa impecable… Solamente el exceso de mandíbula afeaba el conjunto.  Pero su forma de  jugar al balonmano con los niños, de transmitir los valores del deporte en equipo… ¡Buf! Creo que eso me atraía todavía más.

Esto es lo que yo imaginaba cuando él entrenaba a mi hijo...¡ufff!
Esto es lo que yo imaginaba cuando él entrenaba a mi hijo…¡ufff!

Y yo también le gustaba. No habíamos tonteado nunca, pero mis mariposas en la entrepierna no fallan en eso de detectar cuando hay feromonas en el ambiente. Y le gustaba. Se quedaba embobado mirándome la boca cuando hablaba, me buscaba en la grada durante los partidos y era completamente receptivo ante mis intromisiones en su espacio (¿recuerdas Dirty Dancing, este es mi espacio, este es tu espacio…?)

Hacía calor, por la calefacción a tope o porque lo generábamos nosotros. Así que me quité la chaqueta.

¿Tienes calor?

Sí, creo que tienen la calefacción muy alta, ¿no? 

Bajó la mirada y sonrió. Yo acerqué la mano que había quedado bajo la chaqueta a su pierna. Un roce imperceptible a ojos extraños, pero suficiente para sentir el calambre que se generó entre ambos. Esto de los campos de energía es una locura. Entonces él hizo lo propio, rozando casualmente con sus dedos mi mano. Y le devolví el roce, acompañado de un suspiro. Ambos mirábamos al frente, pero uno de los dos tenía que dar el paso siguiente.

Le miré de reojo y se volvió hacia mí. ¿Dónde se había dejado la mirada perdida? Le miré de frente y me mordí el labio inferior (que siempre he leído que les pone, vaya usted a saber por qué). Yo quería jugar, quería sexo. En ese momento ya estaba a tope.  ¿Sabéis cuando no es posible pensar en otra cosa, que parece que todo está borroso alrededor, excepto el objetivo? Pues así iba yo, directa al tema.

No me dio tiempo a pensarlo más. Me cogió de la mano y me levantó de un tirón. Y comenzó a caminar, conmigo detrás casi arrastrada y con cara de circunstancias, por los pasillos de aquel edificio. Un pasillo y otro. Unas escaleras hacia abajo, giramos por otro pasillo, una puerta, un despacho, otra puerta y el baño de señoras.

¿Ahora entendéis lo que tenía delante, verdad?
¿Ahora entendéis lo que tenía delante, verdad?

En ese viaje por las entrañas del ayuntamiento no nos habíamos cruzado con nadie. Y mi cabeza iba a mil. Deseando que tras la siguiente puerta encontrásemos el cuarto oscuro donde dar rienda suelta a todo lo que me estaba imaginando. Algo rápido pero intenso. Iba con falda, ¡bien por mí!, podía penetrarme de pie sin problemas y luego darme la vuelta, empotrada contra alguna estantería. Ese profesor de balonmano iba a hacerme pasar un buen rato…

– ¡Chisss!- me puso el dedo en los labios. Tenía la espalda pegada a la fría pared de baldosas del baño de señoras. Y a él delante, agarrándome por la cintura, con sus labios a medio milímetro de mi oreja. – Me pones a cien y lo sabes- cerré los ojos para escucharle mejor- pero…¡joder, estamos casados! 

Y allí me quedé, mojando las ganas en el lavabo del baño de señoras.

Imágenes: Nikola Karabatic en un calendario benéfico (encontrada en la revista Cromosomax). Las dos fotos de equipo, son del calendario que hizo el equipo del Balonmano Barakaldo para el año 2011.

4 COMENTARIOS

  1. Buf, he tenido que salir a coger aire, compañera!! A ver, me lo expliquen… entonces este post entraría en la categoría de los retos ¿o qué? ¿Hay que pedirse profe? ¿O cómo funciona? ¿Cuál es el plantemiento? ¡No podéis dejarnos así! XD

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