Irse o… NO irse, esa es la cuestión

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caperucita
Irse porque viene el lobo… o quedarse y comérselo

Vas como una loca por la vida que, a veces, se te hace bola. La casa, el trabajo, los niños, tu familia, tu pareja… y las clásicas movidas a las que se enfrenta una señora de… sí, lo siento, mediana edad ya. Que por mucho que lleves jeggings de esos y chupa de cuero (sintético), por mucho que te apresures a llegar a todo y te repitas que estás igual; no estás igual y lo sabes -estás mejooor 😉 – y tu vida no es igual, ni de coña. Pero espera porque… sí que hay ciertos patrones que se repiten, aunque sea en nuevos escenarios.

A veces, cierras los ojos y piensas en largarte. Largarte a un paraíso imaginario. Escapar de tu vida. Irte a un sitio utópico en el que poder dormir. Donde tu único cometido sea comer, beber, leer, descansar, caminar. Un lugar en el que nadie repita tu nombre insistentemente, tirándote de la manga. En el que no haya plazos que cumplir, ni entregas que completar. Un lugar donde solo haya abrazos, conversaciones relajadas y, por qué no, profundas. Un lugar en el que haya tiempo para lo que de verdad, de verdad, importa (Extienda aquí usted la fantasía cuanto guste).

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De hecho, incluso puede que ya lo hayas hecho alguna vez. Puede que te hayas ido ya con una mochila a la espalda y hayas iniciado una nueva vida (o más de una incluso). Muy ligera al principio. Una nueva vida fresca y llena de posibilidad… pero que, a medida que pasan los días y los meses, se va llenando de nuevo. Empiezas a construir una nueva rutina. Entra gente nueva en tu vida, surgen nuevos proyectos, nuevos trabajos… y como lo único que hiciste fue irte de tu vida pero no de tu mente, tarde o temprano permites que tu cerebro siga funcionando igual que siempre. Y terminas construyendo un nuevo entorno que no se aleja en exceso del anterior. Y es que tu mente va contigo. Te la llevas puesta. Y tu forma de pensar, que no siempre es la más acertada, genera tus ideas… las cuales dirigen tus actos y… bueno, si la revolución no sucede en tu mente, de nada sirve “irse”.

¿Adónde te vas a ir alma de cántaro? Te vas de tus circunstancias pero no te vas DE TI. Si lo que buscas es una revolución, y no una simple mudanza, tienes que salir de ti misma. No de tu entorno. Si logras “irte de ti”, tu vida cambiará de rebote por sí misma. Sin modificar tu entorno, tu situación variará indefectiblemente para adaptarse a tu nuevo yo.

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¿Y cómo irse… de una misma?

¿Cómo me voy DE MÍ, sin regresar al cabo de unos días, como si volviese de una simple excursión?

Porque claro, tú lo intentas y, por un rato, hasta funciona. Que gran antídoto es la novedad:

“¡Lo logré! No me reconozco. Soy mejor y más positiva. Más asertiva y segura de mí misma. Incluso tierna y amorosa. Mucho más fuerte, sabia y agradecida. Más bla-bla-bla…”

¡Menos lobos, Caperucita! Que ya sabemos lo que dura el subidón y lo que viene luego:

“¡Oops! ¿Que pasó?  De repente, vuelvo a ser yo.  ¿A dónde fue mi evolución? Vuelvo a enfadarme. Vuelvo a sentirme contrariada. Vuelvo a querer irme…”

¿Pero a dónde? O mejor dicho ¿de dónde quieres irte, mujer? Allá a donde vayas, volverás a construir lo mismo. Si tu entorno te agobia, ten presente que en gran parte lo has creado con tus decisiones.

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Jo, claro, si te lo piden así…

¿Y si me quedo?

Ojo, porque… igual, después de todo, la solución NO es irse… ¡sino quedarse! QUEDARSE. Quedarse a luchar contra viento y marea. A apagar fuegos, a arreglar desaguisados… a corregir rumbos, a pelear, a sentir que no llegas pero a seguir intentándolo. Quedarse. Sí. Pero quedarse de otra manera. Con otra actitud.

Anda sé valiente y quédate. Quédate en tu vida y, en lugar de un portazo, da un volantazo. No hace falta desprenderte de tu entorno para virar hacia una nueva dirección. Basta con tomar una decisión y vivir en consecuencia. Establece nuevas reglas. Pon orden y organízate. Diseña un plan y cúmplelo SIN cuestionar cada dos por tres si es lo correcto.

Un año, te dices. Vas a trabajar en esta línea durante un año. Vas a darte un año para reparar esta relación. Para acoplarte al nuevo empleo o para escribir ese libro. Un año. Y solo cuando este año haya pasado (y no antes) te pones a recapitular. Cúrratelo cada día del año y no te permitas la licencia de tirar la toalla en cualquier momento. Una vez establecido el período de tiempo que te parezca apropiado, cúmplelo. Luego renuevas el compromiso o no. Pero no valen medias tintas. No puedes fallar al compromiso. Al compromiso contigo misma, con tu YO-de-hace-casi-un-año que, al fin y al cabo, no está tan lejos de tu yo-de-hoy.

A veces, la revolución NO es largarse. La revolución es encontrar la manera de quedarse a dar el callo. 😉

irse o quedarse

Fotos: Pixabay y Giphy

6 COMENTARIOS

  1. Definitivamente me quedo con este frase Nu “A veces, la revolución NO es largarse. La revolución es encontrar la manera de quedarse a dar el callo”
    Me encanta amiga!

  2. A mí me suele pasar lo contrario. Yo por defecto me quedo, siempre. Me cuesta muchísimo marcharme, dejar ir las cosas que tengo que dejar ir. Para quedarme no tengo problema. Y hay veces que hay que irse.

  3. hola nuria, hace mucho que no escribo aquí, pero te voy siguiendo, más en youtube ahora… (qué evolución, por cierto!! ?) muy acertados los pensamientos tanto de este post como los del video de ser tú mismo, que me encantó. del minimalismo en la vida vas yendo cada vez a un minimalismo más profundo, más interior. me encantan todas las cosas que dices y la manera que tienes de decirlas, y comparto muchas de tus opiniones.. enhorabuena por todas tus aportaciones a nuestros pensamientos. gracis guapa!!

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