7 días sin enfadarme

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Bueno… pues si Majo confesaba que a veces grita, que sepáis que yo a veces me enfado. En Mujeres & Madres Magazine queremos llegar a ser la mejor versión posible de nosotras mismas. Para ello, hemos iniciado una serie de retos que nos ayuden a crecer como personas (y a reírnos unas de otras). A Ruth la visten sus hijas. Let corre que se las pela por Madrid. Pilar ha dejado el azúcar. Y yo me armo de valor y me dispongo a ¡dejar de cabrearme! De entrada, no me parecía tan difícil estar siete días sin enfadarme… ¡JJJA! Resulta que yo no soy Paulo Coelho y el universo conspira SÍ… ¡y cómo!

Hace semanas que arrastro el reto porque cuando me enfado, pongo el contador a cero y empiezo de nuevo. Un sinvivir. Así que, en lugar de contaros mis progresos, voy a ponerme en evidencia contándoos mis fracasos: Esos cabreos absurdos que me han hecho interrumpir repetidamente el reto y tener que volver a empezar tooooodo el rato.

Mis fracasitos

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Mi hijo y el arte

Tiempo atrás pintó una puerta blanca con lápiz bien negro (y apretando bien). Todavía quedan rastros. Hasta firmó con “Anna” para evitar sospechas. Cuando le pedí explicaciones me dijo que Anna había venido cuando yo no miraba, había pintado la puerta y se había ido (Ana tiene 4 años y vive a 18 kilometros). Recientemente, apareció una silla blanca (imitación de piel) con un garabato en boli azul bien marcado. Su padre lo defendió diciendo. “No. No puede haber sido él. El trazo es demasiado controlado” (y fue a preguntarle a su hermana de 11 años si había sido ella! WTF!) Lo siguiente fue encontrarme al pequeño Dalí, rotulador verde en mano, pintando un mueble de cocina ¡¡y todavía lo negaba!! ¡Que no era él!, me decía. Encolericé. Al día siguiente reinicié el reto.

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Mi hija y la vaselina

No sé si terminará en un laboratorio o en una cocina, pero está claro que la química le va. Los mejunjes, las pociones y los pasteles. Eso sí, el fregao para mí, que deja la cocina como si hubiese pasado Atila. Ese día, había anunciado un experimento. Me acerqué sigilosa (incluso con miedo) al fregadero y vi un embudo con una pasta rosa fucsia. Lo toqué. Estaba pegajoso. Untuoso. También el agua y el resto de los utensilios que en ella flotaban. Y los platos y los vasos del desayuno. ¡¡Que se había hecho un pintalabios casero!! Debería estar aplaudiendo su creatividad. Lo sé. Pero… ¿tú sabes lo que cuesta desvaselinizar platos y vasos? Tras llamarle la atención, le di una palmadita en la espalda, que no se diga. Pero tuve que empezar otra vez mi reto.

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Su padre y la entrevista

Me llaman para una entrevista de trabajo. Pues bien. Le digo a mi marido: “Corazón, échame una mano para prepararla.” Con esto quise decir “ayúdame a montar mejor las frases.” (Le pedía ayuda semántica y gramatical, dado que la entrevista no era en mi idioma, sino en el suyo). El entendió: “Cariño, entrevístame y desmotívame.” Empieza a hacerme preguntas y, llegando al “usted cuánto quiere cobrar,” yo titubeo. ¡Cómo se me ocurre! “¡Así no vas a ningún ladoooo…! ¡Esto has de tenerlo clarooooo…!” Ojo, y no te digo que le falte razón pero las maneras me irritaron tanto que me reboté. Él (bien metido en su papel de entrevistador) me suelta: “Es usted una insolente. ¡No le damos el puesto!” Yo no sabía si reír, llorar o ¡cabrearme! y por tercera vez se fue al carajo mi reto (con lo bien que iba). Eso sí. Reflexioné y fui preparada para la pregunta de marras y, de paso, me llevé un chiste bajo el brazo (cuando flaqueara mi perfil técnico, podría tirar de mi perfil cómico). Salí con la certeza de que NO me darían el trabajo y me fui a Madrid al I Encuentro de Mujeres y Madres Magazine para descomprimir y reírme mucho.

¿Que qué estoy aprendiendo?

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A estar alerta.

Cuentas los días que faltan para llegar a siete. Tienes que terminar el maldito reto y consigues reprimir algún que otro enfado… Parece que al tomar consciencia te resulta “menos difícil” y descubres incluso… que cuando dejas de ser el poli malo, ¡el poli bueno se pone las pilas! Es bonito dejar que sea otro el encargado de poner paz y orden. Que sea otro el que se tire de los pelos. Salir de tu cuerpo, flotar por la habitación y ver los toros desde la barrera.

Consejitos buenrollistas

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Maniobras de distracción: Respira. Más. Respira otra vez. No hay O2 suficiente en la atmósfera para oxigenar el cerebro en ebullición de una madre a punto de combustionar. (Y sí, soy consciente del sinsentido físico de la frase). Evita por todos los medios hiperventilar, por favor. Reza tres padrenuestros (si eres atea, la Canción del Pirata de Espronceda también sirve), busca un par de citas de Béquer en los rincones de tu memoria, trata de componer un haiku de la estación correspondiente y… voilà! Cuando hayas terminado, ¡ya no te acordarás del motivo de tu cabreo!

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Técnica mediomística: Si después de lo anterior, todavía sabes quién eres y dónde estás, (¡te mereces un aplauso!) haz una lectura positiva de lo acontecido. ¿Rompió un vaso? Bah! Era feo. ¿Rompió dos? ¿Los únicos que quedaban de color azul? Mejor. Así el que queda no te recuerda al que falta. ¿Rompió tres? Aquí sí. Cabréate, porque te está tomando el pelo.

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Método paternalista: Si a pesar de intentarlo no logras frenar, mírate al espejo y ríete de tu cara absurda. Estás muy enfadada. ¡Mira que fea te pones! ¡Te salen (más) arrugas! ¡Te sube la tensión! Un herpes se agazapa en el borde de tu labio. ¿En serio merece la pena el enfado? Ojo, igual sí, ¿eh? pero es bueno preguntárselo…

Conclusión contrastada con el equipo

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El caso es… me resulta muy difícil no enfadarme y empiezo a dudar de que ese sea el objetivo correcto. Comentando con mis compañeras la de veces que he tenido que reiniciar el reto, hemos llegado a la por-los-pelos-unánime conclusión de que NO es bueno reprimir el sentimiento, aunque sí muy deseable controlar cómo lo manifiestamos.

En palabras de la misma Pilar con la que he arrancado el post (y para cerrar el círculo): “yo no quiero reprimir mis enfados, porque al final será peor… pero sí puedo reprimir gritar o tratar mal a las personas enfocando mi ira de otra forma. Pero no dejándola dentro.”

Amigas, HOY voy a dar por concluido mi reto. Creo que voy a celebrar mi liberación esta noche con un… ¡CABREO ÉPICO! Eso sí, buscaré antes algún lienzo hacia el que canalizar mi energía destructora de forma creativa… o escribiré otro post, antes de que la sangre llegue al río. 😉

Cuéntame, ¿cuál es tu truco para no dejarte arrastrar por la ira?

#retosMyM

Imágen de cabecera: Angry Birds. Gifs: Giphy.com

17 COMENTARIOS

  1. Jajajaja, yo no sería capaz de estar siete días sin enfadarme. Pero estoy de acuerdo con Pilar, sacar la ira sí, pero no enfocándola contra nadie. Es algo que aún tengo que pulir, confieso…

    • Ya te digo, que hay que canalizar la energía en algo creativo! A la próxima que alguien te toque la moral, sacas el cuchillo… un cacho madera y te pones a tallar un dios con 6 brazos. No se si se pasa el cabreo pero entretenida estarás un rato! 😀

  2. Antes pierdo peso con Patch que dejo de enfadarme durante 7 días. Que yo soy muy jiji jaja, muy happy flower, pero con una mala leche que acaba en varios cabreos diarios. A veces pienso que este hombre tiene razón cuando dice queme paso el día enfadada ¡que yo antes no era así! Pero es que hacen unos méritos…

  3. ¿7 días? No paso ni 7 horas sin enfadarme.
    No es que enfadarme yo… si me pongo furiosa, furibunda, patatónica, soy mamá Hulk…
    Es muy difícil estar sin enojarse, a lo más que llego es a controlarme en no gritarles o decirles de que se van a morir… no sé si me enojo más con la adolescente, con la mediana, con el bebé o con mi marido o mi madre, para todos tengo, con mis compañeros del trabajo, con algún vecino fregón o con el chofer del autobús.
    Respiro, cuento, rezo y medito… y al cabo de un laaaaargo rato se me pasa… especialmente cuando mis hijos me preguntan al unísono ¿Estás enojada? ¿Con quién? y mi marido: ¿Y ahora qué hice?
    No, imposible, lo más que he estado sin enojar habrán sido tres días… cuando acabé un curso de renovación en el Espíritu Santo y me impusieron las manos… 🙁

    • Pues oye… tenemos que hacer otra tanda de espíritu santo o algo porque esto no puede ser bueno para la salud.
      Hemos de ser más zen. Lograr la iluminación, abrir el tercer ojo… yo que se. Pero algo hay que hacer. Yo creo que voy a seguir intentándolo. Tengo que lograrlo. Como sea. Por mí! 🙂 ¡Un besazo enorme, Olivia!

  4. En mi experiencia, cuando te enfadas la que peor lo pasa eres tú misma, generas mal ambiente a tu alrededor y al final tienes que desenfadarte (porque no vas a estar así toda la vida no?) Así que cuanto menos dure el enfado mejor. Lástima que cuando nos enfadamos no podamos pensar esto con claridad!!!

    • Cuánta razón, Sonia!! Y nuestros hijos, cuando hacen cosas que nos cabrean, tal vez deberían enfrentarse a las consecuencias de sus actos en lugar de a una mama mosqueada. Creo que si lo analizamos y empezamos a obviar ciertos enfados… igual salimos ganando todos! pero como tú dices… qué difícil!

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