La revolución de la menstruación

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“800 millones de mujeres tienen la regla todos los días, pero todavía siguen utilizándose eufemismos para referirse a la menstruación”. No lo decimos nosotras, sino Barbara Frost, directora de la ONG WaterAid, que hace un par de años promovió una campaña para que el acceso universal al aseo fuese reconocido como uno de los nuevos objetivos de desarollo del milenio. Su denuncia, referida directamente al drama de los millones de mujeres que no tienen acceso a un inodoro, se puede extender, en general, al desarrollo e investigación en el campo de los medios para contener la menstruación.

Hace algo más de un siglo que se inventó la compresa desechable (1895) y algo menos desde que se patentó el primer tampón (1929), pero el uso de ambos no se popularizo hasta la década de los setenta y ochenta del pasado siglo, respectivamente. En casi medio siglo, han mejorado su capacidad de absorción, su tamaño, incluso sus materiales… avances ínfimos comparado con el desarrollo de otros productos de higiene o cuidado personal. Un siglo de “sequía” hasta que hace apenas una década la copa menstrual apareció en nuestras vidas como una pequeña revolución que ha rendido a cientos de miles de mujeres en todo el mundo.

menstruación

La visibilización de la mujer en las sociedades industrializadas y su presencia en núcleos de poder político, social y económico ha dado una mayor relevancia a sus problemas. A todos sus problemas. Y la regla lo es, o así lo hemos interiorizado, así lo vivimos mensualmente millones de mujeres. Como proceso fisiológico, debería abordarse con naturalidad, pero el periodo, más allá de los efectos que desencadena en nuestro cuerpo, es a día de hoy de todo menos natural. Buena parte de sus inconvenientes están asociados a cuestiones de higiene. Llamadme estrecha de mente, pero no veo a la sociedad, ni a mí misma, preparada para dejar fluir libremente la menstruación. Así que, durante varias generaciones, aún nos tocará seguir conteniéndola.

Pero, como os decía, las mujeres estamos recuperando terreno en todas las esferas de la vida pública y, cuando las mujeres se ponen a pensar en la forma de hacerle la vida más fácil a otras mujeres los resultados son siempre fantásticos. Así nació la cooperativa Femmefleur SCCL, de la mano de Eva Polío, Clara Guash, Cristina Torres y Laida Memba, centrada en la higiene femenina. De su mano, y gracias a los derechos de comercialización en exclusiva de la Copa Femmecup, el uso de la copa menstrual se popularizó en España. Ellas fueron las promotoras de la primera tienda virtual en España dedicada a su venta. Después llegaron más, pero sin su empeño inicial, lo de la copa menstrual, probablemente, seguiría sonándonos a ciencia ficción.

Hace poco más de seis meses, fueron un paso más allá introduciendo en el mercado nacional las bragas menstruales, un revolucionario método de contención de la menstruación que ya se comercializaba en Estados Unidos y algunos países europeos pero al que ellas, con el asesoramiento de la experta en lencería femenina Rosario Puñales le han dado un aire más femenino, confortable y natural, además de ponerle el sello nacional.

menstruación cocoro

A través de una campaña de micromecenazgo en la plataforma Verkami vieron la luz las bragas Cocoro, un proyecto que enamoró a cientos de mujeres ávidas de una mayor autonomía y control sobre sus periodos. Tal fue la expectación que generó su lanzamiento, que en apenas 48 horas habían cubierto ya los 21.570 euros que necesitaban para fabricar y distribuir las primeras 1.500 unidades. El éxito les permitió aumentar los modelos, los colores y tallas y les reportó un capital cercano a los 170.000 euros con el que seguir trabajando en el desarrollo de un producto pionero en nuestro país.

Desde su fábrica en Barcelona ya se han distribuido el pasado mes las primeras de esas 1.500 unidades y los testimonios de quienes las han probado están a la altura de las expectativas. No vamos a mentir. A simple vista no parece una solución asequible a todos los bolsillos, pues el más barato de los modelos ronda los 30 euros y es evidente que necesitarás más de una unidad. Pero, ¿no merece la pena probarlo? Sobre todo, teniendo en cuenta el gasto medio de productos de higiene femenina asociados al periodo se acerca a los trescientos euros de media al año.

¿Qué es Cocoro?

Cocoro son unas bragas para la menstruación que absorben tanto el flujo vaginal como la menstruación. En teoría, están pensadas tanto para utilizarlas como único método de barrera como para combinarlas con otros como los salva slips o los tampones. Evidentemente, cada mujer y su periodo es un mundo y, al final, es la propia experiencia lo que acabará determinando cómo una se siente más cómoda. Lo que sí garantiza Cocoro es acabar con las “fugas” impertinentes y el temor que ello nos genera.

Las bragas, de las que existen tres modelos que podéis adquirir en su web, están compuestas de una capa exterior de algodón, una intermedia de tejido técnico de poliester y otra interior también de algodón. Es esa intermedia en la que se obra la “magia” gracias a un material absorbente, hidrofugo, antibacteriano y transpirable. Cuatro características que las convierten en una opción saludable, que no huele, cómoda, fina, práctica y reutilizable. No se trata de una braga-pañal fina. Es una braga, sin más. Luce como una braga, sienta como una braga y es cómoda como una braga.

menstruación cocoro

Sé que a estas alturas, algunas tendréis dudas acerca de si este es un artículo patrocinado. No. Ninguna de las integrantes de esta redacción hemos sido agasajadas con muestras ni percibido compensación económica por el artículo que acabas de leer. De hecho, algunas integrantes del equipo no cambiarían su copa menstrual por nada del mundo y son firmes defensoras de su uso. Si hemos decidido hablar de Cocoro es porque consideramos que la información es poder y las mujeres NECESITAN soluciones que les hagan la vida más fácil. Una solución, además, puramente nacional y que nace en el seno de una cooperativa que representa en primera persona el éxito del emprendimiento femenino. 

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Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.

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