El juguete de tu infancia

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Después de años y años sin tocar un juguete, cuando nacen nuestros hijos volvemos a hacernos expertos y a jugar casi como antaño, nos tiramos en el suelo, jugamos con los superhéroes como si spiderman se hubiera apoderado de nosotros o nos tiramos horas hablando con un “loro” para que repita todo lo que decimos.

Sin embargo, es inevitable comparar los juguetes de ahora con los de antes y recordar las horas que pasabas jugando cuando la pequeña eras tu. Hoy las chicas de Mujeres y Madres Magazine hemos querido echar la vista atrás y recordar cuáles eran nuestros juguetes preferidos por aquel entonces. ¿No cuentas cuál fue el juguete de tu infancia?

Se mira pero no se toca (Merak)

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Mi padre era marino mercante, así que de sus viajes a Estados Unidos siempre regresaba con los regalos más fabulosos que mi mente infantil podía imaginar, muchos de ellos tecnología “punta” para la época. Atari, ordenador, walkman… a mi casa todo llegaba un poco antes de lo habitual. Recuerdo un tanque que programabas introduciendo coordenadas en un teclado que os aseguro que era un “bombazo” para aquella época. Desgraciadamente, y a diferencia de lo que a mí me sucede, mi madre sufría anti-diógenes y amparada en la excusa de que “no teníamos trastero” se fue deshaciendo de todo aquello.

Quizás, por eso, tengo especial afecto por aquellos pocos que han logrado “sobrevivir” hasta nuestros días. Concretamente dos que guardo como oro en paño y que han traspasado la esfera de los juguetes para convertirse en auténticos objetos de culto de esos que se-mira-pero-no-se-tocan.

Los barriguitas (Nat)

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Pero no hablo de los de ahora que nada tienen que ver con los de antes. Yo me refiero a los barriguitas clásicos, a aquellos que olían a caramelo, que tenían una cara dulce y que resultaban realmente adorables. Tenía un montón de ellos (unos heredados de mi hermana y otros míos) y, sin duda, eran uno de mis juguetes favoritos. Me pasaba las horas muertas jugando con ellos, inventando historias y disfrutando de lo lindo.

Los Famobil (Sara)

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Y digo bien, Famobil, que no Playmobil. Cuando yo era pequeña todavía tenían ese nombre. El circo que veis aquí arriba a la izquierda es el que yo tuve y siempre decía con orgullo que tenía tantos muñecos que podía llenar las gradas. A mí me encantaba jugar con estos muñecos aunque cuando yo era pequeña estaban claramente orientados a los chicos, para empezar porque al principio directamente no había mujeres. Recuerdo la emoción cuando empezó a haber chicas y también cuando llegaron los niños ¡me volvía loca!

Lo que más me divertía era el hecho de que podía inventarme historias con mucha gente. Nunca me ha divertido peinar a las muñecas así que los click (llamados por algún extraño motivo señores en mi casa) eran ideales: Había muchos y su escala era compatible con el Tente y con las cintas de cassette, con las que les hacía edificios.

Mi radiocasete (Pilar)

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Yo también jugaba mucho con las Barriguitas, mi Nancy y mi Barbie, pero lo hacía siempre con música de fondo.

Desde bien pequeña me encantaba jugar a bailar y cantar, imaginarme como una cantante famosa y siempre estaba organizando bailes con mis amigas y haciendo playback (esto de mover la boca como si estuvieras cantando).

Mi primera cinta fue una de Madonna (True Blue) y creo que se rayó de tanto ponerla una y otra vez. El resto de cintas tenía canciones grabadas de los 40 principales y siempre se escuchaba alguna frase de locutor de turno.

Los Pin y Pon (María Jardón)

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Cuesta bastante decidirse por uno porque hay otros muchos con los que pasaba horas pero los Pin y Pon sin duda estaban entre mis favoritos. Tenia la casa maletín y la granja y podía pasarme horas jugando con ellos y cambiándole el pelo a los muñecos ¿soy a la única a la que le gustaban mucho más los de antes que los de ahora?

La supervan de Chabel (Let)

Espero que antes de empezar a leerme le hayáis dado al play. Si no lo habéis hecho, dadle, son solo 21 segundos de nada ;).

Si ya habéis visto el anuncio de la Supervan de Chabel entenderéis que os diga que fue el juguete de mi infancia. Tenía literas, mesas y sillas plegables, menaje… por tener tenía hasta luz con su mando a distancia y todo -que funcionaba fatal, por cierto, pero, ¿a quién le importaba? cuando todo se encendía la espera se daba por bien pagada-.

La Supervan vino por Reyes el año en que mi madre trabajó la campaña de Navidad en una juguetería, se ve que tuvo hilo directo con Sus Majestades. El caso es que, con aquello de que tenía asas, me la llevaba a todas partes. Fue un juguete que me hizo muy muy feliz durante bastante tiempo y que ha estado hasta hace pocos años en casa de mi madre. Cuando al fin me decidí a tirarla lo hice con muchísima pena y ahora me arrepiento. Estoy segura de que mi hijo también la hubiera disfrutado.

Imágenes: Barriguitas.com, propias (María Jardón)

7 COMENTARIOS

  1. Maemía, se me caen las lágrimas! Jugué muchísimo con Famobil (aunque siempre siempre quise y no tuve “La casa de 1800” -¿o eso era ya Playmobil?-). Los Pin y Pon me encantaban, taaaan monos (o diferencia del modelo actual, que es como anodino). Pero estoy con Let en la absoluta fascinación por la Supervan. Es que era acojonante, tenía mil detalles, y ojo, detalles de verdad, no como pasaba con muchas cosas de la Barbie, que en vez de accesorios traía cartones dibujaos (sentimiento inantil de timo del 100%).

    La Chabel era amor. Tanto me gustaba que una amiga me regaló hace unos pocos años dos cajitas con Chabeles originales de la época. Una viene hasta con “su Dani”. Lo que pasa con esas es que dado que son especiales… las tengo, un poco en contra de mi misma, como Merak sus tesoros: se miran pero no se tocan.

    Me voy a jugar con los playmobil de mi hijo, que es una de las mejores ventajas colaterales de la maternidad, jejejeje.

    • Chabel era guay y Dani era puro amor. Esos sí que molaban, no como Barbie y Ken, tan artificiales ellos. Coño, ¡como en las redes sociales! Ahora entiendo por qué no soy una madre cuqui.
      Un besazo, amiga.

  2. Me encantaban muchas de las cosas que habéis dicho, yo también jugué mucho con Famobil y Playmobil. Barriguitas y Pin y Pon también, pero lo que más recuerdo son los Fa/Playmobil. Pero el juguete más especial en mi recuerdo es una MAGNÍFICA casa de muñecas de madera de dos pisos con todos los detalles que me hizo mi abuelo que era una preciosidad. Me doy cabezazos contra las paredes por haberme deshecho de ella y más ahora que mi abuelo ya no está. No sé dónde la metería en mi casa pero daría lo que fuera por tenerla. Por no tener, no tengo ni una foto de la casa, solo la veo en mi recuerdo, y me apena tanto…

  3. Yo me volvía loca con las barbies, pero los nenuco eran mi devoción. Un año me regalaron una cocinita y les sentaba a comer lo que les cocinaba jaajaja
    También descubrí las Polly Pocket (que nada tienen que ver con las actuales) y me encantaban.

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