Mujeres, madres… y diosas

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… pero Diosas Olímpicas. Y es que, señores, estos días es imposible no dirigir la mirada hacia Grecia.

Si no perteneces a las tres categorías, da gracias a Zeus. Un par de ellas son ya la locura aunque… bien pensado, tal vez nos esté faltando la glamurosa tercera para poder compaginar con plenitud nuestras distintas facetas.

Si las mujeres en general, y las madres en particular, tenemos algunas cuestiones crudas, las Diosas del Olimpo ya ni te cuento. Y no, no me refiero exclusivamente a lo de ir todo el dia con las tetas al aire. Repasemos esas pequeñas cosas que nos cabrean pero que, en realidad, “no existen”.

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“Las tres edades de la mujer” de Gustav Klimt
  • Discriminaciones laborales en relación a sueldos y contratación.
  • Imposibilidad de conciliar carrera profesional con vida familiar por ese horario partido anacrónico y absurdo (originado en la posguerra para poder compaginar dos trabajos presenciales. Señores… ¡que ya no tiene sentido en la era digital y mucho menos si se trabaja para una única empresa! Pensemos un poquito, por favor).
  • La subsiguiente ineludible (cuando posible) reducción de jornada que conlleva una inevitable reducción de salario adicional.
  • … y la consecuencia innegable de que la pobreza tiene género femenino (bueno y otras tantas chuminadas sin fundamento de las que nos lamentamos de vicio las féminas).

¿Te parece chungo ser mujer y madre?

Más chungo es ser Diosa del Olimpo

Y es que, además de parir y criar a sus retoños, compaginando sus quehaceres con atribuciones divinas e infidelidades épicas, tenían que sufrir castigos y venganzas divinas (procedentes de otras diosas celosas, de algún divino despechado o alguna suegra minoica). Les llovían venganzas de aúpa: rayos y centellas como poco. Entre las venganzas que recibían y las que urdían (que eso también tiene que dar trabajo) era un no parar.

Y nosotras nos quejamos… con lo bien que estamoooos. Ahora, si alguien te toca las narices, lo borras de Facebook y listo. ¿Existe peor (y más simple) venganza?
Es que, tú imagínate tu vida de ahora y, encima, tener que estar maquinando venganzas y escapando a la ira (o las manos largas) de Zeus todo el rato. Vamos, eso tenía que ser agotador.

La Gran Madre

Es bastante lío porque en una versión Gaia (Gea) es madre de Rea, en otra representan a una misma divinidad o incluso se las asocia con una tercera: Cibeles. Todas ellas son diferentes representaciones de la Gran Madre. Sea como sea a mi Gaia, que se hinchó a parir, ya me vale como Gran Madre.

La figura de la madre y todo lo que rodeaba a la mujer era sagrado.

En la antigüedad, en tiempos previos al patriarcado, se consideraba la menstruación de la mujer un período de especial lucidez y sensibilidad. Regulado por los ciclos lunares, era un estado de bendición. Yo viví la menstruación en mi infancia casi como una maldición, un castigo, algo que había que soportar. El ciclo de la mujer ha perdido su magia.

(Atención, batallita: Un día, era yo niña todavía -pero niña, niña- uno de mis abuelos me dijo “no me toques los geranios, que se podrían quemar”. El “podrían” no por dudar de la certeza de la teoría, sino por no saber si yo ya menstruaba. Aluciné. Fue la primera vez que alguien me hizo sentir bruja).

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“Gaia” de Feuerbach

Volviendo a esa Diosa Madre primigenia, a menudo era también representada por una divinidad tripartita o Triple Diosa (algo que al parecer también existía entre los celtas y culturas anteriores).

La triada Virgen-Madre-Anciana representaba las tres edades que conviven, simultáneamente, y en todo momento, en la psique de una mujer.

¿Te habías preguntado por qué podemos llegar a ser tan complicadas? Ahí lo tienes. ¡Tres en una! Tremendo.

El mito de Perséfone y Deméter

A Perséfone y a Deméter también se las asimilaba la una a la otra, como diosas gemelas. Como Madre e hija.

Perséfone fue secuestrada por Hades para convertirla en su esposa y reina de las tinieblas. Deméter, su madre, diosa de la fértil Tierra, entristeció de tal modo con la desaparición de su hija, que la tierra dejó de dar fruto. Al parecer fue Hécate, una anciana, la única que (con su sabiduría) fue capaz de rescatar a la muchacha del inframundo.

Hija en conflicto, madre atormentada y sufridora, abuela sabia y resolutiva. Un clásico. ¡Y pensar que las llevamos a todas en nuestro interior!

Otras versiones, en cambio, apuntan a que lo que la sacó del Inframundo fueron las negociaciones entre su madre Deméter y su esposo Hades. Llegaron al acuerdo de que Perséfone pasara tres meses con su esposo y el resto del año con su madre. Cuando madre e hija estaban juntas, todo florecía…

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“Deméter, feliz de recuperar a su hija” de Walter Crane

Tres eran tres…

¿Las tres Marías? ¿Nos estamos refiriendo a las tres mujeres en la vida de Jesucristo?

¿Estamos hablando de las tres Gracias, las Cárites, hijas de Zeus y diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad?

¿O acaso recuperamos, sin saberlo, esa idea de la Gran Madre primigenia y tripartita?

(No sé si los pintores que las representaron le dieron muchas vueltas al tema o simplemente encontraron la excusa ideal para tener a tres señoras en bolas en el taller).

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“Las tres Gracias” de Raphael

El caso es…

¿En qué momento perdimos los papeles?

¿En qué momento perdimos nuestro papel divino?

¿En qué momento dejamos de ser diosas poderosas para pasar a ser excluidas de todos los círculos de poder público?

¿En qué momento dejamos de ser diosas piadosas y tuvimos que empezar a mendigar a los gobernantes tiempo con nuestros hijos? Tiempo para ejercer de madres…

¿En qué momento permitimos que la Triple Diosa se convirtiera en una Santísima Trinidad masculina y excluyente de lo femenino?

Si es que, encima, no nos dimos ni cuenta.

Creo que perdimos nuestra fuerza y nuestra divinidad (cómo se parece a “dignidad”) cuando perdimos el apego a la Madre Tierra y dejamos de regirnos por ciclos lunares, cuando permitimos que nos metieran artilugios metálicos en el útero en pro de la modernidad, cuando agachamos la cabeza y aceptamos el patriarcado y la prepotencia masculina (en casa y en el Olimpo).
Mientras tanto, nosotras nos preocupamos por poder conciliar vida profesional con vida familiar cuando, en realidad…

¿No deberíamos estar luchando por recuperar nuestra condición de diosas? 😉

Si te quedas con ganas de profundizar en un maravilloso mito pre-patriarcal, este es un excelente artículo que lo desarrolla con todo lujo de detalles: Deméter y Perséfone. El mito de la Transformación cíclica.

Fotos: Wikimedia Commons

21 COMENTARIOS

  1. TE HAGO LA OLA CON TRIPLE TIRABUZÓN. Ole, ole, ole. ¿Cuándo dejamos que nos pusieran a un lado? ¿Cuándo nos olvidamos de nosotras? El activismo sigue vigente. Gracias por recordarlo.
    Un beso.

  2. Un post para mentes inteligentes y abiertas, aunque los que deberían entenderlo son los que cierran su mente por conveniencia. Muy buen inicio, enhorabuena!!!

    • De los celtas se dice que eran independientes, arrogantes y heroicos. Vamos que no se andaban con chiquitas. Igual sí que deberíamos pensar más a lo grande…

      Un abrazo de vuelta, Madrexilio. 😉

  3. Uf, como me ha impactado esto… y yo con estos pelos, oye! A partir de ahora, voy al trabajo y “sus vais a enterar de quien soy yo!!!”
    Y en serio, no quiero hacerme mala sangre, pero la razón del horario partido me ha llegado al alma y me la ha hecho añicos.
    Pero estoy contigo y lo dicho, ¡¡a la lucha que somos muchas y más fuertes!!

    • Me lo contaba el otro día un señor en el tren y me dejó patinando.
      Pero tiene todo el sentido del mundo y explica por qué en el resto de Europa es diferente y, claro, me dije: “¡Eeesto pal post” 😉
      ¡A por el Olimpoooo!

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