Me gustaba pero he acabado odiándolo

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Hay muchas cosas que nos encantan cuando las conocemos o las probamos por primera vez, sin embargo, después de un tiempo viéndolas, escuchándolas o comiéndolas pueden llegar a saturarnos. En el Vermut de este viernes os contamos eso que nos gustaba pero que hemos acabado odiando. Te animas y nos cuentas ¿con qué te ha pasado a ti?

Mr. Wonderful (Sara)

Odiar, odiar, exactamente no. Creo que tiene mucho mérito lo que han conseguido, ellos me caen muy bien, entiendo y me alegro de su éxito… pero estoy un poco saturada de tanto buenrollismo. Esto es como todo, lo poco gusta y lo mucho cansa y yo estoy en ese punto exacto. Un poco de Mr. Wonderful está bien pero mucho… me agota.

El salmón (María L. Fernández)

He acabado odiándolo

¿Qué sucede cuando le dices a tu abuela que te encanta algo? Que tienes que estar preparada para una sobresaturación. Pues yo no lo vi venir y en el momento que le confesé, incauta, que me encantaba, firmé una condena a comer salmón día sí y día también cada vez que iba a su casa. ¡Claro! después de años permitiendo que me alimentase solo de carne, abrir el abanico y, además, hacerlo con un plato de pescado, fue una tentación para ella, que lo convirtió en un must de todas sus comidas. Ahora no es que lo odie… pero intento evitarlo.

Muchas canciones (Pilar)

He acabado odiándolo

¿No te pasa que cuando te gusta una canción la escuchas en bucle? pues yo soy un pelín exagerada y puedo escuchar la misma canción (si me gusta) 2500 veces y claro…a veces acabo odiándolas y ya no las soporto más.

¿Quieres algún ejemplo? Fast car de Tracy Chapman sonó tantas veces en mi reproductor de CD que se me rayó así que te puedes imaginar el nivel y con mis hijas escuché tantas veces Wrecking ball de Miley Cyrus que ahora la odiamos todas 😉

Tomar el sol (Nat)

tomar el sol

Tomar el sol me encantaba, eso de tirarme a la bartola para cargarme a tope de vitamina D me volvía loca. En la piscina, en la playa, en la montaña… cualquier sitio era bueno para ponerme a merced de San Lorenzo, vuelta y vuelta. Pero ahora la cosa ha cambiado, los embarazos me dejaron algunas manchas, sobre todo en la cara, y tomar el sol ahora las acentúa por lo que entenderéis que le haya cogido cierta manía. Ahora paso mucho más tiempo bajo la sombrilla y cuando estoy al sol, bien protegida con mi sombrero, a ser posible de ala ancha 😉

El Whats App (María Jardón)

He acabado odiándolo

Me gustaba muchísimo. Cuando salió, eso de poder hablar sobre la marcha con cualquier amigo, como si fuera un Messenger, y ¡gratis! me parecía lo más. Ahora que tengo muchísimos grupos, no sé cuantas conversaciones abiertas y que, si estoy un rato sin mirar el móvil, me puedo encontrar más de doscientos mensajes sin leer... me lo quitaría del teléfono, sin dudarlo. Tengo que reconocer que es muy útil e incluso, puede hacer que ahorremos mucho tiempo pero estoy muy cansada de él y casi, casi, se podría decir que lo odio.

¡Twitter! (Nuria)

Espero que con esto se rían mis compañeras, aquí presentes. Por que… ¡anda que no les he dado la tabarra con esto! Y es que… al principio, me parecía muy chulo. La posibilidad de conectar en directo con cualquier persona del mundo, ¡desde tu dispositivo móvil! Es una flipada. El mundo en tu bolsillo y en tiempo real. Escuchar ideas lejanas, compartir inquietudes. Enterarte de cosas que de otro modo quizás jamás hubieses sabido…

La otra cara de la moneda: las eternas y estériles discusiones sin argumentos (porque está claro que el idiota siempre es el otro), la hostilidad que propicia el anonimato. El acoso y derribo despiadado. Buf. ¡Qué hastío! Suelta Twitter… get a life! 😉

Ser la organizadora del grupo de mamás (Majo)

ya no me gusta

En los últimos 4 años que lleva mi hija mayor en el colegio, me he encargado sistemáticamente de ser de las que llevaba la voz cantante en el colegio. Hasta que he dicho: NO. 

Ya no recojo dinero, ya no voy a ir a comprar el regalo y paso de tomar decisiones al respecto. Y no, no lo hago ni con la mayor ni con la pequeña. Ha llegado el momento de que otras mamás cojan el relevo y tomen la iniciativa. Así es mucho más fácil para todas, menos controvertida y desde luego menos estresante para mí.

El reggaeton (Leticia)

reggaeton

Sí, todos tenemos un pasado oscuro y yo también. Hubo una vez en mi vida en que me gustó el reggaeton. Me parecía divertido para bailarlo y tal. La verdad es que en aquella época no tenía mucha conciencia feminista. En realidad no tenía ninguna, así que ni había caído en la profunda carga machista de las letras. Luego vi la luz y ya nunca más. Bueno, algún estribillo se me pega. Pero resulta inevitable cuando te machacan todo el rato.

Imágenes: Pixabay

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