Abordar el acoso escolar: un problema de todos

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Por Noni Medina, maestra y autora del blog Con M de Mamá

Hablar de bullying o acoso escolar me produce un respeto tremendo. Desde que Mujeres y Madres Magazine me pidiera este artículo, mi cabeza ha estado en un estado de ebullición constante porque son muchísimas las ideas que quiero volcar sobre el papel y porque todo lo que vaya a decir será siempre desde la humildad más absoluta, teniendo en cuenta que mis palabras son sólo mi punto de vista. Al fin y al cabo, no dejo de ser una maestra y una madre más en este complejo mundo de la educación.

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Para mí la base de todo está en LA CONFIANZA: confianza tridireccional, aunque suene redundante, entre padres e hijos, maestros y alumnos y padres y maestros/escuela.

La confianza lo es todo y engloba desde la libertad que sienten nuestros hijos en su propio hogar para hablarnos de cualquier cosa sin sentirse juzgados o amedrantados por nuestra reacción hasta la frecuencia con la que establecemos diálogos del día a día con ellos desde bien pequeños. Esta base que creamos y basamos en nuestro amor por ellos es fundamental.

Si esto es relativo al hogar, la relación que se establezca entre el tutor o tutora del aula y sus alumnos también debe ser clave. Los alumnos necesitan una “mamá” o un “papá” en el colegio, ya que el centro escolar es donde más horas seguidas pasan al día, y donde más situaciones diferentes pueden darse. Nosotros cambiamos de humor según se desarrolle el día. Los niños y jóvenes no van a ser menos. Cualquier mínimo cambio en su rutina, cualquier situación que los descoloque, hasta un simple constipado, los hacen más vulnerables y por eso necesitan alguien que los cuide, los mime y los haga sentir en casa durante todo el día. Más allá de lo buenas que sean nuestras explicaciones de las asignaturas, que deberían serlo, o la metodología que empleemos en clase, los maestros debemos ser padres para nuestros alumnos mientras estén en el recinto escolar, debemos sentirnos y hacerles sentir que somos a quienes han de acudir ante el mínimo infortunio. Y eso se trabaja desde el primer minuto en que nuestras miradas se cruzan con las suyas.

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Evidentemente, la confianza entre alumno y maestro no será completa mientras la relación padres-maestros no se base en la confianza plena. Si yo no confío en las manos que sostienen a mi hijo mientras no está conmigo… Mi hijo tampoco lo hará plenamente. Al fin y al cabo, los padres somos su referencia primera.

Y dicho esto, hablar de prevención de situaciones de acoso es algo más fácil. Al menos a mí me lo parece. He tenido la mala suerte de vivir las dos caras de la moneda, la de madre y la de maestra que han de intervenir ante una situación de conflicto constante entre dos personitas en la que una de ellas está en situación de inferioridad, y en ambos casos la base han sido la confianza y el conocimiento de quienes tengo a mi cargo.

La “pista”: los cambios de conducta

Como padres es fácil notar un pequeño cambio de conducta en nuestros hijos, o así debería ser ya que somos quienes más los conocemos. ¿O no? Jamás debemos subestimar sus emociones ni sus sentimientos. Y como maestros, estamos en las mismas. Si yo conozco a mis alumnos notaré cambios en ellos fácilmente, en su manera de trabajar, en su manera de relacionarse, en sus ganas de participar, en su mirada si de pronto se ha vuelto tristona…abordar-acoso_tristeza

Puede tratarse sólo de una mala época, los cambios internos a nivel neurológico y de desarrollo nos afectan más de lo que creemos y sabemos, pero puede ser que haya algo más, y si no movemos ficha en cuanto lo detectamos, quizás después sea tarde. En muchas ocasiones todo queda en agua de borrajas. Perfecto pues. Pero hay otras en las que sale a la luz que ese alumno está harto de aguantar al compañero que todos los días le hace algún comentario sobre su mala letra, o le dice que es muy bajito, o no lo deja pasar cuando va a coger el material a la estantería…

Y esto que a los adultos en nuestro complejo mundo lleno de “problemas reales” pueden parecernos chiquilladas porque “toda la vida ha habido alumnos así”, para mí particularmente no lo son. Todo aquella situación de desencuentro con otro igual que afecte a un alumno más de la cuenta hasta el punto de provocarle cambios en su carácter, sus ganas de hacer las cosas o de ir a clase, o incluso afecte a sus calificaciones, es el inicio de algo que, si no se para a tiempo, puede derivar en bullying.

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Así que es nuestro deber como padres y maestros conocer a nuestros hijos y alumnos y no ningunear jamás sus preocupaciones, y menos cuando éstas son constantes sobre un mismo patrón de conducta de un tercero para con ellos. Además tenemos la obligación de darles estrategias, estrategias de actuación que les servirán para toda la vida. Está claro que hay situaciones que necesitan la ayuda de un adulto porque se les escapan de las manos, pero eso no está reñido con enseñarles a valorarse, a quererse, a protegerse y a hacerse respetar, porque a lo largo de su vida se encontrarán con todo tipo de personas, unas buenas y otras no.

La reacción institucional: protocolos, vigilancia, profesionales

En todos los colegios públicos, absolutamente en todos, existen protocolos de actuación contra el acoso escolar, planes que dictan cómo gestionar la convivencia en base a unas normas básicas, que vienen estipulados por las Consejerías Autonómicas en forma de Plan de Convivencia, y a los que cada centro, a través del claustro y el consejo escolar, añade propuestas de mejora, aumentando las estrategias y los pasos a seguir. Todo maestro del centro sabe con los recursos humanos que cuenta ante casos de acoso o de inicio del mismo. Y lo que es más importante: está claro que hay de todo como en todas partes, y que nos encontraremos con maestros y maestros, pero yo aún no conozco uno que haya detectado un caso de acoso o una situación en la que un alumno se sienta incómodo, desorientado o presionado y haya girado la cabeza hacia otro lado. Básicamente porque si decides ser maestro es porque adoras el bienestar de quienes tienes a tu cargo, porque no soportas ver sufrir a un pequeño o a un joven que está en plena ebullición adolescente, porque crees posible la transformación del mundo en algo mejor y porque NECESITAS QUE TUS ALUMNOS SE SIENTAN COMO EN CASA.

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En los centros en los que yo he trabajado, tanto concertados, como privados y públicos, siempre que se han detectado situaciones de diferencia de poder y desigualdad entre un alumno y otro, se han cortado. Se corta en el mismo momento en que aparece el conflicto. Está claro que si la situación se da en un encuentro fortuito en el baño mientras el resto de la escuela está en clase, nuestros ojos no lo perciben, pero ahí entra en juego la mencionada confianza entre alumno y maestro: el hecho de que, nada más ocurra, el afectado confíe tanto en su maestro que necesite contarle lo ocurrido. Eso junto con la ayuda de aquellos alumnos de otros cursos que, casualmente, puedan haber presenciado lo ocurrido son clave para atajar el desencuentro antes de que se convierta en un verdadero problema. Éste es otro punto que debe potenciarse y trabajar desde todas y cada una de las aulas, y del que más adelante nos habla Estefanía, psicóloga en un centro concertado.

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Por norma general, los patios de las escuelas están vigilados con maestros que rodamos de un sitio a otro, entrando en baños y zonas más recónditas para controlar y evitar situaciones inusuales. Tenemos psicólogos en los centros a los que derivar tanto a los alumnos atacados como a los que atacan y necesitan reeducar sus habilidades sociales. Aunque es cierto que las horas que estos profesionales pueden dedicar a los centros públicos no siempre son suficientes, y en muchas ocasiones más que “no suficientes” son escasas. Mientras tanto, en la escuela suplimos esa falta con trabajo conjunto de maestros con el equipo directivo y con las familias que quieren colaborar en la reeducación de sus hijos o en el aprendizaje de estrategias. Porque en las escuelas se trabaja para enseñar a convivir. Sí. Pero es un trabajo de toda la comunidad educativa, y la concienciación ha de ser para todos los que formamos parte de ella.

Llegados a este punto, me parece muy interesante compartir la reflexión que Estefanía Martínez Díaz, Coordinadora del Gabinete Psicopedagógico y Departamento de Orientación de un centro concertado de Valencia, hace sobre los diferentes aspectos y cuestiones con los que nos enfrentamos cuando hablamos de acoso escolar.

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“Como psicóloga me gustaría hacer reflexionar sobre el agresor.

¿Por qué lo hace? ¿Qué siente? ¿Qué ocurrirá con él cuando transcurran unos años?

Los medios de comunicación se centran en la ayuda hacia la víctima, que es fundamental y prioritaria en todo protocolo de actuación, pero debemos pensar qué acciones debemos llevar a cabo para prevenir la aparición de casos de acoso escolar.

Siguiendo con el agresor, es probable que esté sometido a modelos agresivos en su entorno, es decir, que la violencia física, verbal o ambas sean un comportamiento habitual en su ambiente, y esto puede provocar que se afiance en su repertorio conductual para toda la vida. Todo ello hace necesaria la intervención con el/la agresor/ora en colaboración con los padres y el centro escolar, y cuando se considere con el SEAFI (Servicios Especializados de Atención a Familias con menores en situación de riesgo y con medidas jurídicas de protección) o USMI (Unidad de salud mental infantil).

El objetivo sería eliminar las conductas de acoso, hacer que muestre un mayor control de la ira, ampliar sus habilidades sociales y desarrollar estrategias de resolución de conflictos con sus iguales.

Por otro lado, el rol del espectador es un elemento relevante en la dinámica “bullying”. Si conseguimos concienciar a todos los alumnos de la importancia que tiene poder ayudar y desarrollamos su capacidad empática para que logren percibir el dolor que viven la víctima y el agresor, conseguiremos disponer de una red amplia de ayuda, que den su voz de alarma.

Todos los miembros de la comunidad educativa, incluyendo las familias, debemos estar atentos a los cambios de conducta repentinos, ya que también éstos nos darán señales de que algo les provoca ansiedad, nerviosismo y/o miedo.”

Imágenes: Pixabay

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9 COMENTARIOS

  1. Muchas gracias por escribir este post, Noni. Siempre que se aborda el acoso escolar en los medios, los centros parecen culpables de lo ocurrido. No es tan fácil y desde luego, en el 99,9% de los casos, la diligencia del profesorado es extrema.
    Un saludo

    • Muchísimas gracias por tu comentario.
      A mí me apena mucho que siempre que sale en los medios un episodio de acoso escolar se acuse al colegio y a los maestros. Yo no digo que no haya casos en los que haya sido así, no puedo poner la mano en le fuego por lo que no he vivido de cerca, pero mi experiencia me dice que nos dejamos la piel por mediar, solventar e intentar enseñar a convivir. Y, como siempre, la clave no está sólo en la escuela, hay que mirar siempre todos los ámbitos en los que los afectados se encuentran, el familiar también.
      Un saludo!

      • ¡Muy bien Noni!

        “el familiar también” NO… “¡el familiar ante todo!”
        por eso como bien dices es tan importante la comunicación sincera entre padres y educadores y, por supuesto, la confianza.

        Yo opino que, a pesar de todo, los tiempos han cambiado y la implicación de las escuelas está ahora años luz de cómo estaba hace un par (o tres) de décadas. Ahora por lo menos el problema es un un problema real ¡que tiene nombre y todo!
        Desgraciadamente, yo sí he visto educadores que giraban la cabeza y se desentendían del acoso que se materializaba en sus aulas, pero como te digo, hablo de otros tiempos y CONFÍO, sinceramente, en que la cosa ha cambiado.
        Un beso y gracias por compartir tu valioso testimonio.

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