miércoles, octubre 27, 2021
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¿Conciliamos todos?

legs- piernas

La mayoría de las veces que leo sobre conciliación me da la sensación que sólo luchamos por la conciliación los que tenemos hijos. Parece que si no tienes un hijo no tienes derecho a conciliar tu vida laboral y profesional. Vivimos para trabajar, con la obsesión de ser los mejores, de llegar lejos y pensamos que conciliando no lograremos nuestras metas profesionales. Algo que, por desgracia, en muchos casos es una realidad pero también en parte, porque hemos asumido que así será -con resignación- y nos dejamos llevar sin más. Entonces, ¿quién tiene derecho a conciliar?

A conciliar tenemos derecho todos. Hombre, mujeres, padres, no padres, solteros, casados, viudos, jóvenes, no tan jóvenes… ¿Acaso no tenemos vida todos? La conciliación debería de ser un derecho de todos y todos deberíamos luchar por ello. Y me diréis que lo ideal sería no tener que luchar por ello, sino disfrutar de ello. Ahí estamos de acuerdo. Todos tenemos derecho a tener jornadas laborales más cortas y más flexibles, que nos permitan hacer algo más que trabajar; hay vida mucho más allá.  Desconectar, disfrutar de otras cosas, relajarnos, practicar deporte o tirarnos en el sofá a leer o ver una buena peli, encontrarnos a nosotros mismos… Todo ello conseguirá aumentar nuestra felicidad. ¿Y no pensáis que si somos más felices todo irá mejor en general? Esa vida y esa felicidad me harán crecer como persona, y si crezco como persona creceré como profesional.

Sufrimos jornadas maratonianas de trabajo desde primera hora de la mañana hasta última hora de la tarde. En invierno mucha gente entra cuando aún es de noche en la oficina y sale, de vuelta a casa, cuando de nuevo ha oscurecido. Pasamos más horas cada día -muchas más- con nuestros compañeros de trabajo que con nuestras familias o con nosotros mismos en soledad. Sufrimos jornadas con tiempos excesivos y absurdos para comer y tendemos a pensar que el último que sale de la oficina es el que trabaja más. Y nada parecido a la realidad. Para mí, en la mayoría de los casos, el que sale el último siempre no es el que más trabaja sino el que peor se organiza.

Tenemos mucho que cambiar. Pero el cambio debe empezar en nosotros mismos. Debemos convencernos de que lo que llevamos viviendo y sufriendo durante años no es lo bueno, cambiar nosotros mismos y luchar porque también cambie el resto. Cuando de verdad estemos convencidos luchar será más fácil, pero debemos modificar primero nuestra forma de pensar. Así estaremos preparados para luchar y si luchamos juntos mucho mejor.

Yo tengo la suerte de trabajar en una pyme que cree en sus empleados, que apuesta por ellos como personas antes que como profesionales y  eso se nota en el ambiente de trabajo y en el resultado final de lo que hacemos. Querer es poder y no es tan difícil cambiar cuando se desea. Si las empresas se dieran cuenta, de una vez por todas, de que personas felices es igual a trabajadores felices, todo sería mucho más fácil. La conciliación es cosa de todos, algo por lo que debemos gritar alto y fuerte, pero todos juntos y al unísono. Solamente así conseguiremos cambiar. ¿Gritas conmigo?

 

Natalia Martín
Soy Natalia, mami de tres… bueno de dos princesas, que me tienen loca, y un blog donde, desde hace más de cuatro años, cuento mis historietas, mis ocurrencias y mi día a día. Mujer apasionada, responsable, trabajadora, comprometida, cariñosa y muy optimista, me gusta ver el vaso siempre medio lleno. Dispuesta a darlo todo siempre y a disfrutar de este nuevo proyecto con todas vosotras.
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17 COMENTARIOS

  1. Justamente el otro día leía el artículo de Carme Chaparro «De solteras y emparejadas» http://www.elmundo.es/yodona/2015/03/08/54f8a577ca4741e3318b4578.html donde decía «las mujeres trabajadoras que viven solas ganan un 36% más que las mujeres trabajadoras que viven en pareja». Es muy triste. Yo recuerdo que cuando estaba soltera hacía mis horas, puntualmente 1 más por alguna reunión pero quería disfrutar de mi tiempo libre, de mi familia y amigos o, ni que fuera, de la lectura de un buen libro.
    Somos nuestras propias enemigas.

  2. Estoy contigo. Debería haber horarios más flexibles y que permitan la vida después del trabajo entre semana.
    Recuerdo un trabajo que tuve en Madrid, que nos daban una 1.30h para entrar por la mañana y después de comer. Yo siempre entraba de las primeras, para poder disfrutar más de las tardes.
    Sin embargo, mi marido, que es comercial, si llega a la oficina a las 5 para hacer informes los jefes le dicen que que hace alli?? Asi que, antes de las 6.30 no puede ir y acaba saliendo todos los días a las 8 o más tarde, incluso los días que no come en casa. Hace poco un coordinador le dijo que son comerciales, que no tienen horarios, sino una agenda que ellos se planifican y si la acaban a las 5 como si la acaban a las 9, que ellos se organizan…. Pero sus jefes no lo ven asi, pero cuando les piden un horario por escrito les ignoran.
    Ojala estas cosas cambiaran!!

    • Con lo fácil que sería que tu marido pudiera hacer los informes en casa en vez de tener que fichar en la oficina. Y digo yo: si es comercial, se supone que está en la calle, donde el mercado está, NO EN UNA OFICINA. En fin…

      • Cierto, pero los informes los hacen en la oficina. Claro que sería mejor que los hiciera en casa, si sus jefes le diesen los medios para ello!

  3. Conciliar¡ Esa espada de Damocles con la que cargo/cargamos a diario, y que para mi es un, yo, me mi conmigo. Porque de momento (espero que sea un ratito) el término y las derivadas que supone, se hace harto dIfícil trasladar a mi pareja y entorno. Pero ese es otro cantar…Lo que de verdad me interesa es como afronto esa realidad y creo partir de una base errónea. Conciliar exige también delegar y dejar obrar al otro con autonomía…..pero, dejo de controlar en esa delegación…creo que no??? Así el resultado es fallido… Así que toca seguir gritando, por supuesto….Felicitaciones por esas reflexiones en alto..

  4. En esta legislatura que (por fin!!) acaba, propuse a mi grupo no reunirnos más allá de las 21:00 horas. Y casualmente, somos los más jóvenes del grupo los que nos levantamos a esa hora y nos vamos de las reuniones. Algunos somos padres o madres, otros entienden que ya es hora de acabar y dedicarse a ellos. Pero todos entendemos que necesitamos tiempo PARA NOSOTROS. Luego ya lo repartiremos, como cada uno quiera. Y se quedan los «mayores», los que parece que no tengan vida más allá de politiquear…

  5. Yo fui incapaz de conciliar pero en otros casos creo que la gente sobreentiende que la que debe hacer todos los esfuerzos en este sentido es la madre. En mi caso era lo lógico, porque el puesto del papá de mi bichilla estaba infinitamente mejor pagado, era más estable y con mejores perspectivas, pero en otras familias puede ocurrir lo contrario y aún así se espera que la que renuncie a sus aspiraciones laborales sea la mujer. La que lo haga por iniciativa propia ¡bienvenida a mi club sea! Pero muchas otras quieren ser madres y trabajadoras y es una injusticia que tengan que elegir ante la imposibilidad de poder disfrutar plenamente de los dos ámbitos.

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