¿Por qué ese afán de convencer a los demás de que lo nuestro es mejor?

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La verdad es que soy una mujer llena de defectos: tengo poca paciencia, espero mucho de la gente, cuando me enfado lo hago a lo grande y soy exigente en ciertos ámbitos de mi vida… por citar sólo algunos. Pero sí que soy muy partidaria del paz y amor y el plus pa el salón: no me gusta demasiado discutir salvo cuando es estrictamente necesario, que entonces lo hago a lo grande (lo de la sangre de horchata no va conmigo).

No tengo una necesidad de imponer mis gustos. ¿Que opinas distinto de mí? Pues muy bien me parece. Mucha gente me dice que Josh Charles de The Good Wife o incluso ¡Fassbender! no le parecen nada del otro jueves. Yo no sólo no me indigno sino que suelo contestar “¡Qué bien! ¡Mejor para mí!” o “¡Yo lo vi antes!”. No necesito en absoluto la aprobación de los demás para validar mis gustos personales. ¿A mí me gusta? Pues ya está.  Pero sí que tengo la sensación de que la gente normalmente tiene una necesidad loca de convencer al resto de que lo suyo es lo mejor ¡y se indignan si has elegido otra opción!

¿Por qué ese afán de convencer a los demás de que lo nuestro es mejor?

Hablando, literalmente, de evangelización. Siempre me he preguntado cómo llevaría yo la obligación que tienen algunas religiones o sectores de ellas de llevar la palabra de su dios a los impíos (o a los que profesan otras, supongo). Mal, seguro.  Veo a Testigos de Jehová o a los mormones llamando puerta a puerta y a mí me da la pereza del siglo. Posiblemente sea porque yo soy muy relativista y no me veo yo tratando de cambiar a la gente “de bando” ¡Creo que me moriría de vergüenza!

Y es que el pudor tiene caminos inexplicables: a mí, que no tengo ningún problema en ponerme a bailar o a cantar allá donde me pille, esto de tratar de cuestionar lo que uno cree o deja de creer me da un pudor terrible. Es como si pensara que las personas no son suficientemente adultas para tomar sus propias decisiones y me arrogara yo misma un papel superior: YO tengo la verdad, y YO te tengo que convencer de que así es. Es superior a mí.

El señor de los anillos

Pero no creáis que “evangelización” equivale a hablar sólo de cosas religiosas… o al menos de cosas que están consideradas canónicamente así. Para algunos que se definen incluso como ateos /agnósticos (o no, que no son cosas excluyentes) hay otras cosas que se han colocado en el altar que pide la evangelización.  ¡Y son muy variadas!

Yo regularmente me topo con fans del Señor de los anillos que no pueden entender cómo es posible que no me guste. Por más que les explico que sí, que he leído el libro una vez completa y otras veces adicionales lo he vuelto a intentar, que sí, que fui al cine a ver las dos primeras películas y me dormí (literalmente, roncando en la butaca) no se creen que sea posible que simplemente no me guste. Me ocurre exactamente lo mismo con los fans de Juego de tronos, que suelen ser primos hermanos de los primeros. Y yo estoy un poco cansada de que se presuponga que es por desconocimiento porque la gente que me conoce bien sabe que en cuanto algo me perturba ¡me lo tomo súper en serio!. No me suelo conformar con hacer una aproximación normal a algo sino que me hincho a leer y recabar información previamente (¡qué puedo decir, así soy yo!).

juego de tronos

Pero da igual que sean fans de la fantasía (aunque sea lo que más sufro yo por la gente con la que me relaciono) que hinchas de un equipo, que fanáticas de la lactancia materna o cualquier otra cosa. Igual es que yo soy muy relajada pero a veces me da la sensación de que no se tiene en cuenta que llega un momento en que sencillamente hay que dejar de presionar porque lo que se consigue es el efecto contrario.

En mi caso fue precisamente la insistencia de la gente la que casi acaba con la lactancia de mi hija pequeña antes de empezar. Con Aldara lo pasé fatal, fue una lactancia muy poco satisfactoria y muy frustrante desde el inicio. Cuando estaba embarazada de Mencía lo recordaba con tal horror que me estaba planteando muy seriamente si intentar darle el pecho o no. Mi sentido de la responsabilidad me decía que debía hacerlo, pero tanta gente dándome la matraca diciéndome “es lo mejor para los niños” (como si no lo supiera) “inténtalo que si no te arrepentirás” “¿Le vas a privar a la niña de eso?” hacían que sinceramente me dieran ganas de huir en la otra dirección. Al final le di el pecho hasta que quiso (que fueron los 14 meses, y bien que lo sentí porque yo hubiese seguido) pero no fue gracias a los evangelizadores sino a pesar de ellos*.

priest

Personalmente creo que ni tanto ni tan calvo: ni hay que ser tan pudorosa como soy yo a la hora de expresar las convicciones ni hay que presionar a las personas que nos rodean para tratar de que opinen como nosotros. Es bueno pensar que hay otras opciones vitales distintas de la nuestra y ya está: no es necesario que tratemos de convencer siempre al de al lado.

Fotos: Flickr, El Señor de los anillos, Juego de tronos, Pixabay.

*NOTA: Mi experiencia con asesoras de lactancia, gente muy fan de la teta etc no fue demasiado buena en su día pero 1) han pasado muchos años desde aquello 2) no creo que sea justo generalizar cuando sé que hay gente que hace una labor magnífica. Sólo cuento mi experiencia y nada más, sólo es un ejemplo y no está pensado para generalizar.

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