Cuatro años de maternidad

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Hoy cumplo cuatro años de maternidad. Cuatro años que han dado para mucho, bueno y malo, pero que, sobre todo, me han cambiado como persona y como mujer. Mi madre, ese referente que todas tenemos tanto para copiar como para jamás repetir, dice que nunca se imaginó que yo sería la madre que hoy soy… lo cierto es que yo tampoco. Supongo que tenía una idea tan asentada sobre mi personalidad que la llegada de mi hijo me pilló desprevenida. No su llegada en sí, claro, sabía que eso sucedería, sino más bien todo lo que movió con ella. Cada sentimiento, cada despertar, cada apertura de ojos e ideas. ¿En qué me ha cambiado la maternidad?

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Una madre tranquila

Soy una mujer nerviosa. Muy nerviosa. Me muerdo los padrastros y los labios por dentro. No sé elegir momentos, me puede la ansiedad, necesito tenerlo todo controlado -y eso me ha hecho perderme muchos buenos ratos en toda su intensidad- y saber qué vendrá después de lo que estoy viviendo… Mis compañeras de redacción pueden dar fe de ello.

Pero, contra todo pronóstico, soy una madre tranquila. Más allá de las revisiones del niño sano, pocas veces hemos visitado la consulta del pediatra, ya no os digo las urgencias. Bien es cierto que es un niño que rara vez se pone malo y eso ayuda, pero tampoco me agobio si se cae, creo que tiene que experimentar y ver mundo.

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Borracha de amor

Ay, qué tiempos aquellos en los que el Método Estivill me parecía de lo más adecuado para “enseñar”  a los niños a dormir, en los que pensaba que tenían que vivir bajo una disciplina férrea que les mantuviera como una vela. Ay, qué joven e inexperta era. Lo cierto es que, desde que me convertí en madre, ando borracha de amor. Supongo que es la oxitocina que todo lo puede. Así mi hijo ha sido cogido en brazos todo lo cogible y más -y porteado-, ha dormido en nuestra cama… Diría nos hemos olvidado de la disciplina para movernos más bien a través del diálogo. Es que he parido un niño, no un nenuco.

Teta, teta y más teta

Sí, cumplimos cuatro años de maternidad y seguimos con la teta. Siempre tuve claro que alimentaría a mi hijo con aquello que la naturaleza había dispuesto para ello, lo que jamás me imaginé es que íbamos a llegar hasta esta fecha.

He solventado separaciones, me las he visto con sacaleches, con grietas e ingurgitaciones. Hemos pasado etapas en las que mi hijo parecía un yonki que necesitaba su dosis y yo estaba tan agotada que lo quise dejar. Pero aquí seguimos. Tanta dedicación, tantas horas juntos, pegaditos, escuchando su respiración, calmándole cuando ha sido necesario gracias a la magia de la naturaleza, sabiendo que solo con eso él ya se sentía en casa merecen, y mucho, la pena.

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Cuatro años de maternidad…

Siempre seré una primeriza. Por más que mi hijo cumpla años, cada etapa será nueva para mí y así lo asumo. Pero es verdad que en estos cuatro años de maternidad he aprendido muchas cosas, como que nada es tan intenso como parece cuando lo estás viviendo.  

Ahora miro hacia atrás y me abrazaría fuerte. En las -para mí- oscuras horas del puerperio, me abrazaría cada vez que dudé hasta reconducirme a lo que yo sentía que debía ser. En los agobios absurdos pensando si tenía que dejar a mi hijo dormir o era mejor despertarlo por si luego nos daba la noche, también me abrazaría. Y cuando me preocupaba por si sería buena aquella siesta cuando aún no había comido.

Nadie te avisa de cuánto va a cambiar tu orden de prioridades, de cómo vas a relativizar todas las tonterías que hasta entonces te preocupaban tantísimo. De pronto una persona diminuta depende de ti para absolutamente todo y esa es una responsabilidad tan enorme que, a veces, cae como una losa. Y te ves en el espejo y piensas que hace nada eras tú la que preocupaba a tu madre, y con preocupaciones más y más grandes según crecías. Tú que sigues pensando que eres una inmadura, de pronto eres la madre.

Cuatro años de maternidad

… Y de aprendizaje

En estos cuatro años de maternidad he aprendido que al final solo se trata de dejarse ser. De ir viviendo y decidiendo en cada momento con las cartas que tienes en la mano en ese instante. Porque cuando mi hijo nació yo no lo sabía, pero esos agobios se tornarán por otros y, a los pocos meses, los primeros te parecerán una tontería y mucho más serios los segundos. Y ese es un bucle eterno del que parece difícil salir. Por sorprendente que resulte, sabes qué has de hacer aun cuando crees que no tienes ni idea. Y lo haces bien. Porque te juegas el título más grande que te han otorgado nunca. El de MAMÁ. 

Así que relájate… y disfruta. De cada momento, sea bueno o malo, porque es irrepetible. Y relájate, que bastante tenemos las madres encima. Y como dice esa imagen viral que circula por ahí y que tantas veces en estos cuatro años me he aplicado:

por si no te lo ha dicho nadie hoy, lo estás haciendo muy bien”

Felicidades, hijo. Eres el mejor regalo que me ha hecho la vida.

Imágenes: Violeta Rodríguez Fotografía.

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Soy Leticia la mamá de Ojazos desde 2013, mujer desde 1978. Siempre corriendo y con mil cosas en la cabeza para hacer pero con poco tiempo para llevarlas a cabo. Escribo en Esto no es como me lo contaron y Las Letras de Let porque es lo que más me gusta hacer en el
mundo. Activa, habladora y comprometida, cabezota y risueña vivo en una permanente contradicción. Necesito contar las cosas que me pasan para que no se me enquisten en alma.

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