domingo, mayo 22, 2022
InicioFrikismoUna serie de catastróficas desdichas... domésticas

Una serie de catastróficas desdichas… domésticas

¿Sabéis eso que dicen de que, en ocasiones, las mascotas se parecen a sus dueños? Pues, a veces, las parejas también acaban mimetizándose. Y no me refiero a esa proceso del que todos hemos sido testigos alguna vez cuando un amigo/amiga, al emparejarse, acaba convirtiéndose en un “mini yo” de su novio/novia. No, yo me refiero más bien a esa mutación profunda que muchas personas acabamos experimentando cuando vivimos con un congénere y que va más allá de modas, gustos, creencias políticas/religiosas o “coletillas” en el habla. Un trastorno que se instala en lo más profundo de nuestro subconsciente amenazando con alterar esas cualidades que nos definen como persona. Últimamente, como si de un zombie se tratase, temo que mi Paco, de naturaleza descuidada y como todos recordaréis un marido de alta demanda, acabe por inocularme el virus ese que lo convierte en blanco fácil para todo tipo de incidentes/accidentes/desdichas domésticas a cada cual más peculiar.

nokia

En el último medio año, hemos padecido entre ambos la rotura de seis pantallas de teléfono móvil. Dos de ellas, de forma consecutiva, en dos terminales distintos y en menos de 48 horas. Hemos llegado a ese punto en el que Murphy se carcajea en nuestro rostro cada vez que un teléfono se precipita de nuestras manos. Da igual que tengan carcasa, da igual que los protejamos con cristal templado, el adoquín siempre encontrará la forma de impactar con una esquinita de la pantalla desde la que desencadenar la catástrofe.

Los móviles, ahora que lo pienso, siempre han sido un imán para las catástrofes en esta familia. Mi Paco acumula tantas y tan variopintas desgracias con un terminal entre las manos que si las relato en cadena a veces es difícil creer que puedan ser ciertas. Su primer y venerado Nokia acabó pulverizado en la autopista después de que lo dejase olvidado en el techo del coche tras repostar gasolina.

Si el hombre suele tropezar dos veces en la misma piedra, mi marido se ha especializado en hacerlo de forma repetitiva. El triste final de su Nokia lo compartió el tapón del depósito de gasolina de su querido Seat Ibiza, también conocido como esa-caja-de-Pandora-hecha-coche. Sí, ese Seat Ibiza al que un desalmado le lanzó un pedrusco desde un puente y abolló el techo como si un meteorito hubiese impactado contra él. El mismo que acabó varado en las dunas del aparcamiento de la playa. Aquel al que -¡en dos ocasiones!- se le desparramó la salsa de un lacón asada por los asientos. El que llegó a tener ambos espejos sujetos con cinta aislante y en el que el retrovisor se despegaba de la luna casi todas las semanas. Ese Ibiza en el que, o funcionaba la radio, o funcionaba la calefacción, pero que con ambas a la vez cortocircuitaba.

llaves

No os creáis que el mal fario al volante se esfumó cuando cambiamos el coche, ¡qué va! Las llaves de mi pequeño Ka le cayeron por el hueco del ascensor y en otra ocasión llenó su depósito de gasóleo cuando el coche era de gasolina. Así que fue haciendo una “fumata blanca”, en punto muerto por la autopista -menos mal que era cuesta abajo-, hasta la siguiente salida. El siguiente vehículo familiar impactó contra la barrera del telepeaje en la autopista, perdió su luna trasera dando marcha atrás en el garaje y rodó sin control -ni freno de mano-casi cien metros mientras que mi Paco echaba una carta al buzón. Milagrosamente, paró por sus propios medios para asombro de conductores y viandantes al llegar a un semáforo y sin haber impactado antes con nada. Cuenta la leyenda, porque afortunadamente yo no estaba presente, que el protagonista de este artículo entró silbando en el vehículo como si no fuese con él la cosa.

Silbar y hacerse el sueco se le da especialmente bien cuando suceden estas cosas. Cuando se olvida las llaves en el ascensor, en el buzón o, directamente, en la puerta de casa ¡por fuera!, dejándome a mí encerrada dentro y sin posibilidades de salir, acosando a los vecinos por el telefonillo para que me rescatasen. O cuando me fui a trabajar y el duchó, vistió y bajó a las niñas al parque pero, ¡oh! ¡sorpresa! olvidó ponerle bragas a una de ellas.

También silbó, o más bien silbamos, cuando durante unas vacaciones, tras una parada en la playa a cuarenta grados, los hospitalarios vecinos de aquel pueblecito de la costa Dálmata nos saludaban efusivos. ¡Joer! Con el calor asfixiante que hacía antes del baño y lo fresquitos que íbamos después en el coche… ¡Cómo para no ir, si recorrimos casi dos kilómetros con el maletero abierto mientras la gente trataba de advertirnos! No nos saludaban, no… ¡hacían aspavientos!

basura

Pero no hablemos de coches ni de hijos, hablemos de nuevo de móviles, que es el tema estrella en el que nos hemos especializado últimamente. Como os podéis imaginar, cada vez que recibo una llamada a deshora me pongo en lo peor ¿qué habrá ocurrido ahora? Todavía estamos gestionando con el seguro de la casa el arreglo de la pantalla del último móvil malherido y esta tarde ha sonado el telefonillo: “Me acaba de caer el móvil de sustitución -de sustitución, este dato es clave, porque ni siquiera es el suyo- en el contenedor del cartón al tirar la basura”. ¿De verdad? ¿Es posible? ¿Dónde está la cámara oculta?

Si recuperar cualquier cosa de un contenedor es de por sí un asquete -y lo digo por experiencia, porque en otra ocasión ya lanzó la bolsa de la ropa y metió en el coche la de la basura-, hacerlo de un contenedor de cartón, con su mini ranurita, es una misión imposible. “¡Mándame a la niña -pequeña- para abajo con una linterna!”. “Este está muy de coña”, pensé mientras montaba el gabinete de crisis y nos plantificábamos toda la familia, en harapos-de-andar-por-casa, en plena avenida, a las ocho de la tarde, en hora punta.

“Ni de coña vas a meter a una de mis hijas ahí. Ya me va a dar bastante vergüenza llamar a los de la empresa de limpieza para pedirles que rescaten el móvil, como para explicarles que también se me ha quedado la niña dentro”. Pero ¡claro! después de verlo a él meter el brazo y acto seguido la cabeza y, ante la posibilidad de que acabase convertido en un titular en Upsocl– “La cabeza de un hombre se atora en el contenedor mientras trata de recuperar su móvil” o “13 signos que demuestran que usted es imbécil”- permití que la niña -la mayor, la que se apunta a un bombardeo- probase fortuna.

car
Marido subiendo al coche que rueda solo en punto muerto…

Un brazo, la cabeza -“¿Ves algo, cariño?”-, medio cuerpo dentro  y, al final, cuando solo le quedaban las pantorillas y los pies fuera de la ranura, cuando pataleaba como un dibujo animado, cuando estábamos a punto de rebasar ese punto de no retorno en el que tirar para atrás ya no es posible ¡Eureka! encontró el puñetero móvil perdido. A distancia, la esquirola pequeña, que es la más lista de todos, había puesto tierra de por medio con el resto de la familia para que los transeúntes extrañados no la relacionaran con nosotros.

Tras este resumen entenderéis que, al menos, yo pueda vivir tranquila porque mucho tengo que cagarla -y a veces lo hago- para llegar a su altura. ¿Y vosotros? ¿También sois un imán para los desastres domésticos?

Fotos: Pexels y Pixabay

María L. Fernández
María L. Fernández
Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.
RELATED ARTICLES

3 COMENTARIOS

  1. Os hago la ola. A tu Paco, porque tantos despropósitos juntos parecen imposibles para el común de los mortales. Y a ti, por la gran paciencia que debes tener…

Los comentarios están cerrados.

Most Popular

Recent Comments

María L. Fernández on Problemas maternales del primer mundo
Alejandra deF on ¿Eres supersticiosa?
Alma Rosa Calderón Herrera on ¿Tute gratuito? ¡No, gracias!
Juan Luis on Odio Star Wars
María L. Fernández on Mis 10 blogs de cocina IMPRESCINDIBLES
Irene on A veces grito
Silvia - Mimette.com on Mis zapatos depilados, gracias
Ana (Pequeña Hormiguita) on Corresponsabilidad esa gran desconocida
La loca del Pelo Gris on Encorsetar a una hija (escoliosis)
Anya on Verano ¡ven!
Natalia Martín on Encuentro MMM a la vista
Natalia Martín on Encuentro MMM a la vista
Cata de mamatambiensabe on ¿Por qué tenemos miedo al feminismo?
Natalia Martín on iMMMprescindibles de abril
Emmanuel rivera on Odio Star Wars
marisa, la estresada on iMMMprescindibles de abril
Maria José on Esas costumbres molestas
Natalia Martín on ¿Tú no tienes papá, mamá?
Omar on Odio Star Wars
Limonerías on Londres, de niño a niño
Natalia Martín on Cariño, ¿te gusta tu escroto?
Madreexilio on Educar sin género
Sara Palacios on Música para follar
Maria José on Música para follar
Violeta Rodríguez Fotografía on Ama, vive y come
Marta on Ama, vive y come
Natalia Martín on Ama, vive y come
Noelia - Golosi on Querido Fassbender
Noelia - Golosi on Querido Fassbender
Julieth montaña on La frustración y la maternidad
Natalia Martín on Nuevo año o vida nueva
Natalia Martín on Nuevo año o vida nueva
marisa, la estresada on Nuevo año o vida nueva
Ruth de Rioja on ¡Feliz 2017!
anya on ¡Feliz 2017!
Limonerías on Inocentadas de bombero
marisa, la estresada on Inocentadas de bombero
Susana on Querido Fassbender
Sofia Sanchez peña on Sobrevivir a la Navidad en familia
Limonerías on El juguete de tu infancia
Epaminondas on Hablemos de princesas
Alejandra deF on ¿Eres puta o princesa?
Ana Guillén on Agendas bonitas para 2017
Noelia - Golosi on Agendas bonitas para 2017
Sara Palacios on Tu juego de mesa favorito
Juegos de mesa Addicted on Tu juego de mesa favorito
marisa, la estresada on Tu leyenda urbana favorita
La maternidad de Krika en Suiza on Tu leyenda urbana favorita
Paola Velázquez on El segundo hijo o el segundón
Verónica Reng on El segundo hijo o el segundón
Natalia Martín on El segundo hijo o el segundón
Sara Palacios on Todos somos Chenoa
AniPatagonia on Todos somos Chenoa
Johanna Arco on Todos somos Chenoa
Sara Palacios on Todos somos Chenoa
Sara Palacios on Todos somos Chenoa
Noelia - Golosi on Todos somos Chenoa
Ana [Mi mama es asesora de lactancia] on Tu nombre de pueblo favorito
Limonerías on Mi luna de miel
anya on Mi luna de miel
Limonerías on Tu juego de mesa favorito
Laura Arceo on Homeopatía y caries
Marisa, la estresada on La llamaron “loca”
Violeta Rodríguez - Fotografía infantil. on Harry Potter y el Legado Maldito
Violeta Rodríguez - Fotografía infantil. on Harry Potter y el Legado Maldito
Alfonso de Lozar on Asúmelo… ¡eres tu madre!
Vestidos para bautizos on De tutús, pelucas y masculinidad
Aprendemos con mamá on Cerrar etapas para…¿abrir otras?
Sara Palacios on Mujeres y libertad
Noelia - Golosi on Mujeres que son historia
Noelia - Golosi on Mujeres que son historia
Johanna Arco on Mujeres que son historia
Virginia A. C. on Mujeres que son historia
Sónia Cristina Relvas Luciano on Mujeres que son historia
Noelia Martin on Mujeres que son historia
Jess vaquero cuervo on Mujeres que son historia
Patricia Barreiro on Mujeres que son historia
Lupe Soria on Mujeres que son historia
Noelia Martin on Por qué me gusta Peppa Pig
Marisa, la estresada on Río 2016: olimpiadas y machismo
Natalia Martín on Visitar Valencia este verano
rosi marugan on Ser madre y opositar
Sari - Hechizos de Amor on Tácticas amorosas: el tira y afloja
Julia Martín on Montessori para novatos
Sara Palacios on La fiebre de las minicasas
Immi on Extranjera eres
Marisa, la estresada on Extranjera eres
Raquel on Extranjera eres
Laura on Extranjera eres
Esther on Extranjera eres
madrexilio on Extranjera eres
Limonerías on La vieja que quiero ser
Marta García on 7 días sin beber coca-cola
anya on Tengo cursitis
Noelia - Golosi on ¿Hacemos la tortuga?
Noelia - Golosi on Talentos ocultos
notengowhatsapp on Queridas madres del Whatsapp
Marta Capella on Queridas madres del Whatsapp
Alejandra deF on Queridas madres del Whatsapp
Sara Palacios on Queridas madres del Whatsapp
María José on Eres viejuno
La Sonrisa de Mini Yo on No quiero morirme sin visitar…
Limonerías on Eres viejuno
Natalia Martín on Eres viejuno
Noelia - Golosi on El profesor de balonmano
Limonerías on Yo también soy gay
La Sonrisa de Mini Yo on Cómo destrozar Grease
Bobyshaftoe on Cómo destrozar Grease
Natalia Martín on Cómo destrozar Grease
marisa, la estresada on Querido Marido 1.0
Noelia - Golosi on El chico perfecto tendría…
María trinidad espinosa guirao on No, esa frase ya no se dice
Padres en pañales (@Padresenpanales) on El lado Wonderful / Puterful de las cosas. Tú eliges
Mamagnomo on Querido Fassbender
Sara Palacios on Querido Fassbender
Sara Palacios on Querido Fassbender
Sara Palacios on Querido Fassbender
Sara Palacios on Querido Fassbender
Sara Palacios on Querido Fassbender
Sandristica on Querido Fassbender
Natalia Martín on Querido Fassbender
Vidas_pixeladas Carla on ¡Maldito Mickey Mouse!
marisa, la estresada on ¡Maldito Mickey Mouse!
Verónica Reng on Calladita estás más guapa
Noelia - Golosi on Calladita estás más guapa
cata de mamatambiensabe on 12 cosas que adoro de ser autónoma
Ana - Querubino on Calladita estás más guapa
Carmen on ¡Adoro Divinity!
Violeta Rodríguez - Fotografía infantil. on Claves para elegir un buen regalo para un recién nacido
MamaCloud on 7 días sin enfadarme
Limonerías on 7 días sin enfadarme
madre estresada on Cosas que me irritan…
Mónica de Objetivo Tutti Frutti y Blogger Paso a Paso on 7 días sin tomar azúcar ni harinas
Auxi on A veces grito
Teresa - El Rincón del Peque on A veces grito
Daniells on A veces grito
Lorena on A veces grito
VANESA ALONSO CIMAS on A veces grito
Natalia Martín on A veces grito
Carol on A veces grito
Carmen Abián on Confesando mi adicción
Sandristica on Confesando mi adicción
Natalia Martín on Así viví #elVermmmut
Natalia Martín on Así viví #elVermmmut
Natalia Martín on Así viví #elVermmmut
Natalia Martín on Así viví #elVermmmut
Natalia Martín on Así viví #elVermmmut
Violeta Rodríguez - Fotografía infantil. on Así viví #elVermmmut
Madre Exilio (@Madrexilio) on Así viví #elVermmmut
Verónica Trimadre on La brutal sensación de estar viva
Verónica Trimadre on La brutal sensación de estar viva
Verónica Trimadre on La brutal sensación de estar viva
María on Ladrones de tiempo
Alejandra deF on Hay amores que matan…
Cata de mamatambiensabe on Ladrones de tiempo
Eduardo Muñoz on Micromachismos intolerables
Sandristica on Cómo volverle loco
Vyacheslav Dudkin on Las Monas de Pascua más feas
Chica Perika on Dale a tu cuerpo alegría
Natalia Martín on Dale a tu cuerpo alegría
Mamá Resiliente (@MamaResiliente) on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
Verónica Trimadre on Hija, tu cuerpo será tu prisión
El espacio del bebé on Fantaseando… o quizá no
Cuestion de Madres on ¿Cómo comunicaste tu embarazo?
Violeta Rodríguez - Fotografía infantil. on Fantaseando… o quizá no
Noelia - Golosi on Modas ideales que vuelven.
Johanna Arco on