Consejos para diseñar un dormitorio infantil

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Llegó el momento. Mis hijas han decidido independizarse… una de la otra, se entiende. Han decidido hacer un “Tú a Boston y yo a California” y ahí estamos, metidos de lleno en la reubicación de la pequeña. Algo que, de buenas a primeras, es un auténtico marrón, porque nos hará prescindir del estudio, también conocido como almacén de mierda cosas varias en las que, casualmente, también hay un ordenador y trabaja el señor padre. A día de hoy me desvela no saber dónde acabarán todos esos trastos. A cambio, la independencia de tener un dormitorio para cada una les traerá más espacios para sus cosas, que ahora mismo a duras penas cabían ya en el mismo armario, y un espacio personal propio para cada una.

Elegir nueva habitación ha sido en este caso mucho más sencillo que cuando amueblamos la de la mayor, la que han compartido en este tiempo. Hemos aprendido de los errores que entonces cometimos, también de los aciertos, así que teníamos mucho más claro lo que queríamos y lo que no. Y precisamente de eso va este artículo, de compartir mi experiencia porque, quizás, si estáis pensando en cambiar la habitación de los niños, mis consejos puedan serlos útiles.

Los niños crecen más rápido y deprisa de lo que podemos llegar a imaginar

Cuando mi hija mayor nació apenas amueblamos su habitación. Un armario, una cómoda y poco más, porque la cuna estaba en nuestra habitación. Todo muebles de trote, de tránsito. Cuando la amueblamos para trasladarla tuvimos claro desde el primer momento que queríamos muebles que pudiesen servirle a largo plazo, incluso cuando fuese adolescente.

Por eso evitamos los motivos excesivamente infantiles y también los muebles que, por sus dimensiones, acabarían quedándole pequeños.

Así que mi recomendación es optar por muebles neutros, independientemente del estilo que más os guste, y definir el estilo que queráis darle con pequeños detalles que sí puedas cambiar cuando te canses o tus hijos vayan superando etapas. Eso de camas de coches, armarios de osos y ese tipo de cosa tienen una vida muy, muy corta.

Sobre una buena base, puedes hacer modificacioness acordes a la edad. Evidentemente, con tres años no vas a pensar en una mesa de estudio y sí, quizás, en una mesa más pequeña que le permita dibujar y propicie el juego colaborativo. Pero planifica siempre pensando en el ahora y también en el mañana. No tomes decisiones que te vayan a limitar en el futuro.

El diseño no está reñido con la comodidad… a veces

En ocasiones veo habitaciones infantiles/juveniles preciosísimas en la red que mañana mismo me llevaría a casa. Tienen estilo, son minimalistas y llevan al extremo eso del menos es más. Pero seamos realistas, o esas habitaciones tienen una cara B que no vemos, llena de armarios, estanterías gigantes y muebles de almacenaje o, sencillamente, ahí no vive un niño.

Por experiencia puedo aseguraros, y estoy segura de que coincidiréis conmigo, en que con un niño todo sitio donde guardar cosas es poco. De hecho, cuando ahora elegimos la habitación de la pequeña prioricé, sobre todo, que tuviese muchos armarios y muebles para guardar ropa, juguetes, libros… En serio, nunca serán suficiente.

Muebles sí, pero sin pasarse

Ahí os he matado, ¿eh? Porque acabo de deciros que cuanto más muebles de almacenaje mejor y, sin embargo, ahora me desmarco con que no os paséis… pero es que esa es la gran dificultad a la hora de diseñar una habitación: encontrar el término medio, el equilibrio entre las necesidades que tenemos de poder guardarlo todo, todo, todo, y las de nuestros hijos de tener un lugar diáfano del que jugar. E incluso aunque hayan superado la fase de jugar, a cualquier edad nos sentimos más cómodos en sitios confortables que no estén excesivamente recargados.

Ahí tendréis que hilar muy fino y dejaros llevar por la intuición. A mí, por ejemplo, me gustan las camas nido, porque me parecen una forma fantástica de aprovechar el espacio cuando vives en un piso, en los que las habitaciones no suelen ser gigantes. Pero, sin embargo, me espanta los muebles “puente”, esos módulos que cubren todas las paredes. Que sí, que guardas de todo ahí, pero me da la sensación de que las paredes se te caen encima.

Cuanto más cómodo, mejor

Las habitaciones son para vivirlas. Al menos las de los niños. Quizás tú no pases tanto tiempo en la tuya, que solo visitas para dormir… pero por lo general los niños hacen de su habitación su mundo. Por eso necesitan, como decíamos antes, espacio y, evidentemente comodidad. Un exceso de muebles o una mala distribución, sitios de tránsito estrechos, rincones imposibles… acabarán con la sensación de confort.

Yo, por experiencia puedo deciros que, salvo casos extremos, eso de acomodar a dos niños en la misma habitación con una cama nido que debes abrir todas las noches es una idea pésima. O al menos en mi caso lo fue. Es cierto que cuesta solo dos minutos abrirla, que con los sistemas tan modernos que hay ahora apenas lleva esfuerzo… pero te cansa -más mental que físicamente-. Uno de los motivos por los que no veía la hora de que cada una tuviese su habitación era el de dejar de abrir la cama de la pequeña todas las noches.

No puedo hablaros de literas, pero supongo que la cosa no será mucho mejor. Pero es cierto que, como sucedió en mi caso, unas y otras son necesarias cuando andamos justos de espacio. Así que analiza bien pros y contras.

En general, cualquier mueble que tengas que abrir y cerrar parece muy práctico pero acaba no siéndolo tanto. Y ahí también meto artilugios como las mesas de estudio que se abren y se cierran… Ni son cómodas, ni son amplias y, además, por muy bueno que sea el deslizamiento, acaban destrozando el suelo.

Haz caso al profesional, pero decide tú

Cuando tengas las ideas muy claras acude a la tienda y consulta con un profesional. Ellos están acostumbrados a diseñar habitaciones y pueden aconsejarte ahí donde a ti se te escapan cosas. Pero ¡ojo! la última palabra la tienes tú, que eres la que conoces las verdaderas necesidades de tu hijo y tu hogar.

Ideas básicas para un dormitorio

La luz: si tienes una ventana, la habitación ha de girar en torno a ella. Recuerda que siempre es bueno acomodar ahí la zona de juegos y, sobre todo, de estudio, pues es donde hay más luz natural

El armario: para mí es la pieza básica de la habitación. Una cama se coloca en casi cualquier sitio, pero un armario hay que situarlo en el lugar idóneo. Hay quienes no ven cómodos los de esquina. Para mí son lo más para ganar espacio. Dales una oportunidad. Míralos en exposiciones, métete dentro…

La cama: como os dije antes, mi preferencia es siempre los compactos, las camas nido de toda la vida pero evolucionadas. Las de tres alturas son ideales para mi gusto, porque nos dan una cama extra pero, además, cajones para guardar juguetes e incluso ropa. Si vas a utilizar la segunda cama a diario -como me sucedió a mí- que esta esté en la segunda “altura”. Si será de uso ocasional, mejor deja ahí, en el medio, los cajones. ¡Ah! y que estos vayan metidos en una estructura, los que van al suelo directamente y se mueven a lo loco además de coger muchísimo polvo son un engorro.

dormitorio

Estanterías: Quizás parezca buena idea tener estanterías en las que poner los juguetes, pero, al final, donde mejor están los juguetes es en cajas, guardados en muebles con puerta porque, de lo contrario, el juego siempre empezará con un “vamos a limpiarle el polvo a la casita de los clicks”.

Los complementos: Al final son los que van a marcar diferencias, al menos estéticas. Los complementos -cortinas, ropa de cama, láminas y cuadros, lámparas, adornos…- incluso el color de las paredes, son los que terminarán por darle el toque personal al espacio. Por eso, mi recomendación es que busques la comodidad en los muebles y el estilo en los detalles.

Y esto ha sido todo. Sinceramente espero que mis experiencias os hayan ayudado, pero quizás se me haya escapado algo que a ti te gustaría compartir… ¡no lo dudes!

Imágenes: Shutterstock

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