Diferencias entres estudiar con 20 años y hacerlo con 40

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Todo en la vida tiene su momento pero, afortunadamente, a veces tenemos la ocasión de quebrar nuestro “calendario vital” y acabamos embarcándonos en proyectos que parecen “a destiempo”. Cuando esto sucede, uno de los efectos colaterales que acarrea es la inevitable asunción de cómo el paso del tiempo trastoca nuestras circunstancias vitales y, con ellas, la forma en la que encaramos estos retos. Todo esto viene a cuento de que, por circunstancias que no vienen al caso pero que tienen que ver mucho con mi Paco, me he convertido de nuevo en universitaria y ¡oye! ¡cómo me está cundiendo el tema! Cundiendo en todos los sentidos porque realmente no es lo mismo estudiar con 20 años que hacerlo cerca de los 40.

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Motivación

Lo primero que cambia es, evidentemente, la motivación. A veces tienes que hincar los codos de nuevo para mejorar en tu empleo. Suele ser un rollazo, porque los temarios no acostumbran a ser demasiado atractivos, pero ese ansia de “mejora” laboral resulta un buen incentivo.

Pero lo más habitual es que, cuando te pones a estudiar con más de cuarenta, suelas hacerlo por ampliar tu formación o, simplemente, por amor al arte. Y ahí es donde la diferencia es abismal respecto a tus veinte años porque entonces, aunque tuvieses la suerte de cursar los estudios que deseabas, lo hacías más porque era lo que “tocaba” que por una verdadera ansia de conocimiento. Era un trámite que debías cumplir en tu tránsito a la vida adulta.

También podía suceder que llegases a unos estudios de rebote, sin saber muy bien de qué iba aquello y que acabases llevándote una gran decepción. Ahora, por el contrario, sabes perfectamente dónde te metes y lo haces con mucha ilusión, disfrutando de cada lección, de cada trabajo, de cada asignatura.

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Tiempo

¡Ahí me han dado! A mi lo que me gustaría es tener la motivación que tengo ahora, pero con el tiempo del que disponía antes. Sí, porque lo habitual es que con veinte años tu única obligación en la vida sea la de estudiar, así que, si no lo haces, no será por falta de tiempo, sino de ganas.

Con cuarenta y, probablemente, una familia y otro trabajo en tu vida, las ganas te sobran, pero el tiempo es escaso. Así que arañas horas, hasta minutos, a tu ocio, a las tareas domésticas, también alguna que otra a tu familia, para poder embarcarte en esta aventura. Lo cual no siempre es fácil, porque, si ya habitualmente vamos por la vida a cien con la agenda llena de tareas, imaginad sacar de ahí tiempo para el estudio.

En mi caso, esto acaba generándome un poco de estrés, porque no me da la vida para dedicar a mis estudios todo el tiempo que quiero para hacer las cosas tal y como me gustan. Así que siempre me queda esa espinita clavada de cuánto me podría cundir si realmente pudiese dedicarme a ello como me gustaría.

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Dinero

Estudiar es caro. Sé que hay mucha gente que ya se costeó sus primeros estudios, pero lo habitual es que los padres se encarguen de financiarlo casi en su totalidad. Cuando te pones a estudiar una vez emancipado, los gastos corren de tu cuenta, así que “te duele” más y tratas de rentabilizar al máximo la inversión. De ahí ese empeño porque tus calificaciones sean satifactorias.

Hábito

Dicen que a cierta edad y, sobre todo, si no lo ejercitas con regularidad, se pierde el hábito de estudio. Hemos oído muchas veces eso de “¡cómo me voy a poner a estudiar con mi edad!” a modo de disculpa para eludir coger de nuevo los libros. ¡Pues no! Me niego a creer que esto es cierto. Puede ser que la falta de tiempo de la que hablaba antes no te permita organizarte o rentabilizar tus horas de estudio como cuando eras joven y no tenías otra cosa que hacer, pero el hábito de estudio es como andar en bicicleta, un par de pedaladas y ahí estás de nuevo, a pleno rendimiento.

O al menos esa ha sido mi experiencia. Supongo que también habrá que tener en cuenta tu disposición. Si nunca te gustó estudiar, si nunca supiste cómo hacerlo, si nunca llegaste a desarrollar unas técnicas de estudio satisfactorias, ahora de “mayor” no las vas a adquirir por arte de magia. De hecho, probablemente, lo último que te apetecerá es revivir tu etapa de estudiante.

Pero si disfrutaste la primera vez de ello, ten por seguro que ahora volverás a hacerlo y con unos resultados más que aceptables.

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Actitud

Antes hablaba de la motivación, que ya os advertí que es radicalmente distinta, pero también lo es la actitud. Los años te permiten relativizar las cosas notablemente, así que por el camino te has dejado parte de la “tontería” que tenías en tus años mozos. Y esto no quiere decir que no te tomes las cosas en serio, ¡qué va!, lo que pasa es que te tomas en serio y te preocupas por aquello por lo que realmente merece la pena hacerlo.

Y eso hace que, por ejemplo, desde el respeto y el cariño, te “descojones” cuando el profesor divaga y alguno de tus compañeros pregunta azorado si lo que está contando va a ser materia de examen.

Ahora bien, también provoca que seas más expeditivo y no te andes por las ramas. Persigues un objetivo y no quieres artificios que te distraigan por el camino ¿Trabajos en grupo? Más bien pocos, que no sabes cómo encajar las “quedadas” entre extraescolar y extraescolar. ¿Bibliografía? Si fuese necesaria la habrían incluido en el temario, ¿no?

Fotos: Pexels y Pixabay

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Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.

3 COMENTARIOS

  1. Yo llevo dos años estudiando y el primero bien,las vacaciones bien pero ahora rodeada de cajas de la mudanza,no veo el momento de compatibilizar,vida,trabajo y estudios y convocatoria a la vista,con muchos remordimientos y mi familia diciendo estudia,porque me lo han pagado

  2. Sí, sí! La vida hay que pasarla pedaleando. A ratos más, a ratos menos… pero en definitiva pedaleando sin parar… Y cultivar y satisfacer ese constante afán de conocimiento es otra forma de felicidad 🙂

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