Qué me gusta del invierno

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Señoras, al final es verdad que ha llegado el invierno. Después de meses de sol a destiempo han llegado los fríos, las lluvias y las nieves. El telediario ha dejado de abrir con las inusualmente altas temperaturas para hablar de olas de frío polar atravesando la Península. Lo clásico, vamos. Pero no todo en invierno es malo, aunque a las madres nos mate un poco la idea de no poder dejar que los churumbeles se desfoguen en el parque. El invierno tiene sus cosas chulas. Hoy, en El Vermut, qué me gusta del invierno. Y a vosotras, ¿qué os gusta? Contádnoslo en comentarios ;).

La rutina (Sara)

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Sí, ya sé que es lo que más odia la mayoría de la gente, pero yo soy una persona muy disciplinada y a mí esto de tener un horario y una organización me da paz. Me gusta saber qué voy a hacer el miércoles, y el viernes, y no vivir en un desorden vital continuo. Me gusta el invierno porque es rutinario, porque sé a qué atenerme … y precisamente por esto mis hijas lo aborrecen ¡pero no se puede tener todo en esta vida!

No tener que salir a la calle los fines de semana (Merak)

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Cuando mis hijas eran pequeñas, nos echábamos a la calle hiciese frío o calor, lloviese o luciese el sol, para tenerlas entretenidas. Ahora que se entretienen solas, a mí me encanta estar en casa, sobre todo los fines de semana. Sin embargo, cuando hace buen tiempo, parece que casi estás obligada a salir a la calle a empaparte de vitamina D. Pero en invierno… ¡ay, en invierno! Esos fines de semana cerrados de agua en los que tienes que quedarte en casa sí o sí… ¡son una gozada!

La chimenea (Pilar)

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Si algo echo de menos de mi casa en Valencia es que tenía una preciosa chimenea. 

No era una cosa necesaria en absoluto porque la casa estaba muy bien orientada y casi no necesitábamos calefacción, pero igualmente la encendíamos siempre que podíamos porque a todos nos encanta mirar el fuego, sentarnos delante de la chimenea con una bebida caliente a contar historias, leer cuentos, etc.

La nieve (María Jardón)

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Lo reconozco, me encanta el invierno. Me gusta mucho llegar a casa y que me reciba una oleada de calor después del frío que hace en la calle, pero si hay algo que de verdad me gusta es la nieve. De la nieve me gusta prácticamente todo, me encanta verla caer desde mi ventana, me encantan los paisajes blancos, hacer batallas de bolas de nieve, un gran muñeco de nieve o tirarme en trineo. Lo único que no me gusta de ella es ir en coche y quedarme atrapada (que ya me ha pasado) pero, por lo demás, todos los años la esperamos con ansia.

Los días de sol (Nat)

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El sol luce mucho más bonito con frío y más cuando llevas varios días sin verlo. En invierno hay rachas en las que escasea y mira que en España no nos podemos quejar de falta de sol precisamente, y cuando sale se coge con ganas. Me chiflan esos días de frío, mucho frío, en los que luce un sol radiante. Entonces me abrigo, cojo gorro, guantes, bufanda… y me tiro a la calle. Pasear en esos días de invierno con sol para mí es una verdadera delicia.

No sin mi bata (Let)

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Ni de coña hago yo las tareas de la casa tan ligerita de ropa…

Yo soy muy de bata. Si me leyera mi madre (¡Hola, mamá!) os diría que me pongo bata hasta en agosto. Esto no es exactamente así, que hubo una vez y hubo un motivo… voy a dejarlo que me lío, pero que quede claro que hubo un motivo, no estoy tan tarada como para usar bata con 40º a la sombra… (¿os he convencido?).

El caso es que invierno es, para mí, sinónimo de bata y cuanto más gorda mejor. Yo veo a esa gente que llega a casa y se pone el pijama, y no lo entiendo, chica, yo es que estoy como desnuda sin ella. Bueno, quien dice pijama dice ropa de estar por casa, ese pantalón de algodón cómodo que te hace sentir como un homeless pero que casi es tu segunda piel, combinado con una sudadera tres tallas más grande que la tuya porque así es tan confortable… Pues yo, a todo eso, le pongo una bata encima. Sin ella, además de sentirme como desnuda, tengo frío. Y el frío, ya se sabe, te hace estar encogida y te salen contracturas en la espalda de aguantar la postura y tienes que ir al fisio a sufrir un rato. Terrible.

El frío es el mal. Por eso tampoco entiendo el invierno sin unos calcetines gordísimos, pero eso ya casi que os lo cuento en otro post.

Imágenes: Pixabay.

1 COMENTARIO

  1. […] Bastante tiempo después recordé esa tarde al notar que me picaban las piernas un día en el que bajaron las temperaturas bruscamente. Cuando me quité el pantalón para comprobar qué ocurría, observé un enrojecimiento tal que me asusté un poco. Nunca había sentido/visto algo similar. A partir de ahí, empecé a asociar cosas a esa reacción: los picores en las manos cuando no llevo guantes, en las orejas cuando no llevo gorro y en la lengua cuando como helado. Aquello iba a ser alergia al frío. Y empezaba a comprender el por qué de mi amor por las prendas de abrigo. […]

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