La tecnología, la infancia y los recuerdos

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Hace poco me preguntaba a mí misma sobre la necesidad de comprarme una cámara de vídeo. Vi unas videocámaras Panasonic el otro día y estoy pensándomelo. Mi casa parece un almacén de tecnología. Me encanta: no tengo ningún problema en confesarlo. Así como me enamoro de algunos cacharros de cocina, me los compro y luego no los uso, lo cierto es que cualquier cosa electrónica que entra en casa acaba utilizándose de manera intensiva. Sé que hay otros hogares donde no es así, pero en mi casa somos más digitales que analógicos.

tecnología cambia los recuerdos

Los recuerdos

El caso es que me he puesto a pensar y me ha dado un pellizquito el corazón. Hay cosas que cambian, más rápido incluso de lo que nos damos cuenta. La manera de navegar por sus recuerdos de nuestros niños no va a tener nada que ver con cómo lo hacíamos nosotros.

Cuando yo era pequeña una de las cosas que más disfrutábamos eran las sesiones de diapositivas que organizábamos. Mi madre era muy aficionada a tomar las fotos de este modo y verlas era todo un acontecimiento. Poníamos el salón a oscuras, liberábamos la pared y empezábamos a proyectar las fotos y a comentarlas en familia. ¡Me encantaba hacerlo! Era todo un ritual… Estoy segura de que mis hijas ahora lo disfrutarían igualmente aunque no entenderían nada ¿para qué tomar fotos de ese modo tan raro?

Y es que la tecnología está arrasando con todo. Arrasa con las fotos impresas… aunque también os diré, la gente ponía marcos de fotos con fotografías muy creepy por encima de sus posibilidades y se les olvidaba cambiarla (¡Esas fotos de comunión con poses pías que permanecían ahí décadas para vergüenza de los comulgantes!).

Se está llevando por delante también los álbumes de fotos. A nuestra generación todavía nos gusta sentarnos y ver álbumes pero ¿Cuántos de nosotros pasamos del primero? Las fotos se acumulan y nunca dan el salto de las memorias de nuestras cámaras o nuestros teléfonos móviles.

viaje, recuerdos

¿Y los vídeos? Ahora cada vez es todo más digital igualmente. Cuando yo era niña teníamos cintas VHS a cascoporro, luego pasamos a los DVDs y ahora es todo mucho más virtual. Tiene su punto bueno: los VHS ocupaban una barbaridad, los DVDs se acababan rayando (trabajé en un videoclub, he visto cosas que no creeríais) pero al mismo tiempo tener las cosas en un disco duro es mucho menos… romántico. Para los coleccionistas es un poco bluf. No tiene ni la mitad de interés. Hay quienes son mucho más prácticos y lo mismo que han dado el salto al ebook sin mirar atrás todavía quedamos los que nos resistimos al progreso.

(También os digo, si os habéis peleado con una videocámara para pasar de cinta pequeña a cinta grande como nos peleábamos en casa constantemente diréis ¡benditas sean las tarjetas de memoria y los formatos digitales!)

Camara de fotos vintage

El valor de las cosas

Cuando éramos pequeños no se hacían fotos todos los días. Hacías fotos cuando sucedía algo especial, te ibas de excursión, tenías un cumpleaños, algún día suelto porque sí… pero hoy lo tenemos tan fácil que hacemos fotos constantemente. Nuestros hijos son la generación más fotografiada de la historia. Tener una cámara de fotos a mano siempre tiene ventajas, pero también nos perdemos cosas: meditamos poco las fotos y dejan de ser especiales al convertirse en algo cotidiano. Tenemos tantas que las amontonamos.

También hemos perdido esa emoción que teníamos cuando íbamos a recoger un carrete de fotos recién revelado ¿habrán salido las fotos o se habrán velado? ¿Habrá alguna rescatable o serán todas basura pura? Los tiempos actuales son de los fotógrafos mediocres como yo que necesitamos un montón de tomas para conseguir algo decente. Las fotos se tiran sin pensar. Se ven y se borran o no. Y se almacenan hasta olvidar incluso que las tenemos.

Yo no creo que todo esto sea ni bueno ni malo: es lo que es. Creo que no debemos vivir en la nostalgia y sí tratar de ver lo bueno de las cosas que nos toca vivir… pero, aunque no nos aferremos al pasado sí que creo que a veces deberíamos tomar algunos de los valores que teníamos hace décadas. A veces es mejor separarnos de nuestros objetivos y dejar de ver la vida a través de pantallas constantemente. No se trata de no hacer ninguna foto, ni de grabar ningún vídeo… se trata simplemente de moderarnos y dejar de vivirlo todo con algo interpuesto. Estamos dejando de ver el mar para hacerle unas fotos que luego no vamos a ver nunca porque tendremos toneladas de más. ¿No es una locura?

Pero aunque la teoría es fácil, conseguirlo no es tan sencillo ¿Creéis que merece la pena?

Fotos: fotografías vía Shutterstock / Viaje vía Shutterstock / Cámara vintaje vía Shutterstock

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Soy Sara Palacios, aunque en la red muchos me conocen como Walewska, mi nombre de guerra. Soy curiosa, inquieta, seriéfila, gafapastas y a ratos pedante. Los que me conocen dicen que tengo mucho sentido del humor y yo no sé si soy graciosa o no, pero que me gusta reírme continuamente es un hecho. ¡Soy una optimista incorregible!

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