¿Soy una madre precipicio?

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Hace unos días leía un artículo titulado Sal con Una Chica Precipicio, de la web Código Nuevo, una de esas páginas que te engancha con artículos sencillos, cortos y textos que te ponen el espejo delante de la cara.  El de la chica precipicio me recordó a los que leía en la Ragazza, esos que me daban subidón y me inspiraban para ser “la chica que quería ser”. De aquella chica loca, que se comía la vida a bocados, que pisaba tan fuerte que ya no crecía la hierba a su paso… ¿Queda algo en esta madre que soy hoy en día?

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Sal con una de esas chicas que no están hechas para todos, con esa clase de mujer a la que jamás podrías hacer renunciar a nada porque el significado de atadura no lo registra en ningún diccionario.

¿Renunciar a nada? Bufff, anda que no hemos renunciado a cosas en los últimos años. Y dicho NO a un montón de planes y propuestas, a comidas, cenas, proyectos, reuniones… (eso que me considero de las que tienen un SÍ en la boca casi siempre). Pero renunciar a cosas por el bien de la familia, muchas. Y es que, “me gusta que los planes siempre salgan bien”, así que ahora las cosas se hacen con un riesgo controlado. ¿Ataduras? Los hijos suponen una atadura con gusto. Pero seamos sinceros, lo son. ¿Cuántos de vosotros no habéis cambiado de trabajo, de ciudad o de país porque vuestra familia está aquí, vuestros hijos están en su cole y son felices…?

De esa clase de mujeres que te hacen ver la vida asomándote al borde de un acantilado para recorrer el mundo entre escalofríos, temblores y espasmos

Recorrer el mundo entre escalofríos, temblores y espasmos. Con esta frase no se muy bien si están definiendo el momento actual en el 80% de la familias con hijos menores de este país (y me refiero a las gripes, virus, mocos, vómitos, etc, etc…) o es más bien a lo heavy que puede ser salir a tomar unos vinos a las 8 de la tarde con tus compañeras de trabajo, que se te haga moderadamente tarde y a la media hora de acostarte, comience el baile en tu casa: mamáááááá, agua; mamáááááá, pesadillas; mamáááááá, mocos… Esos sí que provoca escalofríos, temblores y espasmos

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…un huracán, una tremenda y devastadora tormenta que de repente pasa por tu vida arrasando con todo lo que pensabas o sentías antes y dejando en astillas los cimientos de tus más profundas convicciones

Aquí el autor está definiendo, así tal cual, lo que supone tener hijos, arrasar con todo lo que pensabas o sentías antes.

Y no hablo de sumisión, sino de adoración, porque hasta que no has experimentado su paso por tu vida, realmente no has sabido entender el verdadero significado de VIVIR.

¡Ohhhhh, que bonito! Una madre precipicio debería dejar esta huella en la vida de todos los que hay a su alrededor. Así me gustaría que me recordaran, como un huracán de energía, que incluso cuando está en horas bajas, destila ganas de vivir, de aprender, de experimentar. Y no como una gritona-mandona-quejona-prohibidoradetodo.

Si puedes elegir, elige a la chica precipicio. Esa chica que no es normal porque hasta cuando camina sus curvas se mueven diferente

En esto, las madres precipicio tenemos mucho que aportar. Nuestras curvas se mueven de forma diferente, tanto que muchas se han convertido en rotondas. Ahora las tripas que enseñábamos en la juventud, se han cubierto de estrías que cuando les da el sol nos hacen parecer cebras. Y lo que nos gusta… Nuestros cuerpos has cambiado porque reflejan por fuera lo que somos por dentro.

Sal con ella. Porque es una belleza y una bestia, una princesa y una pecadora.Una chica que podría satisfacer cualquiera de las locuras que necesitas. Una tormenta, un terremoto o todo a la vez.

Pues claro que sí. Las madres precipicio tenemos cerebro, que va a tope. Y deseos, sueños. Nos gusta que nos hagan olvidar que somos madres y nos recuerden, a golpe de beso, caricia, orgasmo, que somos mujeres en lo mejor de la vida. Pero nos gusta todavía más que nuestras parejas pierdan el sentido en nuestros brazos.

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En definitiva, esa clase de mujer que querrías como compañera hasta el último kilómetro de vida

En definitiva, esa clase de madre que queremos ser. Esa madre que bailará en un concierto de Violetta como si no hubiera un mañana. La que pasará las noches en vela con los labios pegados a la frente de su retoño para controlar la fiebre. Esa que buscará el mejor y más barato disfraz de cocodrilo o la tarta que les haga sonreír toda una tarde. La madre precipicio que acompañará a sus hijos hasta el fin del mundo si ellos lo piden.

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Soy de esas personas que siempre llega tarde, siempre tiene que hacer más de tres cosas para ayer pero siempre lo hace con una sonrisa puesta. Estoy encantada con mi vida, aprendiendo cada día, disfrutando todo lo que puedo. Y riéndome, que es el ejercicio más saludable de todos

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