Mi historia de malos tratos o por qué pensé que lo que me pasaba a mí era normal

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Violencia de género

Me he animado a escribir este post porque leo con preocupación que, un año más, la violencia de género se dispara en los meses de verano. Me he animado porque yo también sufrí una de esas violencias invisibles, esas que pueden pasar desapercibidas para los que tienes cerca porque no dejan marcas pero que acaban dejándote seca, vacía y arrasada por dentro. Me he animado a compartir mi historia porque no quiero que todo ese dolor que pasé sea en vano y porque a lo mejor le sirve a alguien para darse cuenta de que lo que le está pasando no es normal y no es sostenible.

Mi historia empieza como tantas otras: yo era bastante más joven, no tenía la autoestima muy allá (que levante la mano quien no quiera ser más delgada, tener mejores dientes, que le quede mejor la ropa  o tener un par de tallas más de pecho) y caí en ese error de liarme con un “amigo”. Este “amigo” me decía que mejor no se lo contábamos a nadie más, que qué iba a decir la gente de lo nuestro y que, total, si en realidad tampoco estábamos juntos.

Pero la realidad era que, aunque no estábamos juntos abiertamente acabábamos juntos (juntos en el sentido bíblico, se entiende) semana sí y semana también, éramos inseparables y hasta hacíamos viajes con más amigos. Durante los cuatro años que duró nuestra relación jamás me tocó en público y todas sus sonrisas, caricias y bromas siempre eran para otras si había más gente. Pero en cuanto nos quedábamos solos me hacía sentir muy especial. Sí, sé que era una pardilla pero ¿quién no ha sido un poco inocente con sus primeras relaciones?

Yo vivía en una montaña rusa

Al principio no me importaba llevarlo en secreto ya que pasábamos mucho tiempo a solas y digamos que no echaba en falta gritar mi amor a los cuatro vientos pero eso duró poco. Al cabo de un par de meses cortó conmigo y yo me monté todo el duelo que se suele montar en estas situaciones: llantos, quedadas con amigos alternativos, corte de la comunicación (era más fácil cuando no había tantas redes sociales), etc. Pero a la semana siguiente le tenía en mi puerta diciéndome que yo era su mejor amiga y que se había dado cuenta que no podía vivir sin mí. Por supuesto volvimos. Y por supuesto cortó conmigo el mes siguiente. Yo vivía en una montaña rusa en la que las subidas eran breves pero las caídas al abismo eran horrorosas.

Tristeza

Nuestra relación era cada vez más tóxica, en el sentido de que me machacaba la autoestima diciéndome todas las cosas que estaban mal conmigo interna y externamente. Esos complejos que todas llevamos con más o menos dignidad me aumentaron y me daba corte hablar con otros chicos por si se daban cuenta de todos mis defectos “¿cómo quieres tener novio, si eres demasiado gorda/alta/baja/dentona como para gustarle a alguien? De hecho yo no me explico por qué me gustas”. “¿Crees que haces bien tu trabajo? No es cierto, solo te lo dicen porque eres chica”. Os suena este tema, ¿verdad?

También dejé de hablar con mis amigos, a fuerza de anular planes a última hora porque siempre tenía que estar disponible para él. Si un día se me ocurría hacer un plan y se lo decía empezaba con el chantaje emocional de si éramos amigos o de si tan majos eran mis “otros” amigos que por qué no quedaba con ellos siempre en vez de con él. Y eso me destrozaba porque yo en el fondo con quien quería estar era con él.

La rana en agua hirviendo

Hay una metáfora recurrente entre los que hablan de maltrato y es la de la rana en agua caliente a la que se le va subiendo la temperatura hasta que el agua hierve y la rana muere. Esto es bastante común porque un día cedes un poquito (total, qué más da, tampoco te quieres empeñar en nimiedades). Otro día cedes otro poquito y otro día la otra persona se toma confianzas. Un día es un insulto y otro día es el razonamiento de por qué no debes tomar tú cierta decisión, que es mejor que decidan por ti.

Un día le acerqué a su casa en mi coche y cuando me iba a ir el motor no funcionaba. Como él estaba aún en la acera, me dijo muy educadamente que me fuera a casa en taxi y que volviera al día siguiente a recuperar mi coche. “Pero a mí no me llames que yo quiero dormir hasta tarde”. Ese fue el día en el que caí del guindo (sí, sé que hay chicas más espabiladas) y decidí ponerle nombre a lo que me estaba sucediendo.

Lo que me estaba sucediendo era que, en aras de unas migajas de relación, había perdido mi personalidad, mi autoestima y mis amigos. Y lo peor de todo es que me había perdido a mí misma por el camino. Ya no quedaba nada de mí porque este chico se lo había llevado día tras día, machacándome con su discurso de que me tenía que conformar con lo que tenía porque siendo yo como era no podía aspirar a nada más.

Pedir ayuda es imprescindible

Hay esperanza

Lo primero que hice fue hablar con un par de amigas que no sabían nada de todo esto (estoy hablando de cuatro años, no sé si se hacían las locas o soy una espía estupenda) y me recomendaron libros de autoayuda. Por suerte no les hice caso y acabé en la consulta de una psicóloga, donde pasé año y medio superando esta historia. Os aseguro que aquella mujer se merecía cada euro que invertí en sus sesiones porque logró lo que yo pensaba que era impensable: recuperé mi autoestima, aprendí a decir que no y me alejé para siempre de aquel chico y de su toxicidad.

Aprendí a quererme como soy (hay cosas que tengo que limar pero ¿quién no tiene algo que cambiar?) y aprendí a dejar claro a los chicos que vinieron después lo que esperaba de ellos (a mi marido le asusté en la segunda cita diciéndole que yo no quería más rollos, que buscaba un novio serio y que o lo tomaba o lo dejaba pero que no iba a jugar más a ese juego).  Aprendí que si alguien se avergüenza de ti no merece estar en tu vida. Aprendí que la manera de vencer el maltrato es hablar de él y sobre todo aprendí que da igual si su intención es o no es hacerte daño: si te duele, protesta, rebélate y no cedas.

Mucho ánimo a todas las mujeres que al leer este texto se hayan sentido identificadas. Sabed que hay salida y que hay mucha gente dispuesta a echaros una mano pero tenéis que contar lo que os sucede. Recordad que el teléfono contra el maltrato es el 016 y que no deja huellas en vuestra factura. Vais a estar a salvo. Os merecéis estar a salvo. Y sobre todo os merecéis ser amadas por alguien con quien el amor sea fácil y no una lucha día a día. Lo sé porque lo vivo desde hace unos años y porque hoy soy feliz.

Imágenes vía Pixabay

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Este post ha sido escrito por una colaboradora puntual de Mujeres y Madres Magazine. Aquí os damos voz para que la vuestra llegue lejos.
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22 COMENTARIOS

  1. Me alegro que te dieras cuenta y que pudieras salir de esa relación que tanto daño te hacía. Supongo que desde fuera se ve muy claro pero vivirlo desde dentro tiene que ser más complicado de lo que parece y debe costar darse cuenta de lo que pasa así que, enhorabuena por haberlo logrado!

    • Gracias, la verdad es que me animé a compartirlo por si a alguien le servía. Yo misma me percaté de lo que estaba pasando tras leer testimonios similares. Fue como ‘vaya, esto se parece mucho mucho a lo mío”.

      Gracias por tus palabras

  2. Ufff, la verdad es que lees cosas así y se te encoge el corazón.
    Yo tuve una relación tóxica hace años. La verdad es que me sentí anulada, sola y por más que la gente de mi alrededor me decía que lo dejara, yo me aferraba. Hasta que llegó el día en que al mirarme al espejo comprendí que eso no podía seguir igual.
    Intenté que nuestra relación funcionara, pero él ya tenía los ojos en otra persona. Ya había exprimido todo el jugo que podía sacar de mi y después de engordar 40 kilos, decidió que era momento de dejarlo. Me dejó él, pero el día que lo hice me sentí liberada. Me sentí mejor. He tardado años en perder todo lo que cogí y mi autoestima sube y baja con mi estado de ánimo, pero parece que poco a poco recupero la persona que fui.

    saludos

    • ¡Es que es eso! Da igual lo que te diga la gente, yo estaba convencida de que era una fase transitoria y que al final encontraríamos el amor juntos, y todo funcionaría, solo que nunca funcionó y cada vez quedaba menos de mí para vivir la vida.

      Mucho ánimo en la recuperación de la autoestima, compañera. Es un trabajo duro y sigue cada día. A mí aún me fallan las fuerzas a veces y eso que como cuento en el post esto me sucedió hace años 🙂

      Un abrazo!

  3. ¡Valiente! Tantas mujeres con historias de amor tóxicas que se van torciendo y pueden acabar en malos tratos psicológicos y físicos… Nosotros, los padres y madres, tenemos en nuestra mano intentar educar a nuestros hijos e hijas en el respeto a sus parejas, sean de una noche, de unos meses o para toda la vida, y sobretodo, recordarles cada día que son únicos y especiales.

    • Gracias! Es fundamental el apoyo de los padres, y del entorno. Saber que te van a seguir queriendo por mucho que te equivoques, y que te van a acoger con amor cuando rompas la relación es fundamental para poder superarlo.

  4. He tenido cerca algún caso y es tal cual lo cuentas. Esta es una de las cosas que me dan pánico que le pasen a mi hija, por eso creo que es muy importante trabajar día a día en fomentar su autoestima, aunque la adolescencia conlleva sus peligros propios hagamos lo que hagamos los padres. Enhorabuena por tu valentía a la hora de contar tu historia y enhorabuena por ser tan fuerte como para dejarte ayudar. Un besico!

    • La autoestima es fundamental. Y mostrarte disponible pero sin echar broncas. Que tu hija sepa que vas a estar ahí incondicionalmente es muy importante para poder salir de este tipo de situaciones.

      Gracias por tus palabras, un beso!

  5. El problema es que esta historia no se considera tan grave porque el maltrato es sin golpes. Yo conozco a amigas relaciones así y siempre se piensa que ese enganche es por un amor loco o ciego cuando en realidad hay mucho más por detrás que no es amor precisamente. Te aplaudo, por contarlo, pero sobre todo por haberlo dejado. Pregunta y si quieres no respondas: ¿aceptó la ruptura sin acosarte? Besos!!

    • Ese es uno de los factores que me ha llevado a contarlo. Parece que si no te pega todo va bien y no es así. Yo estaba en un mundo en el que estaba cada vez más aislada y cada vez tenía más ganas de no ser yo y de ser cualquier cosa que aquel chico quisiera que fuera.

      Él aceptó la ruptura fatal, el día que le dije que no quería volver a verle vino a mí en plan Ryan Gosling, me prometió el oro y el moro, me dijo que era la mujer de su vida. Después de cuatro años de relación me costó un montón cerrar esa puerta porque lo que me dijo era lo que llevaba años esperando oír. Mi psicóloga me lo advirtió de antemano, pero también me advirtió que por mucho que me prometiera no iba a durar. La gente no cambia, y esta es otra de las cosas que aprendí de aquel duro periodo.

    • Gracias 🙂 Ahora con la distancia todo duele menos. Recomiendo a todo el mundo que ante la menor duda hablen con especialistas, es fácil caer en esa espiral si no andas muy alta de ánimos.

  6. Has sido muy valiente al contar tu historia, yo creo que a muchas personas les servirá para darse cuenta de que pidiendo ayuda y contando lo que les sucede se puede salir de esa situación, y que sepan que no están solas y que puede conseguir ser feliz. Me alegro muchísimo de que abrieses los ojos, de que pudieras salir de esa relación, y de que hoy seas feliz. Un abrazo!!

    • Contarlo es fundamental, porque la gente de mi entorno me veía cada vez más triste y más hundida y hasta que no pedí ayuda no pude comenzar a ver la luz. Gracias por tus palabras, un saludo!

  7. Gracias por contar tu historia. Yo podría haber escrito muchos de estos párrafos, me he sentido muy identificada contigo. Estuve más de cuatro años saliendo “en secreto” con mi mejor amigo. Él nunca llegó a decirle a nadie que estaba conmigo. Cuando estábamos solos me hacía sentir muy especial, pero en general, fue un machaque continuo de autoestima. A diferencia de ti, yo no consulté con ningún especialista y, a día de hoy aunque soy feliz con mi marido y mi hijos, aún arrastro mi sentimiento de culpa por haberme dejado maltratar de esa forma.
    Un abrazo!

    • ¿Culpa de qué? Nada de lo que sucedió fue culpa tuya. El camino para superarlo pasa por aceptar que fue todo culpa del maltratador, que pudo haber elegido hacerte feliz, hacerte sentir especial y decidió esconderte y acabar con tu autoestima. Me alegro de que tú también lo superaras, pero si ves que no estás tranquila contigo misma busca ayuda, tienes derecho a ser feliz por completo y a dejar atrás el daño que te hicieron otros en el pasado. Es por tus hijos pero es sobre todo por ti.

      Un abrazo muy grande, compañera 🙂

  8. Paulo Coelho, reseña en un fragmento de su libro: “Once Minutos”.

    “Durante toda mi vida he entendido el amor como una especie de esclavitud consentida. Pero esto no es así: la libertad sólo existe cuando existe el amor.”

    • Sí, pero no hay que olvidar que la libertad es un derecho irrenunciable, no puedes dejarla en manos de otra persona por mucho que la quieras.

      Un abrazo!

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