miércoles, octubre 20, 2021
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Operación Trikini

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Existe la falsa creencia que el mayor sueño de cualquier mujer es encontrar un hombre comprensivo y cariñoso que la quiera. Craso error. El sueño de cualquier mujer es, sin duda, comer todo y cuanto quiera sin engordar. Todas, en algún momento de nuestras vidas, hemos tenido una de esas amigas que devora a todas horas comida hipercalórica sin que eso le impida lucir un palmito espectacular. Yo me topé con una de ellas en mis años de universidad y ni os podéis imaginar la repercusión que tuvo en mi vida que me revelase que ella antes pesaba veinte kilos más, pero que, como consecuencia de un cambio metabólico y sin hacer ningún esfuerzo por conseguirlo, comenzó a adelgazar y, desde entonces, daba igual lo que ingiriese, que no salía de su talla 36. Y así vivo, desde los 18 años, esperando levantarme un día por la mañana y que mi metabolismo trasmute y me permita ponerme tibia de pizza sin que eso repercuta en mis cartucheras. Ya os digo que, hasta ahora, no lo he conseguido. Aunque como la esperanza es lo último que se pierde, yo no me desanimo.

Mientras tanto, me aplico en todo tipo de estrategias para mantener a mi agradecido organismo bajo control. Porque sí, mi cuerpo es tan sumamente agradecido, que decide quedarse con todo lo que ingiere y sacarle el máximo provecho posible. Así que, aunque no soy especialista, a base de contar calorías durante años y hacer todo tipo de dietas -sin demasiada convicción la mayoría, todo hay que decirlo-, creo que tanto esfuerzo debe convalidar casi como un grado de nutrición. Y en todo este tiempo ¿qué he aprendido? Pues que o me lo tomaba con humor o, como intentase luchar contra este cuerpo de diosa de la fertilidad, heredado por vía materna, sólo con constancia y hábitos saludables, acabaría hundida en la miseria.

Vamos a desdramatizar que no quiero que nadie se me amargue en plena Operación Trikini (que es como la del bikini, pero rizando el rizo). Porque sí, en estas fechas, buena parte del hemisferio norte trata de bajar de peso pensando en exhibirse espectacular este verano (con trikini o sin él). A estas alturas de marzo confluyen los esfuerzos de «las previsoras marisabidillas» que la iniciaron al término del pasado verano -y que probablemente sean precisamente las que menos lo necesiten-; «las responsables«, que se pusieron a ello tras los excesos navideños; y «las optimistas«, que han calculado que tres meses a buen ritmo compensarán los previos de desmanes. Todavía queda un colectivo más, el de «las ilusas» que decidirán cerrar la boca a finales de mayo convencidas de que el milagro es posible. Estas, como yo con mi metabolismo, que sigan esperando.

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Pero es que, seamos serios, estar a dieta es muy cansado y cansino. Para las que como yo, además, tienen constancia cero, el verbo estar se convierte en vivir y ahí no hay quien levante cabeza, vives en un bucle infinito: comienzo dieta, incumplo dieta, abandono dieta… pero todo esto en un micro espacio de siete días. Y así semana tras semana, mes tras mes. Cualquier día es bueno para arrancar un plan de alimentación sana pero los lunes de principio de mes se llevan la palma.

El problema  es que, de la misma forma, cualquier pretexto es bueno para darse un capricho: un cumpleaños, una celebración, la visita de esos amigos que hace tiempo que no ves, una cena con invitados, que hace sol y en la terraza te ponen patatitas, que a tu hijo no le gusten las croquetas y no se puede tirar comida, que tienes que probar el queso para ver si resultará fuerte para el peque, que alguien se dejó media tostada en el plato de desayuno… ¡en fin! ¿Qué os voy a contar yo que vosotros no sepáis?

Y así, licencia a licencia, descubres que, a pesar de llevar toda la semana comiendo filetes y pescado a la plancha, de añorar los hidratos hasta querer llorar, de sentirte una rumiante a base de tanta ensalada, de que te rujan las tripas en la cama -porque no hay que acostarse demasiado saciada-… tu pesas lo mismo, si no más.

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Y claro, ahí es cuando haces balance y descubres que sí, estás siendo la mar de rigurosa en tus cinco comidas, y sí, nadie puede engordar comiendo lo que tu comes…  ¿Qué piensas? ¿Qué lo que ingieres sin estar sentada a la mesa/a escondidas/en grupo/en la oscuridad del cine/mangado del plato ajeno/encontrado en tu bolsillo… no engorda?

Entonces toma nota de uno de los pocos consejos serios que te voy a dar yo aquí,¡apunta!: si haces dieta y no adelgazas anota durante una semana todo lo que comes durante un día -las horas, la circunstancias, la cantidad…- y adquirirás verdadera conciencia de lo que realmente te alimentas.

No es por ponerme seria, las que me seguís en las redes, alguna vez me lo habéis oído decir. Como persona que sí ha hecho dieta en serio y sí ha logrado adelgazar los kilos que se propuso en un momento determinado, os puedo decir que hacer dieta es un estado mental y que, como para todo, uno tiene que estar preparado y concienciado. Como cuando decides dejar de fumar. De lo contrario, lo único que conseguiréis con vuestras privaciones es no aumentar peso -lo cual en según qué circunstancias ya es un logro-, frustraros a ratos y desarrollar una serie de paranoias dignas de estudio.

Si habéis estado alguna vez en vuestra vida a dieta seguro que reconocéis algunos pequeños síntomas de enajenación transitoria, como lavar los vaqueros solo cuando es estrictamente necesarios para que no nos aprieten; subir a la báscula, bajar, subir, bajar, subir con el bote de champú de un litro en la mano, bajar, subir sin el… como si la calibrases, y repetir la operación hasta que te de el peso que deseas porque esos cochinos 300 gramos arriba o abajo marcan la diferencia entre que tu día sea radiante o que te pongas la cara de perro para toda la jornada.

¡Ay sí! Esos 300 gramos son siempre claves. Son los 300 gramos de los que culpas a que tu vejiga está llena, que has tomado mucho líquido en el desayuno, que estás con la menstruación… De hecho, si no has hecho una «evacuación sólida» ¡incluso te concedes restarte medio kilo!

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Después están los productos dietéticos o «tolerables» y todo ese falso ideario que cada cual se crea en torno a ellos. El más conocido, sin duda, acabar la copiosa comida con un café con edulcorante -¿en serio? ¿sacarina?-. Pero hay más: acompañar la hamburguesa con Coca-Cola Ligth o elevar a rango científico esas teorías que compatibilizan la ingesta de una onza de chocolate negro al día con la pérdida de peso. Que no digo yo que no sea cierto… pero ¡una onza! y como única licencia, que nos conocemos y no vale devorar la tableta por muy alto porcentaje de cacao que tenga el manjar.

Ya no te digo si combinas la onza con otros productos pseudodietéticos. Da igual que se apellide integral, el pan tostado es pan, y punto; y no importa que las tortitas de maiz con sabor a queso las comercialice Biocentury porque una, quizás, sacia el hambre sin graves consecuencias… pero lo mío es abrir un paquete y no parar hasta acabarlo… ¡Cómo pueden estar tan ricas!.

Ni que decir tiene que, por si tenías alguna duda, comer alimentos verdes en sí mismo, no implica una pérdida de peso. Las ensaladas de lechuga son hipocaloricas siempre que no las acompañes de kilos de atún, trocitos de pollo empanado, lascas de bacon, cebolla crujiente, taquitos de queso, aceitunas, un generoso aliño… ¡vamos! Cualquier tipo de alimento sospechoso de ser sabroso y de aportar algo de «chicha» a tanta hierba.

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¡Ah! Y la fruta… ¡que no se me olvide la fruta y sus paradojas!: las fresas son de las que tienen menos calorías… siempre que no las acompañes de nata, claro está.

Si eso en otra ocasión, hablamos de los beneficios del ejercicio físico y de estrambóticas dietas imposibles, porque el tema da para un auténtico tratado.

María L. Fernández
Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.
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16 COMENTARIOS

  1. ¿El primer párrafo lo has bordado! Los demás también pero ya me iba sintiendo culpable… Porca miseria, a los hombres no se les exige tanto estéticamente hablando! No es justo! Si un tío tiene barriguita es la curva de la felicidad, si la tenemos nosotras es que no nos cuidamos. Ay con lo que me gusta comer jaja! Pero no he hecho dieta en mi vida y no pienso empezar ahora, como mucho no comer guarradas, pero más no. Además tampoco aguanto más de un día sin galletas 🙂

    • Dicen en mi tierra «O palleiro non se fai sen palla» (El pajar no se hace sin paja) Yo también soy de las que me gusta comer, y cada vez más!!! Así que lo mejor es tomárnoslo con humor y esperar a que nos cambie el metabolismo

  2. Yo como lo q me apetece, y solo me engorda el culo. Pero no suelo variar de peso. Pero es cierto eso de q la semana q haces dieta, llega el finde y surge un cumpleaños, u otra situación q te echa al traste el esfuerzo de la semana. Soy más de hacer ejercicio q de dieta , no tng ni idea de calorías ni perseverancia…. Bss

    • Perseverancia… esa palabra es «pro» en el mundo de las dietas… Si yo comiese lo que se me apetece… el culo, las caderas, los muslos, ya te digo que mi cuerpo es agradecido todo por igual. Besos

  3. Puff, yo llevo años sufriendo…que si gym que si comida sana…A mi por un disgusto grande (muy grande) me cambió un poco el metabolismo, lo justo para perder en un mes casi 10 kilos, y ahora como no me atrevo a confiar en ese cambio sigo machacándome.
    La verdad es que yo soy de las que se controlan todo el año, y también he descartado de mi alimentación patatilla, bollería industrial, etc., lo que no implica que de vez en cuando peque.
    Lo mejor es sentirse bien contigo misma y eso es muy muy complicado, sobre todo cuando vas a comprara y el tallaje no se ajusta a la realidad o te venden súper mujeres retocadísimas que están súper estupendas a las 50 años.
    En fin…yo lo único que quiero es que salga pronto el sol para camuflar mi blanco nuclear.
    Saludos!

    • Pues totalmente cierto, lo importante es sentirse bien con uno mismo, da igual el peso, el físico o lo que sea… Por eso esto de las dietas hay que tomárselo con humor y relativizar, que bastante miserias hay en el mundo como para que nosotros nos preocupemos por un poco de sobrepeso. Medio mundo pasando hambre y el otro medio tratando de adelgazar. Si lo pensamos así da hasta vergüenza decirlo. Mundo de contrastes

  4. buenisimo! Yo q soy de metabolismo agradecido… Y lo q me gusta comer. Tengo una compañera de trabJo que hace dieta para engordar, tomando batidos hipercaloricos, y en cuanto deja de hacerlo adelgaza… Por que es todo taaaaaaan injusto?

    • Manute Bol fue durante mucho tiempo -finales de los 80 principios de los 90- el jugador más alto de la NBA. Era un filusmí y seguí una dieta de engorde a base de hamburguesas… son esos datos ridículos que te quedan grabados a fuego desde la infancia. Te imaginas lo que sería eso? Seguro que tu compañera no lo ve igual, pero visto desde fuera da mucha envidia!!!!

  5. Sabes lo que es toda la mierda de vida vigilándome???? Pues eso……y lo,peor es ver que tu Sr. esposo, el 12 libras le llaman come lo que le da en gana y nada…… Nunca sube de los 60 kilos……coma lo que coma…..beba lo que beba…. Y encima para rizar el rizo evacúa a la perfección….

    Muero por la pasta, el chocolate y lejos lejos……. Ahora hago un spint, desde marzo a verano…. Ni claras, ni helados, ni na de na…..

    Que triste es la vida de las tendenciosas a engordar.

    Un placer leerte

    • Bueno, bueno… lo que no cuentas es que tu señor esposo quema todo lo que come y mucho más, no? Si casi es un deportista de elite!!!!! Pero sí, tienes razón, es una caca que todo nos siente tan bien. Y yo por el chocolate no muero -me gusta, sí, pero podría pasar sin él-, pero por la pasta: MA-TO! Besos

  6. …Pufff…me ha resultado fatigoso leerte, no por que al texto le falte ritmo, el tema esté caduco o no me interese (no pongo límites a la conversación)…imagino que la única y absoluta razón es la de no haber tenido que plantearme nunca el hacer dieta o someterme a un test de peso…en algo tenía que acompañarme la madre naturaleza.…No obstante le traslado la lectura del post a mi madre, que seguro que suelta: Ay hija, el que no es listo para comer no es listo pa nada….Saludos Merak.

    • ¡Aja! ¡Sal del armario! ¡Revélate como lo que eres!! Eres de ese grupo al que la madre naturaleza ha dotado con el ansiado don de comer sin engordar. ¡¡¡Pillina!!! No sigas hablando, por dios! que muero de envidia!

  7. ¿Tú también eres de las que hasta el aire les engorda? somos una lacra para esta sociedad. u límite de 300 gramos de margen con la báscula ¡yo lo he aumentado a un kilo! La operación bikini,ni trikini, no me han obsesionado nunca porque he sido de bañador discreto desde niña, pero el tema del exceso de peso es una jodienda.Y encima, mi marido es un insecto palo, que come el triple que yo y adelgaza hasta en navidades. ¡Me quiero morir! Bueno, mejor me doy un mini atracón de chocolate para que se me pase el deliro.

  8. Pufff las dietas, la operación bikini, la maldita genética y todas esas cosas… Me cago en todas ellas!! Jajajajajaja
    Yo llevo tiempo diciendole a mi madre que hubiera preferido medir metro y medio como ella y ser delgada como mi padre y no al revés, 1’70 y regordita…
    De hecho, siempre intento vigilar mi peso (no coger más de lo que ya llevo!) pero desde que estoy embaraza ando despistada y a veces mi marido se rie de mi y me recuerda que tengo «un bollito» dentro jajajaja Se me va la pinza xD
    Ah! Yo tambien he tenido amigas que comen y comen y de verlas engordo yo por ellas… Que perris! Jajaja

  9. […] inicié con mi marido una dieta. Mejor dicho, una reeducación de mis hábitos alimenticios que me llevó a perder 15 kilos y verme mucho mejor incluso que con 20 años. No fue librarme de los kilos, fue librarme de los […]

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