Cómo optimizar la batería del móvil

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Al principio los queríamos con mucha cobertura, luego nos preocupamos por su autonomía, después lo importante es que fuesen chiquititos y ahora… ahora en nuestros bolsos y bolsillos portamos teléfonos móviles de última generación que cuadriplican la potencia del Apollo Guidance Computer, el procesador espacial que llevó al hombre a la luna. Que un teléfono móvil sirva para hacer llamadas casi parece lo de menos para un artefacto que en aproximadamente 5 pulgadas nos conecta con el mundo, nos permite tomar fotos y vídeo, leer libros, procesar textos, tratar imágenes…

Normal que, con tanto poder entre nuestras manos, cada vez que la batería del móvil decae por debajo del 5% nuestro sistema nervioso colapse. ¡Ay! La autonomía de los móviles, la puñetera batería que siempre flaquea en el momento más inoportuno, el talón de Aquiles de nuestros smartphones. Hoy os vamos a contar algunas cosas que quizás no sepáis sobre ellas y que os pueden ayuda a entender mejor cómo sacarles el mayor rendimiento posible.

batería del móvil

Potencia

Hace diez años podíamos pasarnos tres días sin cargar el teléfono y todavía teníamos batería para rato y sin embargo, ahora, a duras penas nos llega al final del día. ¿Qué es lo que pasa? ¿es que los fabricantes de smartphones no pueden mejorar las baterías al igual que hacen con otros componentes? Primer error. Las baterías móviles han mejorado -¡y mucho!- en los últimos años, el “problema” es que manejamos móviles cien veces más potentes y versátiles que los de entonces. De hecho, en la actualidad, las baterías de iones de litio (Li-ion) y su evolución de polímero de litio (Li-Po) son mucho más ligeras y pequeñas -¿acaso no recordáis cuanto pesaban antes aquellos “ladrillos”?- y encima algunas se cargan en poquísimo tiempo -hay dispositivos en el mercado que se cargan al 50% en apenas media hora-.

Capacidad

La capacidad de una batería, en términos de andar por casa, podríamos definirla como la máxima carga que pueden alcanzar. La cuestión es que, ni cuando salen de fábrica, las baterías son capaces de alcanzar el 100% de su capacidad -oscilan entre el 90 y el 100%- y, a partir de ahí, ese parámetro no hace más que disminuir. El tiempo, los ciclos de carga y factores externos como, por ejemplo, las condiciones ambientales, determinan que esa pérdida de capacidad de carga se produzca más o menos rápido.

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Así que, si cuando lo estrenamos, la batería de nuestro teléfono tiene un 98% de capacidad de carga, probablemente al año, no pase del 80. Esto quiere decir que cuando está a tope de carga realmente está al tope de su carga posible en ese momento, es decir, casi un 20% menos que cuando era nuevo. Es a lo que solemos referirnos cuando coloquialmente decimos que la batería del móvil está “viciada”. No es que cargue mejor o peor, es que su capacidad de carga, el máximo que puede “almacenar”, ha disminuido.

Una forma fácil de saber cuándo ocurre esto es comprobar si nuestro móvil carga cada vez más rápido, porque eso querrá decir que hay menos “energía” útil que activar.

Ciclo de vida

Todas la baterías, incluidas las de los móviles, comienzan a degradarse desde el mismo momento en el que acaban de fabricarlas. La vida de una batería convencional puede oscilar entre los 300 y los 4.000 ciclos completos de carga, entendiendo por ciclo completo las cargas que suman el 100%. Eso quiere decir que un ciclo es cargar tu teléfono de 0 a 100 en una tacada, pero también lo es cargarlo de 0 a 20 y de 20 a 80% en dos veces.

De 300 a 4.000 ciclos hay una horquilla muy amplia en una misma batería y acercarnos a ese parámetro máximo depende de muchos factores pero, uno de los más significativos es nuestro hábito de carga. Si hacemos ciclos amplios -de 0 a 100%- apenas llegaremos a los 300 o 400 ciclos. Si los hacemos del 50% nos ponemos en más de 1.200; si son de 10%, superaremos los 3.000, y así sucesivamente.

El ciclo de vida de un teléfono depende de las recargas, pero también de otras cuestiones como la temperatura. Las temperaturas extremas merman la capacidad de carga de un móvil -hay estudios que apuntan que, por encima de los 40º una batería pierde en un año el 35% de su capacidad y un 25% con temperaturas muy bajas- y aumentan el tiempo que tardan en cargarse.

¿En qué “se nos va” la batería?

Por este orden, los componentes (hardware) del teléfono que más batería gastan son la pantalla, el procesador y la conexión WI-FI:

  • Pantalla: Cuanto más grande y más brillo tenga, más consume.
  • Procesador: Cuanto más potente sea y más núcleos tenga, más consume.
  • Conexión WI-Fi: Cuanto más uso de conectividad hagamos, más consumo.

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En el caso del software, tanto el sistema operativo que utilices como el tipo de aplicaciones influyen en el consumo de tu batería. En el caso del primero, tener instalada la última versión hace que optimices el gasto; si de lo que hablamos es de apps, las que más consumen son las que necesitan estar conectadas a una red de datos para funcionar. El problema es que no resulta tan evidente tomar conciencia de cuáles son. De hecho. las que están en segundo plano, pero generan continuamente un feedback, en forma de informes, notificaciones, actualizaciones, análisis internos, localización por GPS… son las responsables de que, según un estudio, casi la mitad de la batería que consume nuestro móvil lo haga en reposo.

Cómo mejorar las prestaciones de tu batería del móvil

En función de todo lo anterior, te ofrecemos algunos consejos para mejorar las prestaciones de la batería de tu móvil. Fijaos que muchas hacen referencia al proceso de carga, que es uno de los principales condicionantes de la vida de la batería:

  • Ya no es necesario hacer una carga completa la primera vez que lo usamos, ni dejarlo descargar del todo antes de ponerlo a cargar de nuevo. Tampoco se requiere cerrar las apps que no estamos utilizando, ni apagarlo cuando no se usa, ni desenchufarlo cuando llega al 100% de la carga, porque cuando esto sucede, la batería se desconecta y la corriente va directamente al móvil, con lo que no se degradará si la dejamos enchufada.
  • Las baterías se degradan con mayor rapidez si no las utilizamos, así que si vamos a pasar un tiempo sin usar un móvil, mejor dejarlo a mitad de carga que no totalmente descargado o al completo.
  • La temperatura ideal para cargar un móvil es entre 10 y 30º, así que si venimos de la calle, de un ambiente muy frío, antes de empezar el proceso de carga conviene esperar un poco.
  • Cuando aumenta la temperatura, la batería del móvil se descarga con más rapidez. Algunas de las causas que pueden producir ese aumento de temperatura son, evidentemente, atmosféricas, pero también el uso intensivo del procesador que requieren algunas aplicaciones.
  • En contra de la creencia popular y de lo que sucedía hace un tiempo, no debemos dejar que las baterías lleguen a descargarse antes de ponerlas a cargar de nuevo. De hecho, no deberíamos esperar a que bajen del 20%. Con el uso que les damos y las prestaciones que tienen actualmente los móviles, un buen hábito es el ciclo nocturno de carga, es decir, cargarlas mientras dormimos
  • Ajusta el brillo de la pantalla a lo mínimo necesario.
  • Los juegos y vídeos hacen un uso intensivo del procesador, así que consumen mucha más batería. Además, también suelen requerir una mayor resolución de pantalla y eso igualmente gasta más batería.
  • La subida y descarga de datos, las webs con contenidos multimedia, las videoconferencias o el streaming requieren una gran capacidad de conectividad y ello aumenta el consumo de la batería.
  • Por el mismo motivo, apaga el bluetooth o el servicio de búsquedas continuas de redes WIFI.
  • Cuando no las uses, cierra las apps que necesiten una actualización constante o estar siempre conectadas a la red para funcionar. Desinstala aquellas que traiga el teléfono por defecto y no uses.

Imágenes: Pexels y Pixabay / Infografía: Cadex

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Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.

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