Paco Llongueras

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Por Con M de Mamá

Paco es un tío sufrido, de esos que le ponen voluntad y empeño a las cosas, pero que no siempre obtienen resultados proporcionales ni a su voluntad ni a su empeño.

Y básicamente, ése podría ser el resumen de la época en la que la Sole tenía que salir de casa antes que él para ir a trabajar, y en la que él se encargaba de sus tres churumbeles en horario pre colegio: desayunos, vestimenta y sesión de peluquería…

Los desayunos estaban tirados. Primero porque su parienta dejaba la mesa preparadita con sus tazas, su colacao, sus magdalenas y sus cereales antes de irse, no por falta de confianza sino por costumbre absoluta; con lo que los niños sólo tenían que sentarse y zampar.

Los almuerzos estaban preparados en la nevera de la noche anterior, así que era tarea fácil: repartirlos y a las mochilas. Además, en esa época aún no se llevaban estas moderneces que imponen ahora las maestras de “día de la fruta”, “día del lácteo” o “día de los pepinillos en vinagre con ketchup y ajoaceite” (que todo se andará).

El tema ropa, idem eadem idem. Vamos, que la Sole dejaba los conjuntos de chándal y deportivas más que preparados. La única dificultad radicaba en distinguir cuál era para cada uno, pero de eso ya se encargaban los retoños, que por supervivencia pura y miedo al ridículo, habían desarrollado autonomía hasta decir bastante.

Ahora, cuando llegaba el momento pelos… Aquello era digno de ser grabado y premiado. Tamarafalcó, al tercer día, con tan sólo 5 añitos, le dijo:

– Deja papá, que yo ya sé hacerme la coleta sola.- Después de haber pasado dos días enteros con el pelo con más dunas que el desierto y de haber apestado a colonia tanto que no pararon de llorarle los ojos en toda la mañana…Tamarafalcó se dijo para sí “¡dos y no más!”.

Paco no entendía qué había hecho mal. Cierto que el peinado no le quedaba igual que cuando la peinaba su madre, pero oye, había conseguido a la tercera, ponerse el coletero entre los dedos y que no saliera volando, y luego todo había ido rodado: sujetar con una mano todo el pelo, conseguir meter la melena por el coletero – ¿Por qué narices se empeñarán en hacer los coleteros tan pequeños, leñe? ¡O meto los dedos o tu coleta!- E ir enganchando los mechones de pelo que habían quedado sueltos. Esto resultó ser inversamente proporcional al proceso de meter todo el pelo en el coletero de una vez; conforme enganchaba mechones por un lado, caían por otro. Así que después de tres intentos, decidió atar la coleta a pesar de los pesares. Tamarafalcó era la viva imagen de una fregona, pero Paco tenía solución para todo.

– Papá, pero llevo el pelo en la cara, y la seño no quiere que llevemos todo el pelo así porque molesta para trabajar.

– ¡Ya estamos con la seño tocapelotas! Espera que lo arregle, anda. ¡Como si nos sobrara el tiempo!

Paco cogió el bote de colonia y vació medio en la cabeza de su hija. Con las dos manos fue presionando ambos lados de la cabeza “arrejuntando” todos los mechones, y cuando estaba a punto de acabar, divisó una cajita llena de clips y hebillas de pelo. ¡ALELUYAAA! Ooooh happy daaaaay!!! (Whoppi Goldberg hizo la tentativa de aparecer y todo, pero se lo pensó mejor, no fuera a ser que le diera por querer peinarla).

Ahora sí que había triunfado. Empezó a poner ganchitos desde el lateral más cercano al ojo hasta el coletero, por ambos lados de la cabeza, y remató con otra fila de ganchos a modo de diadema. Tamarafalcó parecía la novia del “Neng de Castefa” en su mejor noche de fiesta, bueno, o un mostrador de peluquería. La niña se miraba horrorizada al espejo, porque además de parecer un expositor de hebillas, llevaba más bultos en el pelo que una ruta de montaña de máxima dificultad.

Su hermana Lorelaila no tuvo mejor suerte, y Javichu escapó a tiempo y se coló sin peinar en el ascensor al grito de “¡¡¡EZ TAAAADE!!!”. Se libró por los pelos, je je je.

Así que, cuando esta semana la maestra de Tamarafalcó les puso en clase un vídeo de esos con fotos de infancia y música sentimentaloide, de esos que tienen como propósito hacer llorar de emoción… Tamarafalcó lloró pero de vergüenza y cabreo. Y llegó a casa hecha un basilisco total y con un trauma nivel pro. Justo cuando Paco intentaba convencerla de que no era para tanto que su compañeros fueran a recordarla así para siempre, y que la culpa de todo era de sus dos maestras, una por obligarle a recogerse tanto el pelo y la otra por remover el pasado… Una voz un tanto peculiar, con un timbre entre agudo y ronco a la vez, que marcaba mucho las “L” dijo:

– PACOOOOO, PACOOOOO, ¿PERO CÓMO QUIERES QUE ESTÉ LA NIÑA, RICURA?? ¿Pero tú has visto La foto que está enseñándote? Si La fregona ViLeda tiene más glamour.

fregona

Paco ya no pegó un bote, ni tan siquiera se irritó demasiado… Simplemente se giró con curiosidad para ver quién era el personajillo que se le había colado esta vez.

– ¿Y lo de fregona me lo dices tú precisamente? ¡Mira hija, eso sí que es digno de foto! ¡Éste no podría entrar en tu clase! – Soltó Paco, señalando al señor de melena alocada y gafas semioscuras, y rematando con una carcajada.

Tamarafalcó, que como buena adolescente en potencia se empollaba todas las revistas habidas y por haber y seguía a todos los famosos del planeta en IG y Twitter, miró a su padre espantada.

– ¡PAPAAAAAÁ! ¡QUE ES LLONGUERAS! ¡NO TIENES NI IDEA!

– HoLa Tamarafalcó. Veo que tú sí me sigues y que entiendes de moda. TranquiLa, es normaL que tu padre no sepa quien soy. A éL Le interesa más eL fútboL.
– Oiga señor, sin faltar, a ver qué va a pasar con el deporte rey. ¿Qué usted es más de tenis, no? – Le espetó Paco, ahora sí, entre enfadado y hasta los anacardos de que todos supieran más que él.
– No te enfades tanto, Paco. Soy Lluís Llongueras, peluquero entre peluqueros. Y sóLo vengo a darte unas clases básicas para que cuando, en un futuro, tengas que peinar a tus nietas, pues pases de ser eL padre desastre aL abueLo moLón.
– ¿Pero qué me estás contando?  – Contestó Paco con una poker face que daba miedo.- Tamarafalcó, arreando que voy a abrirle la puerta al tipo éste que se piensa que es el de Regreso al Futuro, leñe ya.
– Mira, Paco, que no creas que esto Lo hago yo muy a menudo. Te aseguro que un Lavado y corte en cuaLquiera de mis peLuquerías no es precisamente barato, pero llevo años queriendo dedicar tiempo a La caridad y tú siempre me has dado esquinazo, que eres más escurridizo que una anguiLa, cariño. Y hoy, por fin te he pillado con La guardia baja.
– ¡FUERA! ¡QUE ME TENÉIS HASTA LOS ANACARDOS! – Definitivamente, Paco ya no estaba de humor. – ¡TAMARAFALCÓ, TANTO QUE SABES, ÁBRELE LA PUERTA AL PRIMO TONTO DE EMMETT BROWN A LA DE YA! Y QUE VAYA A PEINAR A SU SANTA MADRE.

El gran Llongueras no estaba acostumbrado a tanto desaire y poco glamour, pero aún así, insistió en su misión, porque ahora que se hacía mayor quería ganarse un asiento en zona VIP en el cielo, por si acaso existiera de verdad.

– Paco, Paco, Paco. Veo que eres un peLín tozudo. Si Lo prefieres, puedo dejarte un tutoriaL ahora que están tan de moda y que Los tienes hasta para hacerte Los nudos de la corbata, sólo tienes que…
– ¡AH! ¿QUE AHORA TAMPOCO SÉ HACERME NUDOS DE CORBATA?… – Paco cogió su móvil y marcó un número con tal fuerza que casi hace saltar las teclas del teléfono (no, aún no lo ha cambiado por uno táctil, que Paco tiene alma vintage) – ¿Es la policía…?
– ¡PERO PACOOO, QUE LA ESTÁS LIANDO PARDA, REBONICOOOO! – Llongueras no daba crédito, y no buscaba la cámara oculta porque sabía que en esto se había metido él solito.- Mira majete, aquí te dejo anotado el enlace por si tienes un ratín y quieres mirarlo. Me voy a casa de la Esteban que al menos ella me dejará que la peine gratis, y eso también da puntos y es igual de solidario.

Y Llongueras voló como Marty McFly en Regreso al Futuro, no fuera a ser que acabara entre rejas porque un cuarentón con mala leche y poco humor le acusara de allanamiento de morada.
Y Paco siguió hablando con el policía de guardia, que estaba alucinado escuchando a un tipo de mediana edad hablarle de hadas madrinas, menstruaciones con patas y peluqueros famosos, mientras anotaba datos y se los pasaba a la patrulla para que fueran a su casa, le hicieron el control de alcoholemia y soltaran los perros a ver qué sustancia tóxica encontraban escondida en los armarios o bajo el colchón.

Ese día Paco no vio el fútbol. Ahora, a su vecina la cotilla no le hizo falta encender la tele para ver el Sálvame.

FIN

Por cierto, aquí tenéis el tutorial que el gran Llongueras le dejó al gran Paco:

Este post es una colaboración de Noni Medina. ¡De nuevo mil gracias! Esta vez, Paco se ha superado. Podéis seguir todas tus hazañas en el blog “Con M de Mamá” de Noni, en el que Paco tiene sección propia 😉

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Este post ha sido escrito por una colaboradora puntual de Mujeres y Madres Magazine. Aquí os damos voz para que la vuestra llegue lejos.
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5 COMENTARIOS

  1. Qué grande Paco, y qué risa! Su espíritu poseyó a mi marido el año pasado cuando me rompí el brazo y por más que lo intenté no fui capaz de hacerle una coleta a mi hija (entonces de 4 años), ni siquiera de desenredarle el pelo, así que se tuvo que encargar él. Pobre cría, daba apuro verla, casi sin desenredar el pelo y con algo parecido a una coleta. Había días que la profe la peinaba ella, con eso lo digo todo. El vídeo del padre que hace la coleta con el aspirador ya se lo hice llegar a mi marido en su día, para que tomara nota…

  2. Es que me meo, juasjuasjuasjuas!!! Es que as venido a mi casa inspirate bonita? Estás describiendo a mi Paco, jajajajajaja! Las coletas ya he desistido de enseñarle como se hace, hemos estado practicando el modus operadium, “cómo poner un clip” y con eso ya vamos apañados.
    Sois geniales blogueras!

  3. Yo soy tu Paco.. Mis hijas llevan las dunas del Sahara en la cabeza. Y lo peor, es que intento convencerlas de
    que un moño despeinado, un cometa mal hecha.. Son lo mas in del momento!!

  4. Paco, paco, paco, nuestro paco, paco pa!!!!
    Me parto con este hombre que tiene un poco de cada uno de nuestros “pacos” particulares… El mío se ha empeñado en peinarle los rizos a la chica y sale siempre de casa a medio camino entre menina y rey león…. Es un placer tenerte por aquí!

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