Fuego, agua y tierra, más allá de lo sobrenatural

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¿Quieres dejar atrás todo lo que hay de malo en tu vida? ¿pretendes que se te revele quién será tu amor verdadero? ¿sufres de infertilidad? ¿acaso buscas protección y salud durante el próximo año? ¿o quizás aspiras a conjurar a la mala suerte? No, no nos hemos vuelto locas y esto no es ninguno de esos anuncios de un vidente televisivo, pero es que la noche de San Juan está a la vuelta de la esquina y con ella una retahíla de supersticiones capaces de tentar al más descreído. Da igual igual cuáles sean tus pretensiones, da igual que el escepticismo domine tu vida durante 364 días del año, da igual que invoques al mar, al fuego, a la tierra, a los dioses de la naturaleza o al bueno del Bautista, mañana es San Juan y toca creer. Creer en la magia, creer en los conjuros, creer en las meigas, que “habelas hailas…” 

fuego

Como otros tantos ritos paganos, la celebración del solsticio de verano -21 de junio- ha llegado hasta nuestros días revestida con el halo de una festividad religiosa que, sin embargo, ha sabido mantener mejor que ninguna otra el culto ancestral al fuego.

Un fuego purificador convertido en el auténtico protagonista de una noche en la que España se consume bajo las llamas de miles de hogueras. Preceptivo resulta saltarlas para dejar atrás todo lo malo que nos acechó en el pasado y encarar el año que se avecina libre de cargas y malos augurios. Si lo hacemos en pareja, además, aseguramos la sintonía entre ambos. El número de veces que debemos hacerlo varía en función de las zonas, al igual que los responsos que dotarán de mayor fuerza nuestra invocación de los sobrenatural. En cualquier caso, no hay mejor momento que este para dejar constancia en un papel de todo lo que queremos borrar de nuestras vidas y quemarlo esa noche.

hoguera

Y, como de lo que se trata es de pasar página, podemos lograrlo deshaciéndonos bajo las llamas de ropas viejas, muebles, papeles y todo aquello que rememore los malos recuerdos. En ocasiones, la transición es literal, así que los más osados pueden incluso escenificarla caminando sobre las brasas. Una tradición arraigada en algunos puntos de la península que, sin duda, resulta más divertida como espectador que como protagonista.

El fuego purifica, pero también sana, así que en otras zonas son las cenizas de estas hogueras la base para preparar ungüentos sanadores.

olas

El amor y la fertilidad también se invocan por San Juan con el agua como aliada. En puntos de la costa, las mujeres deseosas de ser madres “toman” las olas -nueve y de espaldas al mar- para aumentar su fertilidad. Pero no hace falta ser mujer y estar en disposición de procrear para beneficiarse de los efecto positivos de un baño que garantiza buena salud para los siguientes meses.

Si vives en el interior, no desesperes, porque en esa noche -y más concretamente en el momento en el que el sol ilumina las aguas- el caudal de ríos, fuentes y arroyos también adquiere poderes sanadores con capacidad para conferirnos la mayor de las felicidades.

El agua del rocío o aquella en la que durante toda la noche maceran plantas aromáticas supone el mejor elixir de belleza posible. Así que antes de entregarnos completamente a la fiesta -con las dosis de comida y bebida que eso suele acarrear por estos lares-, debemos tomarnos la molestia de recoger algunas cuantas hierbas  y dejarlas en agua, al rocío nocturno, para lavarnos la cara a la siguiente mañana.

planta agua rocio

Eso sí, después evita los espejos, pues mirarse en uno de ellos anula totalmente los beneficios anteriores. Es más, que una mujer lo haga desnuda, a la media noche o a la luz de una vela le permitirá conocer el momento de su muerte, algo que no sé a vosotros, pero a mi no me apetece en absoluto.

El origen de esta fiesta

En España, hablar de la noche de San Juan es hablar de hogueras, de magia, pero también de fiesta, de comida y bebida. Pero ¿cuál es el verdadero origen de esta celebración?

Las culturas paganas, coincidiendo con el solsticio de verano -21 de junio- celebraban precisamente el hecho de que el sol se encontrase en su momento álgido y de máximo apogeo. Esa fecha en la que el día se imponía sobre la noche pero en la que se ponía el punto de inflexión al ciclo, antes de que la oscuridad volviese a ganar terreno.

Precisamente con el fin de atraer la bendición del sol sobre tierras, animales y personas, pero también para prolongar la fuerza del astro rey, se encendían en este día hogueras.

También anunció el nacimiento de su hijo en encendiendo hogueras el padre de San Juan Bautista y en base a ello la fiesta se cristianizó con un hecho curioso pues la iglesia acostumbra a homenajear a los santos en el día de su defunción no, como en este caso, en el de su nacimiento.

De cualquier forma, la asimilación cristiana del rito pagano a través de la figura de Juan Bautista, contribuyó a reforzar la presencia e importancia del agua en esta tradición.

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Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.

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