martes, octubre 26, 2021
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Cómo prevenir que abusen sexualmente de nuestros hijos

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Estos días estamos conmocionadas con la noticia de una bebé de diecisiete meses que ha fallecido después de que un hombre le lanzase por la ventana y abusara sexualmente de ella.

¿Qué puede pasar en la cabeza de alguien para abusar sexualmente de un niño? ¿Y de un bebé? ¿Podemos hacer algo, como padres, para prevenir que este drama afecte a nuestros hijos?

Hemos oído muchos veces decir que el abuso sexual infantil es un problema relativamente frecuente del que solamente se conoce la punta de la pirámide, puesto que es una realidad casi siempre oculta. Oculta porque, en la medida en que es un delito perseguido por el Código Penal, el abusador va a intentar esconder cualquier prueba, o más exactamente, va a intentar acallar al único testigo de su delito: su víctima, el niño. También porque el propio afectado siente miedo, vergüenza o culpa ante los abusos, o un perfecto conglomerado de todas las anteriores que bloquean su capacidad de salir de la rueda en la que se puede ver atrapado.

Pero no se trata de caer en el alarmismo. Al fin y al cabo, en nuestra vida nos relacionamos con muchísimas personas cada día y lo normal es que las relaciones sean sanas. Lo excepcional es «lo otro». Eso no significa que sea infrecuente.

Por lo tanto, se trata de informar a nuestros hijos de una realidad y dotarles de la capacidad de reacción necesaria para acabar cuanto antes con esas situaciones en las que muchos veces el abusador se vale del «efecto sorpresa», de la inmadurez propia del niño para procesar lo que ocurre, de la culpa por participar en algo que siente como «sucio», del miedo a romper a la armonía familiar o a no ser creído, del chantaje o de amenazas.

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Entonces…

Qué podemos hacer para prevenir que abusen sexualmente de nuestros hijos

Hablemos con ellos de sexualidad, del cuerpo humano, de los tipos de caricias (la diferencia entre las simplemente afectivas o las sexuales). El sexo es vida y el cuerpo humano está hecho para sentir. Hablar con nuestros hijos de ello debe hacerse desde la naturalidad que supone, despojándolo de connotaciones que solo los adultos somos capaces de añadir.

Por supuesto, hay que adaptar la conversación a la edad y capacidad de comprensión del niño. Pero lo que está claro es que no les protegemos si utilizamos frases huecas del tipo «debes de hacer respetar tu cuerpo, las partes íntimas no se tocan». ¿Debes? ¿Cómo puede un niño hacerse una imagen mental de sí mismo imponiéndole un adulto el respeto por su propio cuerpo? ¿Creemos de verdad que esas palabras servirían para hacer que nuestro hijo reaccione en caso de que una persona a la que quiere / admira / respeta / teme intentara abusar de él? Si queremos que nuestras palabras no caigan en saco roto, tendremos que ser algo más explícitos.

¿Y qué es eso de que las partes íntimas no se tocan? Claro que se tocan, uno mismo cuando quiere y de forma espontánea a la edad que así surja. Y más adelante, se pueden tocar por otros siempre de mutuo acuerdo. Ésa es la clave. Lo que ocurre es que quizá esto es difícil de explicar/entender a según qué edades. Entonces, ¿cómo les contamos esto si son aún pequeños?

Como madre, una de las mejores formas que he encontrado para que capten ese mensaje es diciéndoles que existen dos tipos de caricias o mimos: los que nos hacen sentir bien, porque en cuanto los recibimos sentimos las ganas de corresponder a esa persona y los que nos hacen sentir raros y queremos que acaben o sentimos ganas de apartarnos. Necesitan saber que si eso ocurre, deben hacer caso a su instinto. Están en su derecho de apartarse y de verbalizar el rechazo que les provoca: «NO, eso no me gusta».

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– Los niños tienen que saber que son seres valiosos, importantes, que son los únicos capaces de decidir sobre su propio cuerpo y que cuando alguien les obliga a hacer algo que no quieren hacer, es esa falta de consentimiento la que está mal, la que conculca sus derechos, y no las caricias en sí. Debemos evitar a toda costa acabar favoreciendo una construcción destructiva en su mente del sexo, de los genitales o del placer sexual, con la buena intención de prevenir los abusos sexuales. El sexo no es sucio, la instrumentalización de un niño para obtener placer sexual, sí lo es.

– Tienen que conocer expresamente que esos abusos y/o intromisiones en su esfera personal/corporal no consentidas pueden llegar de alguien querido y que ese alguien puede utilizar distintas técnicas para convencerle que debe ceder ante lo que le pide: chantajes, castigos, amenazas, secretos… Es vital que les hagamos entender que nadie puede obligarle a mantener un secreto sobre su propia vida y su cuerpo. También es conveniente que sepan que otro niño de su misma edad o mayor que él puede intentar abusar de él y que debe reaccionar exactamente de la misma forma que ante un adulto. Con rotundidad y sin miedo.

– Les tenemos que decir que nos interesa conocer cualquier actitud que les haya hecho sentir mal, que jamás vamos a dudar de su palabra ni vamos a considerar que tienen la culpa de lo que haya podido ocurrir. El responsable siempre es el que prescinde de su consentimiento, el que viola sus derechos. Y nosotras lo sabemos.

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– En determinadas publicaciones se señala también el estilo o modelo parental como obstáculo o coadyuvante en la prevención de los abusos sexuales en la etapa infantil. De este modo, en el caso de modelo de crianza autoritario, los niños se acostumbrarían a no cuestionarse las órdenes de los adultos por «obediencia ciega», de forma que estos adquirirían patrones de indefensión frente al maltrato. En cualquier caso, es evidente que en los hogares en los que se valora la opinión del niño y se refuerza su autoestima, se fomenta a la vez su capacidad asertiva y sus posibilidades de enfrentarse a un abusador llegado el caso.

Hablemos con nuestros hijos mucho. Fomentemos la confianza, el diálogo. De vez en cuando, debemos buscar conscientemente hablar del tema… De nuevo. Porque cuando son preguntados directamente sobre los abusos, las víctimas rara vez los niegan. Lo realmente duro para ellos suele ser romper la barrera del silencio. Esto sigue siendo «prevención» porque buena parte de los abusos son continuados, por lo que si rompemos la cadena, estamos impidiendo que se repitan.

– Como apoyo a nuestras palabras, o quizá para iniciar las primeras conversaciones es importante conocer que existen cuentos o libros infantiles que tratan de acercar esta realidad al niño adaptándola a su capacidad de comprensión, poniendo nombre a los sentimientos que un (intento de) abuso pueden generar en él, e incluso dotándole de ciertas herramientas. De la extensa bibliografía que hay al respecto, yo encontré en la biblioteca pública de mi ciudad los siguientes:

  • Marta dice ¡no!
  • Aprende a cuidarte
  • Abusos sexuales, ¡no! (descatalogado por el editor)

He leído los tres con mi hija mayor, y el que más le caló fue el primero porque el personaje de Marta está muy bien descrito a nivel emocional, de modo que se consigue el efecto «identificación/asimilación» que es tan importante en este tipo de lecturas.

Aquí podéis descargaros gratuitamente el libro Ojos Verdes de la Fundación ANAR y también me han recomendado el proyecto Estela grita muy fuerte que se trata de un cuento acompañado de una guía didáctica.

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Como siempre con la maternidad y paternidad tenemos que tener claro que no hay recetas mágicas. No se trata de coger estos «tips» o consejos, sentarnos una tarde con nuestro hijo para ponerlos todos en práctica e ir tachando ítems como si se tratara de una check-list. Ningún libro ni ninguna conversación aislada pueden actuar como una vacuna frente al abuso sexual infantil.

Todos los consejos anteriores deben enmarcarse en el modo concreto en que educamos a nuestros hijos. Por lo tanto, en el día a día y desde los pequeños gestos y/o conversaciones, tenemos que ir reforzando su personalidad y apuntalando en ella los valores de convivencia que defendemos: el respeto a los demás, a la libertad de cada persona es capital. De nada sirve decirle que «respete su propio cuerpo» si les forzamos a dar besos o abrazos a otras personas (sean quienes sean) o si por ejemplo, pega a un compañero que le ha insultado previamente, y le alentamos con un «bien hecho, hijo, se lo tenía merecido». ¿Pero es que el cuerpo de mi amigo no merece respeto?, ¿o es que en determinados casos, se levanta la veda?- se preguntará.

Solamente si entiende que los demás tienen su espacio y que merecen un respeto, puede visualizarse a sí mismo como sujeto digno de ese propio espacio que defender, como dueño de un baluarte desde el que puede decir NO a quien desee penetrar en él sin su consentimiento.

* Imágenes: Pixabay y Unplash

**Buena parte del contenido de esta entrada fue publicado originalmente en el blog Trimadre a los Treinta de la misma autora.

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6 COMENTARIOS

  1. Es muy interesante también el cuento «La Regla de Kiko», está en diferentes idiomas, en cuento y en vídeo. Me parece que está en la web del Consejo de Europa.

  2. Te aplaudo de pie amiga,
    es un tema muy complicado pero no podemos mirar para otro lado cuando el 20% de los adultos han sufrido abusos en su infancia, osea que es muuuucho más habitual de lo que imaginamos.
    Gracias por este post

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