lunes, octubre 25, 2021
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Recuerdos de pueblo

Desde que era pequeña recuerdo salir de la ciudad los fines de semana e ir al pueblo de mi padre. Desde que llegábamos a la antigua “fabriqueta” mis hermanas y yo empezábamos a cantar la canción “Pi-pi-pí los de Enguera”, dando palmas y desgañitándonos.

El pueblo nos daba esa sensación de libertad que no teníamos en la ciudad. Podíamos salir a la calle, sin temor al tráfico, a la circulación y a los coches.

Recuerdos del pueblo

Conforme nos hacíamos mayores, y queríamos salir de noche, el pueblo nos brindaba la oportunidad perfecta para poder salir sin que nuestros padres pusieran el grito en el cielo. Jugar en la calle, perseguir gatos, volver llenos de tierra, subir a los árboles, eran juegos que constituían nuestro día a día.

Quedabas para ir a “robar” naranjas, albaricoques o la fruta que en ese momento tocara, o te jugabas que te castigaran, si llegabas más tarde de la hora que tenías que llegar, con ir al campo a quitar malas hierbas.

Salir a la calle o abrir la ventana y respirar aire de montaña. Saber que sólo con mirar hacia el horizonte puedes ver la inmensidad de la naturaleza, o la devastación del fuego.

Han pasado los años, y con ellos el pueblo ha creado un poso en mi memoria. Una cantidad de recuerdos, de primeros amores, de experimentar, de sentir, de llorar. Las primeras rupturas, primeras lágrimas de amor, asaltos en la parte de atrás del coche, esquinas escondidas, que servían de refugio al deseo.

Siempre recordamos las primeras veces de todo: primera vez que me pidieron salir, primera vez que dije que sí, primer paseo de la mano, primer beso, primera declaración de amor y un sinfín de primeras veces.

Pero también hay  primeros momentos amargos, de tristeza inevitable, de historias inacabadas, de abandonos, de rupturas, de infidelidades, de historias que no pudieron ser.

Paseos a la luz de la luna, 2 adolescentes jurándose amor eterno, manos que se entrelazan, besos escondidos, miradas encendidas.. Recuerdos de juventud. Esos amores al amparo de la noche, sólo se pueden vivir en los pueblos. Niños que juegan a ser mayores. Grupos de amigos sentados en los «banquetes» miradas que se cruzan, gestos imperceptibles, quedadas invisibles. ¿Os imagináis sin whatsap?

Relaciones que se iniciaban a escondidas, con mensajeros de por medio y con  frases cursis..

Pasear por el pueblo, siempre tiene estas cosas, ver antiguos amores que envejecen mal y otros que envejecen bien… Y risas con tus amigas, sobre el paso del tiempo para todos. El inexorable paso del tiempo, que deja víctimas.

recuerdos del pueblo 2

Siempre hay muchos instantes que guardas en tu memoria, almacenando esos recuerdos como “recuerdos esenciales”, que son los que te van configurando como persona.

Ahora vuelvo al pueblo, acompañada por mis hijas, y me gustaría que vivieran esos momentos, que pudieran crearse sus “recuerdos esenciales”, de instantes vividos. Para ellas ir al pueblo es una fiesta, donde nos reunimos toda la familia, primos, hermanos y amigos. Experimentar y descubrir sin la protección que rodea la ciudad. Ese estado de libertad que hace que los niños crezcan más libres, más seguros y en un ambiente más sano, rodeados de naturaleza.

Y tú, ¿tienes pueblo? ¿Cómo viviste los primeros amores?

Mª José Sarriónhttp://www.alcobadeblanca.com
María José Sarrion, profesional de los RRHH y blogger de La Alcoba de Blanca desde hace más de 4 años. Necesito como respirar contar lo que me pasa por la cabeza. Soy mujer y madre de 2 niñas, que han sacado facetas nuevas en mí. Multiapasionada, creativa e inquieta. Y con ganas de hablar de otros temas distintos a la maternidad. Porque como decía una buena amiga “hay vida más allá de la maternidad”.
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7 COMENTARIOS

  1. Para mí el pueblo es campo, montaña, frío, chimenea y familia. Mucha familia. Juntarnos, siempre hay algo que celebrar. Durante un tiempo, me aburría ir al pueblo. Por suerte fueron pocos años (seguro que coincidió con la adolescencia más loca). Pero ahora quiero que mis hijas tengan pueblo, que les encante ir. Que quieran salir y vivir allí los primeros amores y desamores. Que tengan su cuadrilla. Que crezcan pensando que el pueblo es su paraíso y su refugio

  2. El concepto pueblo, para mí es la cúspide del mundo analógico. Y dale, qué plasta estoy con lo analógico. Me encanta la conexión que has hecho con ello. «¿Os imagináis un mundo sin whatsapp?» ¡Pues era posible! Y hasta tenía su magia el NO obtener respuestas inmediatas a todo… Sabíamos esperar. Hemos ido a vivir a un pueblo, un poquito en busca de esto que cuentas. Si es que aún es posible. 🙂

  3. Yo no tengo uno… tengo dos. Pero no son pueblos. Son aldeas. De esas que en invierno se quedan vacíos o con 3 o 4 habitantes, si en verano somos 100 te pegas con un canto en los dientes. Y es lo mejor que tengo. Dos aldeas, pueblos, rincones, lugares.

    Y tengo ganas de que la peque sea más consciente y poderla llevar, que conozca niños y juegue. Que haga como hacía su madre: salir por la mañana, no aparecer hasta la hora de comer y volver a marchar para no aparecer hasta que se estuviera haciendo de noche o hasta que apareciera con una herida en un brazo, rodilla, … por una caída tonta o por un juego de niños. 🙂

    Saludos

  4. Mi enano está en el pueblo, tenemos la suerte de que sus abuelos puedan estar con él unos días, mientras los papas seguimos trabajando. Se lo pasa en grande, disfruta de esas calles igual que yo lo hacía.. va en bici, bebe en la acequia, recoge pimientos en el huerto, se sienta en un banco a hablar con la Dora, y se ortiga cuando se mete donde no debe. Aún es pequeño, pero ya le llegará ese momento de «amoríos».. igual que los viví yo, cuando iba y no le quitaba ojo a aquel chico tímido, cuando un simple roce de manos te hacía vibrar… ayyy que recuerdos!

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