Se acabó el estado de alarma y el sentido común

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Así, de golpe, como quien no quiere la cosa. Se acabó una noche el estado de alarma y al mismo tiempo, haciendo la cuenta atrás mientras cantaban sin mascarilla y comían lacasitos, parece que a muchos se les agotó el sentido común de repente. Lo mismo lo traían agotado de serie, puede ser y quizás eso sea lo más probable.

El virus sigue campando a sus anchas por las calles y plazas pero tienes que oír a alguien decir que «a partir de las once de la noche el virus no sale». Obviamente se cree graciosa o gracioso, con esa gracia que le da la inconsciencia propia del egoísmo.

Hay un número de personas en nuestro país que solo ve el aquí y el ahora, no piensa en nada más ni en nadie más que no sean ellos mismos. Un número de personas que no tienen por qué ser del mismo género, de la misma generación o de la misma clase social pero que tienen en común un egoísmo exacerbado e injustificado que les hace ser destructivos con ellos mismos y sobre todo con los demás.

Porque no se plantean que haya nadie más tan importante como ellos y no tanto sus necesidades como sus apetencias, que no es lo mismo. Hay un número de personas en nuestro país que confunde lo que quiere con lo que necesita, que no distingue entre unas cosas y las otras y que arrastra a todos al mismo lugar.

Algunos hablan de solucionar el problema con tiempo, paciencia y mucha pedagogía pero hay mucha gente en este país a la que la pedagogía le hace eco en la cabeza, rebota contra las paredes interiores de sus cráneos porque no hay cerebro en el que trabajar y desarrollarse. Hay personas que creen que vivir no es pensar así que actúan sin pensar ni lo que dicen ni lo que hacen.

No les puedes pedir que se pongan en los zapatos de un sanitario o de un enfermo porque no saben salir de sí mismos, su «mismidad» les abruma, les ocupa y les preocupa por encima de cualquier otro aspecto, problema o persona que conviva con ellos. Si según Hobbes «el hombre es un lobo para el hombre» hay un número de personas en este país que van un paso más allá y han dejado de poder ser comparables con cualquier especie animal porque han desterrado de sus vidas la colaboración, la cooperación o la empatía.

¿Cómo les vas a hablar a esas personas de medio ambiente y de medidas a largo plazo? No entienden que es eso del largo plazo, no entienden que hay un futuro que nos estamos cargando a una velocidad de vértigo. Lo que no me va a afectar a mi sencillamente no existe, no me preocupa y obviamente no me voy a ocupar de ello, que se ocupe de ello quien esté afectado por ello ¿yo? ¡ni de coña!

¿A los que creen que van a subir los contagios por salir masivamente a la calle mientras están en la calle, crees que les puede preocupar lo más mínimo que el planeta se caliente durante las próximas décadas hasta que se derritan los casquetes polares?¿De qué estamos hablando?

Se plantean que cuando esté el daño hecho ellos ya no estarán aquí así que a vivir que la vida son dos días y uno siempre sale nublado.

Hay un número elevado de personas en este país que no saben que son lo que son porque viven en sociedad, en grupo, porque forman parte de un colectivo, porque se benefician de la solidaridad y la cooperación de los demás, porque han contado con gente que se ha preocupado por ellos para que sean como son. Un fracaso del sistema, puede ser pero hay que asumirlo y tratar de que no se repita, al menos hasta que terminemos con esta pandemia y llegue la siguiente.

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Primero fui mujer, después periodista, luego esposa y ahora además de todo eso madre. Esto último me obligó a reorganizar todo lo anterior. Me gusta escribir y comunicar. Disfruto con un buen libro, una buena película, una buena serie, un buen viaje y una buena charla con amigos. Podría alimentarme sólo de queso y chocolate acompañados de un buen vino, una que es mujer de gustos sencillos.