La maternidad y el duelo: las madres sin madres

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El vínculo afectivo madre-hija es uno de los más poderosos que existen, cuando no el que más. Toda mujer lleva dentro a su madre, a la persona de la que se enamoró nada más llegar al mundo y de la que durante mucho tiempo se sintió parte. Esa unión con su cuerpo, primero a través del cordón umbilical y después a través del pecho materno, deja una huella indeleble. La relación con el padre es también muy importante. Incluso es frecuente que las hijas sienten una especial conexión con la figura paterna.

Los avatares de la vida y los conflictos que surgen en torno al deseo de ser independiente pueden dañar esos vínculos, o al contrario, reforzarlos.

Pero en cualquier caso, salvo situaciones excepcionales de desarraigo, los padres serán nuestros compañeros de vida más fiables y fieles. Siempre serán ese hombro al que acudir cuando otros hombros nos hacen daño, esa mano que acaricia la nuestra cuando otras han decidido alejarse de nuestro lado o ese abrazo tan oportuno cuando nuestro mundo parece derrumbarse.

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Pasar de ser la hija a ser la madre crea de forma frecuente tensiones en el equilibrio previo al que habíamos llegado con ellos. De repente, nos sentimos infantilizadas por sus consejos, superadas por el desbarre emocional y el cansancio. Sin embargo, esas tensiones afortunadamente suelen disiparse con el paso del tiempo, se recolocan las emociones, se cicatrizan las heridas y los padres vuelven a ser esos seres en los que apoyarnos para todo. Ellos están ahí para compartir los buenos momentos, tender su mano en las pequeñas cuestiones de logística o intendencia familiar, pero también para las grandes dudas existenciales o problemas de calado.

Perdí a mi madre hace poco más de un año. Por sorpresa. Pasé de creerla sana a saberla muerta en unos segundos, así que me llevó meses ser realmente consciente de su ausencia. Transité por cada una de las fases que se dan ante la muerte inesperada de un ser querido: primero llegó la incredulidad; después el dolor desgarrador, ese llanto que se aferra en el pecho y no brota impidiéndote respirar; más tarde la rabia del “¿por qué a ella, tan joven?”; luego la culpabilidad por las palabras no dichas o los errores cometidos. En aquel maremoto, el único consuelo era imaginarla reencontrándose por fin con mi padre.

Y cuando los sentimientos más primarios van disipándose, cobra protagonismo el auténtico rey de las pérdidas esenciales: el VACÍO.

El vacío es eso que sientes cuando algo clama salir de tu interior pero no tienes a quién entregárselo: un beso, un abrazo, un recuerdo compartido, la necesidad de hacer una confidencia o de pedir consejo… Esos sentires llevan su nombre, el de esa persona que es su destinataria pero ella ya no puede recibirlos.

Ser madre desde la orfandad me hace sentir ese vacío a diario y creo que esa sensación no se irá nunca del todo.

Es cierto que antes o después te acostumbras a vivir sin sus abrazos, sin sus llamadas y sin sus consejos. Incluso en algunos aspectos o momentos te sientes más libre de alguna forma al no tener que dar esas explicaciones que solo se dan a una madre.

Pero entonces, te dan una buena noticia o mala ¡qué más da! relacionada con tus hijos y no puedes evitar las ganas de contársela. Y te llaman del cole para decirte que tu hijo mediano se ha caído y cuando ya ha pasado todo, sientes que solo ella podría entender la angustia que has sufrido.

Otro día pasas una mala noche porque el pequeño tiene bronquitis o porque no se adapta al colegio y vas al trabajo como un alma en pena. Es entonces cuando sientes que sólo tu madre podría decirte las palabras exactas para darte consuelo.

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Otro día das un paseo con tus hijos y en la mesa de al lado, un pareja con hijos está acompañada de los padres de uno de ellos, y sientes una punzada en el corazón al ver el orgullo en los ojos de esos abuelos y los cuidados que procuran a sus nietos. Tus hijos se van a perder tantas cosas…

Más tarde, la mayor se acuerda de la abuela, de tu madre, y cuenta una anécdota sobre sus “abrazos constrictor” y a ti, aunque lo intentas con todas las fuerzas, se te llenan los ojos de lágrimas.

Y cuando un día el sol vuelve a brillar y te sientes feliz, aunque sea un instante, aparece cierta sensación de amarga culpabilidad que empaña tu alegría. ¿Será demasiado pronto para sonreír?- te preguntas.

Podría contar mil situaciones del día a día en que su vacío toma forma y cobra cuerpo a través de mis hijos. Ese vacío que me hace consciente de mi propia vulnerabilidad, de la carga que supone no tener a nadie “por encima” a quien acudir y del dolor de no compartir con ellos los buenos momentos de los que  sería natural partícipe.

Los hijos, tal y como yo lo veo, son esa maravillosa y abrumadora responsabilidad que transportamos en una calesa, en un carruaje, mientras guiamos su camino. Los padres vamos al frente pero no estamos solos, tenemos detrás el refuerzo de nuestros familiares, que también tiran del carro de una manera u otra. Cuando esos jinetes de emergencia desaparecen, la calesa pierde empuje e incluso a ratos se tambalea.

Ser madre desde la propia orfandad es un reto añadido al reto de tener hijos que solo consideraré superado cuando consiga dejar de buscar la mirada de mi madre en el caballo de detrás.

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Imágenes: Pixabay

35 COMENTARIOS

  1. Ay mi niña! en estos casos nunca sé qué decir porque creo que sólo puede saberlo alguien que haya pasado por lo mismo y no puedo ni imaginar lo que sentiría si me pasara (o cuando me pase…).
    Sólo puedo mandarte un abrazo enorme de los apretaos <3 <3

    • Es así, Pilar. No te puedes poner en el lugar de nadie. La sensación es indescriptiblemente dura y necesitas transitar ese camino para hacerte una idea. No vale la pena anticiparse.
      ¡Disfruta de los tuyos mientras tanto! Es lo que toca
      Besazos grandes

  2. Uf Vero!! Tras enjugarme las lágrimas, constato que las personas no mueren mientras hay quién las recuerde. Y agradezco tus palabras para matizar los enfados con mi madre, las peleas, los desacuerdos… Gracias por ponerme en mi sitio!!
    Mil besos

    • Sí… Es algo que repetimos todos los que hemos perdido a alguien importante en nuestras vidas. Atesora cada momento como si fuera el último. Lo que pasa es que se convierte en un mantra hueco y no hacemos caso… Una pena, porque a veces ocurre así. PASA de forma totalmente INESPERADA y las palabras no dichas se enquistan.
      Cada uno vive lo que le toca y lo hace lo mejor que puede. Vive y disfruta de tu madre. Son únicas
      Besazos grandes

  3. Yo no llegaré a resignarme nunca. Perdí a mi padre y mis hijos se pierden algo maravilloso. La relación con mi madre es lejana, pero está ahí…
    Te comprendo tesoro, lloro contigo y te abrazo en la distancia.
    Animo cielo.

    • No, no podemos olvidarlos nunca porque es de esa forma cómo les mantenemos “vivos” y presente. Doler, dolerá siempre. Pero lo hará de otra forma, cada vez menos lacerante.
      Un beso y gracias por estar ahí!

    • Yo en alguna etapa también choqué muchísimo y de hecho nos distanciamos emocionalmente bastante. Lo cierto es que cuando ella murió estábamos viviendo una etapa dorada. Es el consuelo que me queda, pensar que se fue sabiendo lo importante que era para mí.

      Gracias por tus palabras y un abrazo

  4. Sin palabras, sólo lágrimas. Qué voy a decir yo, que perdí a mi madre con 19 años. La he echado de menos en momentos tan importantes como mi boda, mi embarazo… Y por supuesto la crianza de mi hija. Me han dado (y me siguen dando) tanta envidia mis amigas que pueden contar con su madre para cualquier cosa… Y el único consuelo que me queda es ver los rasgos de mi madre en la cara de mi hija, es la única manera de sentir que sigue aquí de algún modo.
    Enhorabuena, has conseguido expresar muy bien lo que muchas sentimos. Un abrazo y mucho ánimo con tu pérdida.

    • Oh, gracias Ingrid por tu compartir!! Qué te voy a decir yo… Solo que imagino lo que sientes y cómo pesa su ausencia, especialmente en determinados momentos o días especiales.
      Un besazo muy, muy grande

  5. Muy de cerca me toca el tema.
    Este año una de mis mejores amigas perdió a su madre de repente y sin esperarlo… en 1 semana ingresaba y fallecía. .. a 3 meses de su boda… y hoy embarazada de 4 meses…es valiente y luchadora y se hace la fuerte pero hoy leerte me ha hecho entender muchísimo más por todo lo que está pasando. Yo tb estoy embarazada, ya de 6 meses y ambas primerizas. Es muy muy dura la situación.
    Muchas gracias por compartir tan claramente tus sentimientos.

    • Muchísimas gracias por compartir la experiencia de tu amiga, Mamen. Qué situación tan dura y tan injusta. Porque ése es otro tema importante del duelo… Llegar a sentir culpable por volver a ser feliz, aunque sea a ratos. ¿Demasiado pronto? ¿Demasiado tarde? Lidiar con los propios sentimientos ante un vacío repentino es muy, muy difícil.
      Qué suerte tiene tu amiga de que sepas acercarte a su alma
      Mil besos

  6. Es tremendamente duro lo que cuentas. Imposible ponerme en tu lugar. Siempre te digo que resultas inspiradora para mi. Inspiradora como madre, pero tbien como hija y como persona. Al igual que te dice Ruth, me haces ver la relación con mi madre con otros ojos y no solo por el relato emocional, sino también por el racional que haces. Por poner palabras a lo que siento y a veces no digo… Gracias

    • ¡Pero qué cosas más bonitas me dices, María! Inspiradora yo… Puf. Soy corrientucha, jaja.

      Muchas gracias por estar siempre ahí, sabes que te quiero.

      Un besazo

  7. Con lágrimas en los ojos y sin palabras porque me es imposible ponerme en tu lugar, solo puedo imaginar el dolor y el vacío tan grande que sentiría si me pasase a mi, así que te mando un abrazote muy muy fuerte y muchísimo ánimo y fuerza!!!

  8. En cuanto me encontré el artículo por FB supe que merecería la pena, por el tema y por quien lo escribía… yo perdí a mi madre con 21 años y las punzadas por los ratos que no puedo compartir con ella aún están ahí… y la cierta sensación de libertad por no tener que dar explicaciones es real pero triste… te mando un abrazo para acompañar este duelo

  9. La descripción que haces de los momentos de vacío es desgarradora. Te mando un abrazo apretado, estas pérdidas siempre son duras pero si encima llegan de golpe y sin que nos vayamos haciendo a la idea no quiero ni imaginarlo…

  10. Compañera, mucho ánimo. Yo creo que ya lo he mencionado en alguna ocasión, hace cinco años que no tengo padre y los días que más le echo de menos son los buenos. Es verdad que en los malos días me encantaría llamarle para que me consolara. Pero compartir momentos felices, como haber conocido a sus nietos o haber venido a mi boda habría sido lo más.

    Te abrazo fuerte.

  11. Verónica, gracias. Me alegra saber que la relación con tu madre era tan positiva… me entristece su pérdida. Lo siento.
    Una situación dura también para una hija que es madre… es tener una madre que vive pero que se muestra ausente, ser una huérfana de madre viva.

  12. siento ese desgarro, es vacío y esa pérdida. Nadie nos prepara para la muerte y para echar de menos eternamente a las personas que se van así, sin decir casi adiós.
    Recientemente he sufrido la pérdida de una persona querida, bien, este año ya van 3… una de ellas deja una historia que me hiela el corazón y el alma. Ningún padre debería ver morir a su hijo y ningún hijo debería no poder disfrutar de su padre. Tantas cosas… Hagamos lo que podamos en esta vida. Nos volveremos a encontrar con esa gente en otro lugar!
    Ánimos bonita, se me saltan las lágrimas! ;*******

  13. Mi madre murió cuando yo tenia 24 y recuerdo las 1eras noches sin ella…no podía dormir sola xq cuando me giraba pensaba que caía al vacío…ahi entendí que había perdido mi muro tácito. Ahora con 36 y una hija de 4 años, leo tus palabras y comparto tu orfandad. Sobre todo cuando me veo al espejo y tengo tanto de ella, que pensé que nunca tendría…

  14. Que bien lo explicas Vero, sin pasar por ello puedo imaginarme como te sientes.
    Yo cada vez soy más consciente te que un día llegará, no queda otra y por eso intento ser más dulce y pelear menos con mi madre …que ella es una santa pero yo tengo mi carácter.
    Estoy en ello xk una vez que se van no hay remedio :(.
    Y no te culpes x sonreír, es lo que tienes que hacer…por ti, por tu familia y por ELLA.
    Besiños

  15. Qué bien me ha venido leer tu post hoy. No en vano me lo ha enlazado mi hermana.
    Tengo un bebé de tres meses y la falta de nuestra madre hace que me inunde una profunda tristeza. Lo has descrito tal cual. VACÍO.
    Has usado expresiones que hoy mismo decía yo a mi hermana. Esa mirada atrás buscando ayuda y no está… Es desgarradora.
    Un abrazo y gracias por tu post.

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