Todo lo que una mujer debería saber de su clítoris

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Probablemente, pocas cosas nos reportan tanta satisfacción y placer en el mundo como él y, sin embargo, siempre ha estado arrinconado, en lo más profundo de nuestro cuerpo. Escondido, censurado y, sobre todo, infravalorado. Pero los tiempos cambian y las mujeres hemos aprendido a reivindicar aquello que de verdad importa. Es momento de ponernos al día. Esto es todo lo que deberías saber sobre tu clítoris.

clitoris
Fuente: Alina Copitsa

Ese gran desconocido

El clitoris ha sido hasta hace muy poco el gran olvidado de la anatomía femenina. El hecho de que solo se vea una parte muy pequeña de su totalidad y de que su única función sea la de dar placer ha hecho que pasase inadvertido durante siglos. No fue hasta 2016 cuando una investigadora independiente, Odille Fillod, logró reproducir en 3D la estructura del clítoris a tamaño real, lo que nos permite poder tocarlo, entender su fisionomía y saber cómo utilizarlo.

Las primeras menciones sobre su existencia se remontan a la época de Hipocrates de Cos (siglo V a.C.), quien reconoce su importancia para el orgasmo femenino. Sin embargo, durante siglos no hubo ni rastro de él en los manuales de medicina.

En 1673, Regnier de Graaf, médico y anatomista holandés, también sitúa en torno a él los placeres que permiten que las mujeres acepten tener hijos. Sin embargo, después de esto, el clítoris cae durante dos siglos en el olvido y, cuando reaparece, lo hace, en 1865, como la “marca del diablo”, como lo define Baker Brown, presidente de la sociedad médica británica. Tanto es así, que promovió su extirpación apuntando a la masturbación femenina como la causante de enfermedades como la epilepsia, el histerismo o la locura.


Corto animado, basado en el  libro “La fabulosa historia del clítoris” de Jean Claude Piquard”

Cuando los estudios de Van Beneden desvelaron en 1885 los mecanismos de la reproducción, evidentemente el clítoris no aparecía pues no estaba implicado en ella. Sí lo hizo en el Gray’s Anatomy, en 1920, un reputado manual de anatomía estadounidense. Curiosamente, en la edición de 1948 de este mismo manual, el clítoris ya no estaba incluido.

En la década de los 80 volvió a recuperar protagonismo gracias en parte a que, algunos años antes, en 1975, Shere Hite, una sexóloga y feminista, lo colocó en el primer plano a la hora de alcanzar el orgasmo. En 1998, la uróloga australiana Helen O’Conell, gracias a resonancias magnéticas, estudió y reprodujo por primera vez la anatomía completa del clítoris. Lo hizo de manera independiente, porque este órgano no aparecía en ningún manual de anatomía.

Tamaño

Del clítoris solo vemos su parte externa, su glande, recubierto por el capuchón. Pero nos perdemos la parte interna que está debajo de los labios vaginales externos e internos, es decir, sus raíces y los bulbos que rodean el vientre y la vagina.

Su tamaño es de entre 8 y 10 centímetros, pero cuando está excitado puede llegar a doblarlo.

imagen extraída de La silla rota

En cierta medida guarda muchas similitudes con el pene, puesto que ambos proceden de la misma estructura embrionaria, idéntica para ambos sexos hasta las 12 semanas de gestación.

Mejor que el punto G

Las mujeres hemos perdido décadas obsesionadas con la localización del punto G como el origen del placer femenino ignorando lo obvio, que no hay que rebuscar tanto para encontrar la verdadera fuente del nuestro placer: el clítoris.

Para ello cuenta con 4.000 terminaciones nerviosas en cada raíz, que cuando se juntan en el glande, ascienden a 8.000. Una cifra realmente elevada si tenemos en cuenta que el pene “solo” tiene alrededor de 5.000.

Su única función, dar placer

El clítoris es el único órgano del cuerpo humano que no tiene ninguna otra función, repito, ninguna otra función que DAR PLACER. Algo que no ocurre con el resto de órganos sexuales, ni femeninos ni masculinos, asociados también a una función reproductora o excretora.

Y eso, históricamente, ha jugado en su contra. Primero porque durante años se ha visto relegado a un papel secundario o, incluso, ha sido absolutamente ignorado. Teniendo en cuenta que el placer femenino durante siglos fue considerado como algo dañino y estuvo asociado a infinidad de enfermedades mentales, un órgano que tuviese ese placer como su razón de ser o bien no era importante, o bien, directamente, era patológico, inmoral, pecaminoso -recordemos que Brown lo calificó como la marca del diablo-…

Póngame lo que está tomando ella

Incluso en épocas más recientes, y sin caer en posiciones tan radicales, todavía se identificaba el coito vaginal como el único beneficioso y placentero. De hecho, se fomentó la controversia y una injustificada dualidad entre el orgasmo vaginal y el clitoriano, como si fuesen excluyentes, incompatibles y, sobre todo, como si el segundo resultase disfuncional.

Prejuicios que nacen del desconocimiento de la anatomía y fisiología femenina, pero también de la imposición social de supeditar el placer femenino a la mediación del pene. Numerosos estudios contradicen esta afirmación. De hecho, la sexóloga norteamericana Lou Paget, concluyó que el 70% de las mujeres no son capaces de alcanzar el orgasmo solo con la penetración. Así que si tú eres una de esas mujeres que solo alcanza el orgasmo a través de la estimulación del clítoris no pienses que, ni mucho menos, eres rara.

No envejece

Curiosamente, el clítoris nunca envejece. Da igual que tengas 15, 40 u 80 años, su sensibilidad se mantendrá intacta durante toda tu vida, por lo que cualquier mujer, independientemente de su edad, puede llegar a través de él al orgasmo.

Fuente: WTF

Como las huellas dactilares, todos son únicos

Como las huellas dactilares, o la nariz, no hay dos clítoris iguales. Todos son únicos, con matices en su fisionomía que los hace peculiares. Pueden ser más grandes, más pequeños, estar más expuestos o muy escondidos… pero lo que no varía, independientemente de sus características, es su capacidad para producir placer.

Los primeros vibradores de la historia

Puesto que el orgasmo femenino estaba estrechamente vinculado al pene, durante siglos, conductas como la masturbación o el lesbianismo eran asociadas a “patologías” como la ninfomanía. Pero, si de enfermedades femeninas hablamos, la “histeria” se lleva la palma.

Se consideraba como tal al estado de ánimo de aquellas mujeres que bien no tenían orgasmos -viudas, solteras… (sin comentarios)- o bien que no llegaban a ellos a través del pene. La histeria femenina fue una enfermedad diagnosticada a la que se le asociaban infinidad de síntomas de todo tipo, como la pérdida de apetito, los desmayos, el insomnio… Casi cualquier dolencia leve de la mujer podía asociarse a ella.

Fuente: D.P.

Para “curarla”, durante la época victoriana, se desarrollaron terapias basadas en el “parosixmo histérico”, un tratamiento a base de masajes pélvicos y la estimulación manual de los genitales de la mujer por parte del doctor, hasta que la paciente alcanzase el orgasmo. En este contexto, alejado de cualquier tipo de connotación sexual, este orgasmo se denominó “paroxismo histérico” y permitía liberar ese deseo sexual reprimido que era el origen de esas enfermedades.

Los médicos de la época encontraron en estas prácticas una inagotable fuente de ingresos. En el siglo XIX, las tres cuartas partes de las mujeres de Estados Unidos se consideraban “enfermas” y constituían el mayor mercado terapéutico del país. El problema es que esos masajes eran largos, tediosos y requerían de un esfuerzo del que los doctores querían sacar un mayor beneficio económico. Y fue así como se recurrió a métodos como los baños vaginales o en los albores del siglo XIX los vibradores, primero manuales y después eléctricos. Este magnífico artículo os permitirá profundizar más sobre la cuestión.

Si queréis saber mucho más acerca del clítoris os recomiendo esta conferencia de la sexóloga Martina González , de quién he tomado muchos de los datos que recoge esta publicación.

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