¿Qué es eso que no ibas a hacer y haces?

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«No digas de este agua no beberé», «No escupas para arriba que te caerá en la cara», son muchos los refranes que girán en torno a la idea de juzgar a los demás por algo que no has hecho o no has vivido y asegurar que tu nunca actuarías así y, cuando hay tantos, por algo es. Los seres humanos somos muy dados a cometer este error.

En el Vermut de hoy, las chicas de Mujeres y Madres Magazine queremos entonar el mea culpa y contaros esas cosas que siempre dijimos que no íbamos a hacer y hacemos. ¿Te animas y nos cuentas lo tuyo?

Dejar el móvil a los niños en la mesa (María Jardón)

Antes de ser madre, cuando veía en los restaurantes otros padres con sus hijos sentados a la mesa con el móvil o una tablet me juraba a mi misma que nunca haría eso. Al final, aunque siempre intento entretenerlos de otra manera, confieso que hay veces en los que un rato se lo dejo. Eso sí, siempre después de haber terminado de comer y si la sobremesa se alarga demasiado.

Madrugar (Pilar)

Ya, ya sé que diréis que es algo que hacemos todos y es verdad, pero en mis mejores sueños, en mis proyecciones infantiles, en mis visualizaciones nunca, jamás me he visto madrugando era algo que no pensaba hacer nunca más allá de los días de colegio. No me gusta, no me sale bien, lo hago obligada por el despertador (realmente por Aimar Bretos que suena a la hora a la que debo despertarme desde hace años).

No pensaba hacerlo cuando fuera adulta y aquí me tenéis madrugando todos los días de mi vida, menos los fines de semana y las vacaciones… bueno y la mayor parte de los días de vacaciones, que no todos, algunos también pringo y madrugo ¡qué penita me doy!

Pasarme los horarios de mis hijas por el arco de triunfo (Sara)

¡Me da igual, me encanta!

Lo prometo: yo pensaba que iba a ser una madre súper ordenada con los horarios de mis hijas y de hecho al principio con la mayor lo fui. Pero llegó la pequeña a desordenarme la vida y con ello se fueron a tomar viento mis convicciones. Mis hijas jamás se acuestan pronto. Me encantaría que se acostaran a las 9,30 o 10 pero lo cierto es que esto rara vez ocurre. ¡Y la verdad es que me da igual!

Ir al gimnasio (María L. Fernández)

En enero de 2018 empecé a ir al gimnasio un par de veces a la semana. Entre que un día no se qué y el otro no sé cuanto, no fui muy constante. Después llegó el verano, las vacaciones escolares y para qué fustigarte porque no haces algo que ya sabes de antemano que no vas a hacer. Total, que el pasado septiembre me propuse renovar mis votos con el fitness y ¡lo he conseguido! En los últimos meses he sido realmente constante y ni os imagináis lo bien que me sienta.

Dejar los libros a la mitad (Sonia & Urbanandmom)

Soy de la máxima de que cosa que se empieza, cosa que se termina. Eso, antes, lo llevaba al límite con los libros, pero ya está el maldito pero eso cambió con la maternidad. Yo, toda ufana, me llevé al paritorio Los Pilares de la Tierra. Y de allí pasó a la mesilla, a la estantería, a la entrada… Todo un recorrido por la casa hasta que conseguí, un año después, terminarlo.

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