Todo sobre mi gato o desmontando a Pilar Martínez

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Cuando Pilar Martínez me convenció para que pusiese un gato en mi vida, lo pintó todo muy bonito… pero se olvidó de contarnos algunos detallitos. Yo soy una crédula, le hice caso y adopté a una adorable gatita, pero ahora os voy a desvelar algunas cosillas que a mi “compi” se le quedaron en el tintero -espero que inocentemente-:

Emboscada en tu propia casa

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Nunca imaginaste que deambular por tu casa pudiese ser tan peligroso. Que tendrías miedo en tu propio hogar, que sufrirías emboscadas de un enemigo rápido, audaz y sigiloso, que el peligro te acecharía tras cada esquina, tras cada cortina. Eso sí, mi gata consiguió en dos semanas lo que mi madre no logró en 28 años, que no pusiese un pie en el suelo sin calzarme las zapatillas. Además, gracias a ella he desarrollado un superpoder, que me tiene en un estado de vigilancia perfecta  full time y que me permite, cada vez con más frecuencia, contraatacar y sorprender a traición a mi pequeña y peluda contrincante.

Hacer la cama, una misión de riesgo

No sé vosotros. Yo hago o, mejor dicho, hacía la cama en automático. Mi cuerpo y manos se movían de un lado para otro mientras mi cerebro aprovechaba para ordenar la agenda del día, planificar próximas tareas o, simplemente, ausentarse un minuto más… ¿Y ese bollo que se ha quedado ahí? ¿Se me habrá colado el pijama dentro? Ya se han dejado las niñas un peluche… ¡Ah! ¡Coño! ¡Que el bulto se mueve! No, amigos, no, hacer la cama ahora no es tan fácil, se ha convertido en una lucha por evitar que la gata se quede dentro, escondida bajo sábanas y mantas.

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Redefinir el concepto de intimidad en la pareja

De hecho, intimidad en todos los sentidos. Intimidad de pareja, porque ya os digo yo que no mola un “aquí te pillo aquí te mato” con unos ojitos curiosos observándote discretos desde un rincón y, mucho menos, un salto mortal sobre tu espalda desnuda en plena faena. Así que ahora resulta inevitable encerrarse a cal y canto en la habitación o desalojar al gato de la estancia cuando tenemos un calentón. Y ya os aclaro yo que eso SÍ que corta el rollo y no tener que encontrar los preservativos en el cajón de los calcetines.

De hecho… redefinir cualquier concepto de intimidad

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De intimidad o, sencillamente, de soledad. Porque con un gato en casa nunca, nunca, nunca, estarás sola:

  • Cocinarás con sus ojos fijos en tus movimientos, esperando que te alejes de la encimera para robar un tajada.
  • Plancharás con sus ojos fijos en tus movimientos, esperando que te despistes para tirar del cable.
  • Comerás con unos ojos asomando en una esquina de la mesa, esperando que bajes la guardia y saltar sobre el plato.
  • Harás el amor -sí, porque a pesar de saber que gato y folleteo son incompatibles, en ocasiones te despistarás y no aplicarás el punto anterior- con unos ojos acechando en la sombra, esperando para cazar cualquier objeto anómalo que pendule por allí.
  • Leerás con, en el mejor de los casos, unas pezuñitas de gato impidiendo que pases las hojas. En el peor, su culo gordo no te dejará siquiera leer.
  • Defecarás -Lo que viene a ser cagar, de toda la vida- con un gato observándote o, en el peor de los casos, durmiendo en tus rodillas.
  • Escribirás con ñsdfshdhflauhañdkjvnañj… un gato cruzando el teclado.
  • Te ducharás con un mirón escudriñando tus movimientos al otro lado de la mampara.
  • Harás tus tabla diaria de ejercicios con un gato sobre la chepa, como quien añade un peso extra a la table de core.

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Mano zombie

Al pie del dedillo seguí yo esas indicaciones de no jugar con las manos para que tu gato no las vea como objetos “cazables”, pero he tenido nulo éxito en mi empresa. Y no se si es que mis manos rechonchas se parecen a ratoncillos, pero lo cierto es que el más mínimo aspavientos cerca de la gata acaba siempre con un ataque voraz. Y yo, que gesticulo cuando hablo como si fuese sordomuda, ni os cuento lo que padezco. Ni caricias, ni doblar ropa, ni rascarme puedo sin llevarme un mordisco. Estoy viendo la tele, la gata duerme sobre mis rodillas y a mí me pica la nariz. ¿Me rasco? ¡Ni de coña! Porque el mordisco está asegurado. Total, que tengo -sobre todo- una mano zombie llena de arañazos, marcas de colmillos y huellas de amor gatuno.

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Coleccionar cajas y objetos variados

“¡Mira qué gracioso el gato, entrando y saliendo de la caja!¡Pero si no cabe!¡Pero mira cómo saca la cabeza! ¡Mira cómo se esconde!” Y así, de forma tan aparentemente inofensiva arrancó mi vida como coleccionista de cajas -señor Amancio Ortega, mi gata ama sus envíos-, ovillos de lana, ratones peludos, bolas y cascabeles varios. Y ya os digo que quizás pueda esquivar las piezas de lego en mis visitas nocturnas al baño, pero cuando lo hago acabo estampada en una caja, pisando un ratoncillo y golpeando una de esas bolas con cascabel que rueda por toda la casa con estrépito para despertar a las niñas.

La habitación del pánico

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A estas alturas no sé si la palabra adecuada es envidiar, pero sí que me da un poco de pelusilla oír a otros dueños de gato contar como estos se acurrucan a sus pies cuando se van a dormir. Y es que, vaya por delante, yo a la gata le he cogido afecto y me gustaría que fuese cariñosa y acurrucarnos y hacernos arrumacos y colgarlos en Instagram… Pero no. Mi gata es hostil, huraña y tiene fijación por cualquier humano que esté en horizontal. Así que ella puede acurrucarse a mi lado en el sofá, pero tan pronto me estiro, ¡zasca! se abre la veda para hostigarme. Ya de la cama, mejor ni hablamos, solo os diré que aquí todos dormimos encerrados a cal y canto para evitar su acoso.

No es la música lo que amansa a las fieras

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Dicen que la música amansa a las fieras, pero mi gata no tiene gustos tan refinados. Ella es más básica y lo que la vuelve un amor son ciertos olores… y no precisamente agradables. Así que ella nunca, nunca, nunca, nunca, bajo ningún concepto, se sube a mi regazo a dormir, ni para que la acaricie, salvo cuando… estoy sentada en el váter. Ahí, justo en ese momento tan íntimo, ella se convierte en un osillo de peluche.

Peluquera a domicilio

Dicen los expertos en la materia que los gatos tienen formas de mostrar su afecto que a los humanos nos parecen extrañas. Al ser una gata casera, nos hemos librado de recibir como regalos ratones y otros bichejos muertos. Pero debemos padecer exhaustivas sesiones de peluquería. Que un gato acicale tu pelo es, al parecer, un gran honor, pues te considera un miembro más de su familia… Pero no sabéis lo que es ver la tele mientras recibes un masaje capilar a cargo de Eduardo Manostijeras, con arañacitos, mordisquitos y tironcillos de pelo continuos.

Fotos de familia

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Lo peor de todo es que, a pesar de todo lo anterior, el gato ejerce un misterioso poder sobre todos los miembros de esta familia. Su control mental nos tiene a todos engatusados. El más reacio a su llegada fue mi-Paco, quien ahora la malcría a escondidas y ha cambiado su foto de whatsapp por una de la gata. 1, 2, 3…  37. ¿A que no sabéis a quién pertenecen  37  de las cerca de cien fotos que hay en mi móvil?

Fotos: Ilustración de Loryn Brantz y fotos de Kickvick y María Fernández

26 COMENTARIOS

  1. jajaja me has desmontado por completo pero ¿a que no te aburres nada gracias a tu gatita??
    Venga…que te tiene enamorada y se que estás pensando en adoptar un segundo gato XD

    • Cómo lo sabes amiga!!! No me he arrepentido ni un solo día! Y sí, ya estamos pensando en el segundo -bueno, lo pienso yo, ahora solo falta que alguien me financie los gastos de veterinario-. Me alegro de haberte hecho caso

  2. ¡Mi paco se va alegrar de leer tu post, Merak!! Ya tiene argumentos para contrarrestar los dulces e instagramicos de Pilar, que nos dejaron a todas con ganas de gato (aunque solo tu picaste) 😛

    • Que no, que no, que no me podéis hacer caso, es absolutamente necesario e imprescindible que PONGAIS UN GATO EN VUESTRAS VIDAS. No os vais a arrepentir!!!

  3. Qué bien leerte! Mi hija ha pedido alguna vez tener gato y yo acariciaba la idea… creo que ahora mejor espero a que se le olvide. Aunque llevo 6 años y medio luchando por que use zapatillas en casa (sobretodo después de tremenda hostia que se dio a los 3 años por ir corriendo con calcetines), igual con un gato lo lograba…

    • No, no, no y no!!!! Voy a sacar el flash parilizador de Men in Black para borrarte la memoria porque tu hija NECESITA UN GATO Y TIENES QUE DÁRSELO. Pero tú no has leído a Pilar? Si son un amor!!!! En mi casa nunca nadie había tenido gato y solo lo quería yo y, a pesar de todo lo anterior, estamos encantados con ella. Mi hija pequeña tenía pánico a todo tipo de animales. De hecho, la gata estuvo a punto de salir de casa a la segunda semana porque era tal el miedo que tenía la niña que no ponía un pie en el suelo si estaba el gato en la habitación. Así que tenía que llevarla de un sitio a otro. Y eso que la gata era diminuta y tenía mes y medio. Ahora le encanta, la coge ella en el regazo, la acaricia -cuando se deja- y la frase más escuchada en casa es el “deja el gato”, “baja el gato”, “suelta el gato”… Así que sí, RECOGED UN GATO YA!

  4. Me recuerda mucho a la loquita que tengo (Linze) recogida de la calle con 8 días. Pero te pdo decir que uno de los peores días que pasé fue cuando se cayó por la ventana desde un sexto piso, por fortuna no tuvo ni un rasguño. Aceptas un consejo?, cuando te vayas a la cama quita de su vista cualquier cosa con la que pueda jugar, comida y agua y poco a poco dormirá toda la noche sin moverse y algo muy importante que tenga un rascador para sus instintos. Quiérela mucho.

    • Sobrevivió a una caída desde un sexto?!!!! Pues no sabes que alegría me da oirlo, porque yo vivo en un septimo y me angustia pensar que se convierta en una gata paracaidista. Me pasa como a tí, que cuando la esterilizamos y la cosa se complicó un poco me llevé un disgusto grandísimo y me pasé dos semanas como alma en pena. Te haré caso con la de reducir al mínimo los estímulos durante la noche, pero ya te digo que voy a seguir con la puerta cerrada, jajaja. Besos

  5. He leído ya tres veces el post, jejeje. Primero yo sola, luego a mis niños (censurando algunas partes, ejem) y luego con mi marido. Nos partíamos de risa!
    ¿Desde cuándo la tienes? ¿Cuánto tiempo tiene? Porque puede que se comporte así porque todavía sea muy pequeñita y juguetona, con el tiempo se van calmando. Yo tengo un gato, Poly, que va a cumplir dos añitos y ahora se porta mucho mejor que al principio de cogerle. Pero si, yo también tengo miedo y voy por la casa haciendo el ninja para sorprenderle antes de que me sorprenda él a mi. Tengo un arma secreta y es que le tiene pavor a las bolsas de plástico, así que siempre llevo una en la bata y cuando me toca mucho la moral (como cuando se planta encima y no me deja hacer la cama) pues saco la bolsa a pasear y sale escopetado, jajaja.

    • Mi hija pequeña tiene un carácter complicado desde que nació. Me dijeron que mejoraría con el tiempo, cuando adquiriese más facilidad para expresar sus emociones, después cuando dominase el lenguaje, después cuando madurase… y aquí seguimos. Así que te agradezco las buenas intenciones, pero con el gato no voy a picar. Es así de chunga y punto, ni va a mejorar cuando madure ni va a ser más sociable y cariñosa ni na de na, aceptarla así y punto. Jajaja. Ahora en serio, sí que es pequeña aún, en mayo cumplirá un año y todo el mundo me dice que se tranquilizará con el tiempo. Con lo de la bolsa me he muerto de risa! tengo que descubrir el punto debil de la mía

  6. Jajaja, me han pasado todas y cada una de las cosas que comentas. Siempre he tenido gatos y la última era un osito de peluche super cariñoso, pero ahora tenemos una gata ninja psico killer. Es verdad que es jovencita pero está como una cabra. Aún así me compensa con creces.

    • Coincido plenamente. Me hace descreer, pero ya no sabría vivir sin ella. Me encanta eso de gata ninja psico killer. Define perfectamente a la mía!

  7. Jajajaja lo que me he reído por dios. Mi marido es alérgico así que la idea de tener un minino en mi casa se desvaneció el día que me fui a vivir con él. Pero recuerdo los veranos, de pequeña en el pueblo de mis primos, conviviendo con una gata locuela como la tuya. Tenía sus momentos tiernos, pero los locos eran los mejores jajaja

    • Sí, los gatos locos son como los niños locos, super divertidos cuando no son los tuyos. El problema es cuando esas locuras comienzan a hacerlas en un piso de 90 metros cuadrados y las carreras, saltos y piruetas se limitan bastante…

  8. Ay qué gran verdad. Yo desde que tengo gato he vivido muchas de estas situaciones XD Además el gato es el que me salva la cordura porque me mira cuando le hablo…

    • Verdad verdadera. A quién iba yo a darle las quejas del resto de miembros de la familia si no?… pues al gato, que me da la razón en todo

  9. Jajajajaja me parto y me identifico totalmente!! Y es que además, en mi caso, y contra todo pronóstico, me temo que mi gatito está siendo el sustituto de los pollos, que ya me hacen poco caso, aquí, que presumiamos de querer vaciar el nido!! Por si te consuela te diré que Bilbo adora morderme la nariz a traición, pero es cierto que al ir cumpliendo meses se va calmando algo. Para mi, imposible también lo de las manos. Genial artículo, lo que me he reído! ?

  10. Es igualita a mi Isis. Y de carácter, lo mismo. Alguien me dijo que los atigrados son más movidos, puede ser…
    Ha sido muy arisca (conmigo no) y le ha encantado morder, el tema manos yo lo llevaba igual. Leyéndote he retrocedido unos cuantos años en el tiempo porque todo lo podría haber dicho yo con la mía.
    La semana que viene cumple 16 años y hace ya tiempo que se calmó, ya es una señora abuela y juega poco, se ha vuelto más mimosona y hasta deja que la toquen los niños y le chupe la oreja la perra.
    Antes hubiera sido impensable. Para meterla al transportín me tenía que poner los guantes del horno… y aún así salía lesionada.
    Para enseñarle a dormir, me costó más o menos un mes. La dejaba conmigo y en cuanto empezaba a dar por saco la sacaba de la habitación y le cerraba la puerta. Lloraba, esperaba un rato, a veces hasta me dormía y al rato le abría la puerta y la ponía en mi cama. Así hasta que volvía a dar por ahí. Repetía… las veces que hiciera falta. Al final aprendió que si me dejaba en paz yo le dejaba dormir.

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