Desorden y creatividad

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Desorden y creatividad

Todo surge del caos. La vida surge del caos. Las grandes ideas surgen del caos.

En palabras de Steven Pressfield: “Partiendo del desorden inicial, las estrellas encuentran su órbita y los ríos su cauce.” Chaos itself is self organizing -dice. Y es que llamamos desorden a todo aquello de lo que no entendemos las pautas que lo rigen.

El orden mismo surge como intento vano de aniquilar el supuesto desorden de ese caos. Las clasificaciones de las especies, las etiquetas que ponemos a cosas y personas, todo… surge de la necesidad imperiosa del hombre de simplificar su entorno caótico para comprenderlo.

Y claro, lo hacemos como buenamente podemos: 1,9 millones de especies animales hasta la fecha, 127 familias de mariposas… 16 tipos de personalidades para clasificar a 7,5 billones de personas. Ostras. Así es muy fácil no encajar. (No olvidemos que el no encajar es un problema artificial creado por nosotros mismos).

Desorden y creatividad

Desorden y creatividad

Mi desorden es mi Caballo de Troya. Pero también mi Helena. Intento dominarlo pero no es fácil. Se me cuela de nuevo en casa en cuanto me despisto y termina por dominarme él a mí. Hoy he decidido hacerme amiga de mi desorden. Porque (fuera de las revistas minimalistas) nada es blanco, ni negro… ¿podría ser que el desorden tuviera alguna cualidad positiva?

De hecho, el mundo es bastante caótico y tratar de ponerle orden a todo ese caos que nos rodea es una tarea titánica y agotadora (ya no te cuento si además de tu desorden de serie, te pones a procrear). Que Diógenes se apiade de ti.

Mi afán de simplificación

Desorden y creatividad

Tanto minimalismo, tanta mesa blanca y limpia, tanto escritorio impoluto…

Mmm… me hallo en una encrucijada. Sí que quiero menos cosas de las que tener que (pre)ocuparme, pero eso de tener que tener las cuatro que tengo ordenadas en fila india u organizadas por colores o tamaño no me acaba de… salir.

Y es que, ya puedo ordenar mi mesa las veces que quiera, que a la que me pongo a vivirla de nuevo, aterriza en ella correspondencia, llaves, libretas, listas de cosas por hacer, cuadernos de los niños y lo que sea que lleve en la mano. Por mucho que me encante la imagen del escritorio impoluto, a la hora de la verdad no me resulta del todo efectivo. Qué sinvivir. Yo sé que se vive más tranquilo, y mas calmado, si tu entrono también transpira calma. A eso voy. A eso quiero llegar sí, pero… ojo que no todo el monte es orégano y, como en todas las cosas, no hay que ser extremista. ¿Será posible que al final mi orden especial (que otros se empeñan en llamar desorden) tenga su razón de ser? ¿O que incluso sea beneficioso para mí?

Un estudio sesudo

Desorden y creatividad

El orden suele asociarse con eficiencia y productividad aunque, esto no es siempre así. No todos funcionamos igual.

Pero oye, hoy no hemos venido a divagar… Esto que os voy a decir no me lo invento, que voy a basarme en un estudio realizado por Kathleen D. Vohs, Joseph P. Redden and Ryan Rahinel en la universidad de Minesotta. Ahí es ná. En este estudio, básicamente, analizan el efecto que tiene en nosotros la organización del espacio físico que nos rodea, a la hora de tomar decisiones.

Por medio de unos sencillos experimentos, sacan algunas conclusiones impactantes. Las personas que participan son expuestas a espacios ordenados las unas y a cuartos desordenados las otras. Sus reacciones siguen patrones determinados en función del espacio en que hayan estado.

De este estudio se desprende que un espacio desordenado anima a buscar soluciones alternativas y no convencionales. Alienta a romper con la tradición y predispone a la aceptación de ideas novedosas.

No entraremos a valorar si todo eso es deseable o no (eso es cosa de cada cual). Pero sí podemos concluir que cierto desorden nos permite ver el mundo que nos rodea de un modo más distendido. Y que, como explican en este post: el estado de ánimo en que te pone ese desorden puede llegar a estimular la creatividad. ¡Muy interesante! (Y un gran alivio, oye).

Imágenes: Pixabay

2 COMENTARIOS

  1. ay, qué ventana más buena a la que poder asomarse de vez en cuando (me temo que un ratito cada día), cuando la sensación de “soy un desastre” viendo el estado lamentable del salón, no me deje respirar… gracias y bss!

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