Las preguntas irritantes de la convivencia

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Compartir casa con más personas es un foco de encuentros y desencuentros, alegrías y desdichas. La convivencia no siempre es fácil, aunque tampoco lo es la soledad. La anarquía como idea mola, pero está claro que para que la armonía presida más o menos un hogar, es necesario ceder, llegar a acuerdos, negociar, repartir roles y establecer unas mínimas normas del tipo “quien deja rastro, lo limpia” (en la mesa y sobre todo en el váter). La cuestión es que me he dado cuenta de que hay ciertas preguntas que parecen venir de serie con esto del convivir y que me irritan profundamente. Sin ánimo de exhaustividad, son las siguientes:

¿Qué ropa me pongo?

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Admites esta pregunta hasta que el sujeto que la realiza tiene unos ocho o nueve años. A partir de esa edad, cada uno tiene que buscarse la vida fuera y dentro del armario. En serio. No puedes, te desenamora. No eres personal assistant de nadie y te da pereza total pensar en tu propio look. Solo te faltaba tener que pensar en el de los otros, más si peinan alguna que otra cana…

¿Quién ha roto la rueda del coche / ha desparramado el bote de purpurina / ha arrancado la cresta al caballo balancín?

La pregunta, que se acompaña de tono de enfado y mirada inquisidora, es inquietante de por sí pero altamente irritante cuando solo tú estás compartiendo el espacio con el avezado entrevistador. ¿Es que acaso eres sospechosa? ¿Tienes tú cara de saber algo? o lo que es peor, ¿tienes cara de ponerte a jugar con los playmobil mientras la casa duerme? Un “vaya, se ha roto esto. Luego pregunto a los niños para averiguar qué ha pasado” no alteraría tanto tus chakras.

¿Qué día es el cumpleaños de mi madre?

Esa pregunta, soltada así a bocajarro, todos los veranos y en el momento más insospechado, te tiene congelada el alma. ¿Se supone que tú debes recordar los cumpleaños de madres ajenas? Eso no estaba en las cláusulas de la hipoteca.

¿Qué te vas a poner?

Siempre que tenéis planificado salir de casa juntos, acabas escuchando esa pregunta incluso los días en que parece que te vas a librar. Y es independiente y aleatoria respecto de la primera, la del qué me pongo. La que cae seguro es ésta. Si por él fuera, iríais por la vida conjuntados como si fuéseis una mezcla entre los Jackson Five y la familia de Norma Duval. Por ahí sí que no pasas.

¿Por qué algunos días cerráis la puerta de vuestra habitación?

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Cuando los hijos os hacen estas preguntas entrais en shock anafiláctico. No debería ser así, no haceis nada malo, pero en fin, no podemos evitar ese “apurillo” ante lo evidente. Has de reconocer que en vuestra casa ya no se oye. La solución fue cerrar la puerta todos los días y así ya no sorprende ninguno.

¿A qué hora vas a volver?

Dos o tres días al año, cuatro a todo tren. Esos son los que te vas de cena con amigas, y por supuesto ya que estás, te quedas a echar unos bailes por los bares, más que nada por aprovechar un poco el rímel. Pues bien, él podría preguntarte cómo vas a volver a casa, en su lógica preocupación por tu bienestar. “Coge un taxi, cariño” y similares. Hasta ahí correcto. El caso el que al final siempre cae esa pregunta… ¿A qué hora vas a llegar? Como si lo supieras. Como si te importara. Como si hubiera una máquina de fichar en casa. Y lo que es mucho peor: ¡CÓMO SI ÉL FUERA TU MADRE!

¿Cómo has dormido hoy?

No dejas de preguntarte a qué viene esa pregunta todos los días. Ganas se te pasan de contestar “en horizontal” o “en un ataúd” para darle un poco de marcha a la conversación como buena walking dead mother. Sin embargo, acabas tirando de las socorridas alternativas: “pues bien, pues regular, pues de pena”. Qué sopor.

¿Qué planes tenemos?

Esta pregunta, así en general y como concepto, puede sonar bien. Pero un domingo a las ocho de la mañana, mientras el sujeto preguntón levanta las persianas ruidosamente y da muestras por sus gestos de desasosiego vital, es inquietante, irritante e irrisible (vamos, que maldita la gracia).

Como cierre, the mother of the lamb (la madre del cordero)…

¿Cuánto(s) arroz / espaguetis / fideos / macarrones hay que echar?

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A ti esta pregunta te mata. Te parece una inadmisible dejación de responsabilidades. Todo el mundo sabe que eso es una pregunta sin respuesta, un misterio de la humanidad, un agujero negro de la ciencia doméstica. Ante ese abismo, ¿qué espera que contestes? Cada paquete tiene un kilo de arroz o de pasta deshidratada. Es todo lo que sabes. Amigo, hay que jugársela. A ojo de buen cubero y que la suerte te acompañe.

Pues sí, la vida allá fuera es una jungla y en ocasiones me estresa, pero a veces mirar lo que ocurre por aquí dentro no es precisamente como ir a un spa. Ahora, soy plenamente consciente de que tendré mis propios elementos urticantes para el otro. Y es que también en la convivencia lo importante es el equilibrio de la balanza, esto es, que lo que nos irrita o exaspera se compense con lo que nos alivia o satisface. Ahí queda eso.

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Este post ha sido escrito por una colaboradora puntual de Mujeres y Madres Magazine. Aquí os damos voz para que la vuestra llegue lejos.
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5 COMENTARIOS

  1. Pues me irrita todas y cada unas de estas preguntas, aarrggggg!!!
    Pero la que más, la campeona es “dónde está….?
    Ya le he dicho que le voy hacer un tour por la casa, a ver si así se ubica, ppfffff!

  2. Dios Santo!!! Son tan previsibles. Al “tenemos planes para hoy?” se le puede añadir ese bucle de “decide tú”, “no tu”, “no tú, que yo vengo de trabajar y no me apetece pensar”. Claro! como tú llevas tocandote las pelotillas todo el día de casa a la oficina, de la oficina al cole, del cole a casa y vuelta a empezar en el camino inverso….
    Señor dame paciencia porque como me des fuerza…

  3. Todas esas son un horror, pero las que no puedo soportar ultimamente son las relacionadas con mi hija: ¿que va a comer?, ¿que va a merendar?, ¿que va a cenar?, ¿que ropa le pongo?, ¿la bañamos ya?, ¿cuentos?, ¿te la subes a dormir?…. Etc. Así todo el dia, como si la niña solo fuera mia… ¡Por favor eres su padre, también puedes tomar alguna decisión!

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