El cambio de armario ¿Cuándo lo hacemos?

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El otoño es una época de año muy loca en lo que se refiere a vestuario. Es posible que haya algún sitio donde no sea tan exagerado, como aquellas comunidades en las que viven en un eterno verano o en Ávila donde sólo hay dos estaciones, invierno y la del tren, pero en los sitios donde las temperaturas oscilan y mucho es para volverse loco. Así que decidir cuando narices haces el cambio de armario no es cuestión baladí.

Aquí vemos los anuncios de la temporada de entretiempo con escepticismo. Esa ropa tan maravillosa que es ideal para ¿cuándo? Chaquetas ligeras, de entretiempo, con las que si hace mucho frío te pasmas y cuando hace mucho calor te achicharras. Jerseys finos, que no sabes si ponerte a cuerpo, con algo debajo O QUÉ. 

upset
¡No sé que ponerme!

En mi ciudad o hace frío o hace calor. Mucho frío y mucho calor. Ni siquiera puedo decir eso de “unos días hace…”. Un rato hace un frío que te cagas de la muerte y tres minutos después puedes estar recociéndote como si estuvieras en la crockpot. Así que  al final acabas saliendo a la calle como una mamarracha. Con la ropa de verano sobre todo y despojos de la de invierno que no guardaste en su día.

Pantalones
Este tejido es fantástico para el entretiempo, te cueces en verano y no da calor en invierno.

En entretiempo las partes de abajo tienen poco misterio, salvo que seas una egoblogger de la vida. Hasta para una fan de las faldas y vestidos como yo acaba poniéndose pantalones porque lo de las faldas es un suicidio. Si se levanta viento y vas con una faldita muy mona, se te ve hasta el código de barras. Y si es recta y vas sin medias te entra un biruji por abajo que te deja la zona con aire acondicionado (y las cistitis van que vuelan). Así que sólo nos queda pantalón o las faldas largas. ¡Porque encima dicen que llevar medias color carne es de horteras! Eso lo dicen las egobloggers, y se niegan a ponerse más medias que las negras tupidas. El resto del mundo nos congelamos así que no es una opción.

Sea lo que sea, de lana no, que cuando hace calor y empiezas a sudar la lana irrita ¡y como que pasando! Espera a meter las cosas ligeras en cajas no vaya a ser que venga un calorazo y te pille con todo de lana.

Jersey

Aplicas la técnica por todos conocida de llevar capas como una cebolla. Que como teoría no digo yo que no esté bien, pero cuando no eres un palo no favorece nada esto de llevar un montón de prendas una encima de otra. Acabas pareciéndote a una albondiguilla redondeada con poco glamour y algunos problemas para mantener la estabilidad en ocasiones. Vamos, glamour cero.

Además que pareces idiota cuando cambia mucho el tiempo, venga a vestirte y desvestirte como si no hubiera un mañana. ¿Y qué narices haces con la ropa que te has quitado? ¿te llevas un carro de la compra para llevarla?

Botas

El calzado. Esa es otra. ¿Qué te pones? Si hace mucho frío con las sandalias que te han acompañado todo el verano te quedarás tiesa. ¿Y botas? Cuando llevas meses con los pies al aire, sin calcetines es una pequeña tortura volverlos a aprisionar entre unas botas. Sobre todo porque tal vez todavía lleves los pies algo hinchados ¡y todo te hace rozadura!

Total, que todos vamos hechos un cuadro. Se producen situaciones como las que cuenta mi amiga María José en las que vamos desordenados, y con las partes de arriba de una manera y las de abajo de otra. En el caso de los niños es peor porque no aciertas tú y te fastidias, pero cuando bajas del coche y de repente descubres que hace una rasca del quince y tus polluelas van con shorts dices M-I-E-R-D-A. Saldrán del colegio con los labios azules y tú te sentirás una porquería de madre. Ahí dices, el cambio de armario esta semana que entra. Pero ¡qué pereza! ¡Perder todo un fin de semana en algo tan coñazo aburrido como eso!

armario giratorio

De todas maneras da igual cuando cambies el armario. Lo hagas cuando lo hagas siempre de repente vendrá una ola de calor y te acordarás del momento en que guardaste a buen recaudo las camisetas de manga corta. Todos deberíamos tener un armario giratorio o un vestidor y tenerlo todo permanentemente expuesto. ¡No me digáis que no molaría!

9 COMENTARIOS

  1. Aquí pasa lo mismo con el tiempo, es horrible. Sólo tengo solución para el calzado y es ponerme las playeras o manoletinas con medias jeje.
    A ver si llega ya el frío y se acaba esta tontería jajaja

  2. Me apunto a lo del vestidor! Qué estrés por favor.. En Bulgaria hay dos estaciones, invierno y verano, no hay entretiempo! Y voy de bólido en otoño porque tengo que manejar el guardarropa de 4 personas. A mi que me den veranito, con calorcito del bueno y la mínima ropa posible!

  3. jejeje me ha encantado el post!!!
    Aquí en Sevilla te vuelves loca.
    Ayer, sin ir más lejos, hacía bastante frío así que en casa nos pusimos pantalón largo. Llovía a cántaris y aprovechamos un ratito que paró para salir a tomar el aire peque y yo.
    Salió el sol y una calor que te asabas…. Y nosotras con chalecos de invierno y vaqueros. Casi nos da algo….
    Luego llegando a casa se empezó a nublar de nuevo y se levantó viento y frío otra vez.

    Yo en estas épocas me vuelvo loca!! ?

  4. Yo apuesto por un gran vestidor y así no tener que hacer todo esto. Mi marido dice que si fuera como él y tuviese poca ropa, toda la tendría en los cajones y no tendría que hacer cambio de invierno y verano. Pero él no sabe lo que se pierde, cuando de pronto encuentras algo que añorabas desde hacía meses. Hay que buscar la parte positiva de las cosas. 🙂 🙂

    Saludos

  5. Un vestidor debería venir de serie con cada casa. Yo aún no he hecho el cambio de armario a la versión de otoño y andamos todos malviviendo con mezclas de vaqueros y manga corta. Como me pille la temporada vaga, vaga, igual llegamos al verano tal y como estamos ahora (somos todo glamour, lo sé).

  6. Los megabolsos se inventarion para guardar todas esas capas de ropa que te vas quitando. Un despropósito total. Jamás me acostumnbraré a vivir en el frío. Lo llevo claro.
    Con lo práctico que es el clima barcelonés. Sabes lo que hay. Desde que me fui, jamás he vuelto a acertar con la ropa. Y sí, ¡viva el armario giratorio!

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