La adicción al juego es la droga del siglo XXI

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Estos titulares seguro que os suenan: «Melendi confiesa sus problemas con las drogas». «Pete Doherty sale del centro de desintoxicación«. «James Hetfield se tratará su adicción al alcohol». «La rehabilitación y desintoxicación de Demi Lovato». Todos son titulares de periódicos reales. parece que todo el mundo tenemos asumido que el alcohol y las sustancias como la heroína o la cocaína son drogas. Hay muchísimos tratados sobre cómo dejar las drogas pero mi sensación es que prestamos mucha menos atención a las que son las auténticas drogas del siglo XXI. Para mí la adicción al juego debería preocuparnos mucho más de lo que lo hace.

En la reunión de principio de curso en la clase de mi hija de 2º de la ESO la tutora nos dijo algo que se me quedó grabado. Ella es una profesora veterana y lleva muchos años trabajando con adolescentes. Nos contó que hace años en esas edades las preocupaciones de los padres eran que los hijos no salieran mucho y hasta muy tarde y que no consumieran alcohol. Nos comentó que de hace unos años a esta parte las cosas han cambiado mucho. Los chavales ya no salen tanto como salíamos nosotros porque ¿para qué? ¿Para qué van a hacer botellón en una plaza con todo el frío si pueden estar con sus amigos a través de internet cómodamente en casa?

Y como los tenemos en casa nos pensamos que no hay ningún problema, que está todo bien. Y nada más lejos.

Entre las ciberadicciones más conocidas están:

  • Adicción a internet. de manera que esto interfiere en la vida personal y familiar.
  • Adicción al cibersexo y a la pornografía.
  • Adcción a los juegos en línea.
  • Adicción a las subastas online.
  • Adicción a los chats.
  • Adicción a las redes sociales.
  • Adicción a las compras online.
  • Adicción al teléfono móvil.

La mayoría de ellas están tan normalizadas que ni siquiera le damos la importancia que tiene. «Menganita está todo el día en Instagram«.»Fulanito no puede estar sin su móvil». ¡Y nos suena de lo más normal!. Desenchufarnos nos resulta a todos muy complicado … pues a los niños y a los adolescentes más.

La tecnología (por dios, no digáis nuevas tecnologías, que cuando algo tiene más de veinte años NO ES NUEVO) cada vez llega a nuestra vida antes. Y no es lo mismo que nos enfrentemos a cosas adictivas cuando somos adultos que cuando somos niños o adolescentes. Soy una gran fan de la tecnología y de lo mucho que nos facilita la vida, pero aún así deberíamos acompañar más a nuestros hijos y educarles en su uso para evitar muchos problemas de los que nos encontramos constantemente.

De todas las ciberadicciones la que más me preocupa es la ciberadicción al juego, que tiene dos vertientes complementarias para mí. Por un lado está la adicción a los juegos en línea, en especial a los que son tipo Fortnite. Me preocupa mucho porque tenemos a niños jugando solos en un entorno muy violento sin la supervisión de un adulto. También debería preocuparnos – y mucho – el acceso que pueden tener adultos con malas intenciones a nuestros hijos a través del chat. Salvo que jueguen con amigos que tenemos perfectamente identificados, yo bloquearía el chat. Es complicado, pero se puede.

Por otro lado estos juegos a veces tienen asociadas las opciones de comprar cosas para mejorar la experiencia. Esto es especialmente preocupante porque los niños no tienen conciencia del gasto al ser una cosa completamente abstracta. No hay monedas físicas que gastar, y así nos podemos encontrar con desagradables sorpresas. Las ludopatías no empiezan ahora en las máquinas tragaperras de un bar, comienzan en casa.

Me horroriza la facilidad con la que los niños reciben mensajes para apostar. Es ver un partido de fútbol y cada vez que hay una pausa uno de cada dos anuncios tienen que ver con apuestas deportivas a las que además les ponen cara personajes muy famosos. No sólo eso, algunos equipos llevan la publicidad directamente en la camiseta. Igual que está prohibido hacer publicidad de tabaco en televisión y radio yo lo extendería a las apuestas deportivas que me parecen igual de peligrosas. Y el bombardeo es constante y terrible.

Tenemos una responsabilidad con los niños y debemos tratar de protegerles de los peligros, estén en la calle o en la soledad de su habitación.

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