De cómo algo que no me servía emocionó a una de mis compañeras

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Algunas veces -demasiadas- compramos de forma impulsiva. Vemos algo, nos enamoramos de ello, nos convencemos de que lo necesitamos y lo compramos. ¿Y qué sucede después? La vida -al menos útil- de estos objetos suele ser más bien breve. La euforia se evapora como las burbujas de la gaseosa y nuestra flamante adquisición termina acumulando polvo en algún cajón. Hace algunas semanas, al hilo de estas confesiones de Majo, en Mujeres y Madres Magazine se nos ocurrió la posibilidad de dar una segunda oportunidad a algunas de estas posesiones convirtiéndolas en obsequios para otras. Lo fabuloso de nuestro peculiar amigo invisible fue comprobar cómo ese objeto casi olvidado, seleccionado con cariño y aderezado con ilusión, podía llegar a conmover a quien lo recibía.

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María Jardón envió un planificador de Mr.Wonderful que la enamoró a primera vista pero que no conseguía utilizar y un boli de Lucia Be; pero Merak recibió justo ese organizador al que le había echado el ojo desde hacía ya un par de años, que necesitaba como agua de mayo pero que, por pereza/falta de decisión, nunca llegó a comprar. Ahora, luce en su cocina junto a ese bolígrafo que promete no perder y que le van a permitir poner un poco de orden a su vida.

María José Sarrión envió dos tazas con estrella y una libreta para anotar cosas que era la que hacía mil, y que estaba en el fondo de un cajón esperando que una periodista le diera el uso oportuno; pero María Jardón recibió una libreta preciosa que fue la excusa perfecta para animarse a probar el método Bullet Journal (fue como una señal) y un par de tazas de Casa Viva con las que bien podría unirse al club del desayuno bonito de lo preciosas que son.

Lydia envió un espejito monísimo para el bolso que nunca vio el momento de meterlo, dado que sus bolsos están ahora llenos de pingos infantiles, y un boli de esos cuquis que tienes pero que siempre te da pena usar para que no se queden sin tinta; pero Natalia recibió dos complementos perfectos para llevar en el bolso ahora que ya no lo tiene que llevar cargado de pañales, toallitas o mudas.

Pilar envió un pañuelo monérrimo que tuvo la necesidad de comprar uno de tantos días en los que siente la necesidad de comprar pañuelos. En lugar de la loca de los gatos podéis llamarla la loca de los pañuelos; pero Ruth recibió un bonito foulard en tonos verdes (que no tenía) y que resaltaba su color de ojos.

Patch envió una libretita con un panda, un miniscrapbook con fotos que sacó del perfil de FB, un juego de cartas y un ejemplar de su libro; pero Nuria recibió un paquete lleno de sorpresas ¡para toda la familia! Tantas cositas como personas en casa. Los peques rápidamente se auto-adjudicaron “lo suyo” (sin piedad, ni derecho a réplica). Por suerte, Nuria fue lo bastante ágil como para hacerse con su copia de Responde primero a la segunda pregunta 🙂 Primera novela de Patricia Tablado, que le ha reportado unas cuantas risas. Y encima, con super dedicatoria. ¡Gracias, Patch!

Sara envió un cuaderno que le encantaba con unas matrioskhas pero que jamás utilizo porque le daba palo; pero Patch recibió el soporte perfecto para poder escribir la siguiente novela.

Verónica envió una pulsera, un colgador de fotos vintage con forma de corazón, un libro que se estaba quedando rancio en su estantería y una bolsita de plástico mona para hacer la compra; pero  Let recibió una bonita bolsa multiusos (¡con cremallera!) repleta de sorpresas preciosas, con una emotiva carta que le tocó el corazón y le hizo sentirse aún más cerca de ella. El colofón a tanta emoción fue un libro de tapas rosas que hiló una historia de coincidencias que le dio pie para saber qué enviar a Sara.

Nuria iba a enviar un sacaleches medieval (que, por suerte para su amiga invisible, había perdido en la mudanza) y en su lugar envió una “batallita” audiovisual en torno al artefacto; pero Pilar recibió un pedazo de vídeo divertidísimo que la tuvo riendo media hora y que le dejó un buen humor maravilloso durante todo el día (mil gracias Nu, no sabes lo que me encantó la currada que te diste).

Natalia envió una casita navideña decorada por ella de las que no llegó a vender esta Navidad en Cien por Cien DIY; pero Lydia recibió una artesanía que ha enamorado a su hija mayor, quien está buscando un sitio para ponerla en el jardín esta primavera.

Let envió un par de portavelas DIY, una libreta personalizada y un libro que le gustó mucho cuando lo leyó, pero que tenía por triplicado; pero Sara recibió una preciosa historia de coincidencias tejida en torno a un libro que en su día le tocó la fibra, pero cuando la incorporaron a ella directamente hizo que las lágrimas cayeran por sus mejillas. ¿Qué hay más bonito que regalar una historia? De cuentista a cuentista.

Ruth envió un kit para comer cangrejos y unas velas, que no recuerda cómo habían llegado a su casa y María José aún anda preguntándose cuándo va a comer cangrejos y cuándo va a usarlos. Las velas, desde luego, ya ocupan un lugar muy especial y el kit de usar y tirar para poner frutos secos no es tan de usar y tirar que en casa son muy cuidadosos.

Merak envió uno de esos álbumes de scrapbooking que hace con tanto cariño y dedicación pero que acaban amontonados en un cajón; pero Verónica recibió un precioso álbum personalizado y hecho a mano para incluir en él los mejores recuerdos de Navidad, con la responsabilidad que da utilizar algo en el que sabes a ciencia cierta cuánto cariño hay volcado.

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