Mamá, ¿el mundo es un lugar seguro?

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Por Elena Frisuelos, Psicología para Mamás:

No sé si estos tiempos que estamos viviendo son más revueltos que otros, la verdad es que creo que no, pero lo que sí creo es que estamos todos más expuestos a la barbarie, cercana y lejana. La era de la comunicación tiene muchas ventajas y también algunos inconvenientes.

Los trágicos sucesos de estas últimas semanas, las crisis humanitarias de cada verano, los graves accidentes y demás acontecimientos de este mundo que nos ha tocado en suerte nos están obligando como padres a enfrentarnos a todo un reto: qué hacer al respecto con nuestros hijos. ¿Deberíamos explicárselo o no? ¿Cómo hablar con unos niños de todo esto? ¿Cómo y cuánto les afecta? Probablemente, estas y otras muchas preguntas se os han pasado por la cabeza.

Seguro que ya has buscado alguna que otra respuesta, y que las claves generales de sinceridad, adecuación del lenguaje, dejarles hacer preguntas etc… ya las has leído por ahí. Pero hay más aspectos que a veces se nos escapan y que hoy querría que reflexionáramos juntos:

Lo primero y fundamental es que es muy difícil mantener a los niños ajenos a todo esto, desde luego, pero sí quisiera que pensáramos hasta qué punto los y nos sobreexponemos. Los medios de comunicación se alimentan del morbo y de la necesidad casi enfermiza de ver y saber hasta el último detalle y se pasan el día repitiendo una y otra vez las escenas más escabrosas. Y casi peor que eso es el sonido. Haced la prueba, cerrad los ojos y solo escuchad los tiros o los gritos… Eso es lo que nuestros hijos escuchan mientras creemos que están en la habitación de al lado. Y es horrendo.

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Por supuesto que llegada una edad, debemos hablar con ellos antes que nadie, de hecho, es vital para que nuestra explicación de los acontecimientos sea lo que más les quede. No dejemos en mano de otros, que además no sabemos si sabrán adecuarse o no a la criatura, la “temida charla”. Pero creo que hasta una edad madura (lo cual es muy individual, pero yo diría 12-13 años) ¡no es necesario que vean una y otra vez las imágenes más crudas!

Quiero aprovechar y decir, porque ha habido quien me lo ha preguntado, que a niños de 4-5 años no es necesario en absoluto que les contemos nada, de manera general. Tal vez tu hij@ sea muy maduro o este acostumbrado a dialogar sobre este tipo de situaciones, entonces adelante, no lo dudes, pero personalmente no me gusta “empujar” su maduración y creo que esas edades son aún para vivir en un mundo seguro donde estas cosas no ocurren y no es difícil mantenerlos ajenos a ello.

En segundo lugar, sé lo difícil y temido que es enfrentarse a dos preguntas claves: ¿Por qué pasan estas cosas? y ¿esto puede pasarnos a nosotros? Ya se ha repetido hasta la saciedad la importancia de ser honestos con nuestros hijos, pero a veces uno no sabe o duda cómo hacerlo.

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Ante el porqué, sé que mucha gente responde, “yo no sé por qué”… no digo que sea un error, pero sí me gustaría que valoráramos, según la edad de nuestro hij@s, qué es lo que ellos entienden cuando oyen eso. Desde luego, si nuestro hijo es adolescente o tiene una madurez para que reflexionemos juntos por qué hay terrorismo o por qué no se permite el paso a refugiados a determinados países, pues me parece genial que abramos el debate en familia partiendo de un: “yo no lo tengo claro, ¿tu por qué crees que pasa?”. Pero, si son más pequeños o inmaduros, ellos solos no sacaran conclusiones y necesitan un porqué, como los necesitamos todos.

Es más, seamos sinceros, todos tenemos nuestras propias teorías del porqué pasan estas cosas. Porque el ser humano es así, necesita respuestas y, cuando no las tiene, surge la religión, supersticiones etc… Así pues, suavicémosla, adecuémosla a su edad, pero si pregunta por qué… dale un porqué, tu porqué o el que quieras.

Frente al “¿y esto puede pasarnos?” surge un debate muy personal. Si somos honestos deberemos decir, en muchos casos, que estamos expuestos, desgraciadamente, a un atentado terrorista, por ejemplo. Pero de nuevo acudo a la importancia de la edad. Porque con más madurez, ni tan siquiera la harán, puesto que ya saben la respuesta, pero a un niño de seis o siete años, le aterroriza pensar que algo así pueda ocurrir en su casa, en su ciudad, a sus padres.

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Tal vez no nos sentimos cómodos mintiendo descaradamente y diciendo que eso jamás ocurriría aquí, pero tal vez sí podamos hacer más hincapié en la baja probabilidad, a que no frecuentamos sitios con aglomeraciones etc… Habrá niños menos impresionables, pero los hay que pueden tener pesadillas y terror frente a la idea de que cualquier día lo que ha pasado en París puede ocurrir en Madrid y eso no ayuda a nadie. Así pues, ojo con un exceso de sinceridad.

Aquí hay un detalle muy importante que hay que tener en cuenta, nuestros hijos escuchan “detrás de la puerta”, mientras hablamos con una amiga en la calle o en voz alta con la tele. Si nos escuchan decir lo preocupadísimos que estamos, el miedo que tenemos… ¿de qué sirve entonces que luego digamos que no pasa nada cuando ellos nos preguntan? Solo sirve para crear confusión y que duden de nosotros de aquí en adelante. Así pues, adecuemos todos nuestros discursos cuando ellos estén cerca, creamos o no que nos prestan atención, porque en realidad ellos siempre están escuchando.

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Y, por último , querría reflexionar sobre cómo puede afectar esto a nuestros pequeños. Desde luego que eso es muy individual, pero hay que tener en cuenta que cuanto más identificado o cercano sea el hecho, más les preocupara la situación. Por ejemplo, en el accidente ferroviario de hace unos años en Galicia, mi hijo estaba muy muy afectado, más que con otros hechos. Hablando con él me confesó que estaba muy asustado porque “papa y tu cogéis mucho el tren”… A todos nos pasa, cuanto mayor es la identificación, más fuerte es la impresión, cuidado con esto. Si, por ejemplo, tenéis familia en Francia, se verá mucho más impresionado que si no.

Espero haber ayudado y aclarado un poco la difícil tarea de enfrentar, junto con nuestros hijos, situaciones que ojalá nunca tuviéramos que explicar ni hablar de ellas. ¿Cómo habéis hablado vosotros de los últimos acontecimientos? ¿Os ha resultado sencillo? ¿Habéis notado según la edad de vuestros hijos alguna diferencia?

Fotografías: Pixabay

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