Deberes ¿sí, no… depende?

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La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (Ceapa), que agrupa a 12.000 asociaciones de la escuela pública, ha llamado a las familias a la insumisión respecto a las tareas escolares. Buscando que los niños “recuperen su tiempo libre”, han instado a los profesores a que no envíen deberes a sus alumnos durante los fines de semana de noviembre y, en el caso de que esto no suceda, que los propios padres se nieguen a que los hagan aunque ello repercuta negativamente en la nota.

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La propuesta ha traído de nuevo al primer plano una de las cuestiones más controvertidas cuando se pone el foco sobre el sistema educativo español: la idoneidad de que los alumnos hagan deberes. Como suele suceder con todas las cuestiones candentes y que alcanzan cierta repercusión mediática, poco a poco se van radicalizando las posturas hasta configurar bandos irreconciliables. El problema radica en que convertirnos en “pro” o “anti” deberes limita, cuando no impide, desarrollar un debate que resulte constructivo y productivo.

En MMM abogamos por todo lo contrario. Somos ocho madres con ocho visiones diferentes al respecto. Algunas convergen y otras son diametralmente opuestas, pero creemos que contemplar la cuestión desde todos estos ángulos es lo que nos va a permitir avanzar en la búsqueda del consenso y por eso compartimos con vosotros nuestras reflexiones al respecto.

Para Merak, ejerciendo de gallega, depende

Para mí, el debate debe partir de una pregunta clara: ¿Para qué deben hacer deberes los niños? Yo asumo la buena fe con la que los profesionales desempeñan su tarea, así que no creo que en el ánimo de ningún profesor esté mandar deberes para fastidiar a niños y, por extensión, a padres. Así que, para mí solo existen dos motivos posibles para que manden tareas extraescolares: Afianzar contenidos y crear un hábito de trabajo y estudio más allá del marco escolar.

Creo que lo ideal sería que lo primero se hiciese básicamente en clase, pero lo que yo percibo por la experiencia de mis hijas  -la mayor está en Quinto y la pequeña en Segundo – es que el curriculum que se pretende abarcar es tan amplio que se tocan muchos palos pero no se profundiza en lo básico. Aunque creo en el aprendizaje constructivo, hay áreas del conocimiento en el que la destreza se adquiere a base de práctica y en clase falta tiempo para ello.

Después está ese concepto puramente abstracto del “hábito de estudio”. La capacidad para asimilar, para organizarse, para aprender cómo adquirir conocimiento… también la memorística se ejercita y en algún momento todo alumno va a necesitar de todos esos recursos. Ahora bien, yo creo que la clave es ir ejercitando ese hábito -que no va a surgir de la nada- de una forma racional, progresiva y acorde con la edad del alumno.

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Total, que creo que el problema ya no son tanto los deberes en sí mismos como la cantidad y la forma en la que se plantean. No deben ser un castigo, ni un fastidio, sino una herramienta útil. El problema es que a veces se confunde cantidad con calidad.

Después está el tema de los padres y puede que aquí me lluevan palos, pero creo que en ocasiones somos intransigentes. El profesor habla de deberes y se nos enciende una luz roja. Ni los que están a favor ni los que están en contra preguntan en qué van a consistir, por qué los va a poner, cuántos va a poner. Los unos acatan, los otros protestan, pero a nadie le preocupa el porqué.

Otras se trata de cuestionar, sin más, la autoridad del profesor quien, al fin y al cabo, es un profesional ¿Por qué de buenas a primeras siempre creemos saber más que él y somos reacios a acatar su criterio profesional? Que no digo yo que sea infalible, que el gremio está como está, pero un voto de confianza de partida no estaría mal.

Hay padres que denuncian que los deberes restan tiempo a sus hijos para disfrutar de la infancia, que no tienen tiempo libre. Pero muchas veces esos mismos niños son los que completan su jornada escolar con tres horas de extraescolares porque a veces los niños tienen muchas inquietudes extracurriculares, pero otras los padres lo que necesitamos es cubrir su horario para mal-conciliar. Y ¡claro! si hay que hacer deberes no hay tiempo para todo lo demás. Es más, si hay que supervisar los deberes la ausencia de la figura materna/paterna se hace en ocasiones más evidente. Creo sinceramente que los deberes estresan a los niños, pero todavía más a los padres -a mí, la primera-. 

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En alguna ocasión ya os conté que sí me he encontrado un criterio aplastante a la hora de defender una de las posturas. El de una amiga profesora que creía que los deberes eran una forma de generar una desigualdad entre alumnos donde no tendría que haberla. La escuela debe plantearse como una partida en la que todos jueguen con las mismas cartas y, por lo tanto, todos tengas las mismas oportunidades tratando de corregir las diferencias de partida. Con los deberes tal y como los plantean algunos profesores no hacen más que trasladar las diferencias económicas y socio-culturales existentes entre las familias al ámbito académico.

Aquí no tengo dudas: #Stopdeberes (Pilar)

El tema de los deberes surge cada cierto tiempo (menos mal) y como siempre nos encontramos voces a favor, en contra y algunas voces de “no sabe/ no contesta”. En otros temas me cuesta posicionarme porque considero que no tengo toda la información o porque no soy capaz de encontrar una postura clara, pero en este tema lo tengo claro meridiano: deberes cero.

¿Por qué? porque (en mi opinión) no sirven para lo que “dicen que sirven” que es para crear hábito de estudio y responsabilidad, pero sí sirven para muchas cosas negativas como:

  • Crear desigualdades entre los alumnos (los que tienen ayuda y los que no).
  • Convierten el aprendizaje en algo aburrido y repetitivo (cuando debería ser emocionante, motivante y divertido).
  • Limitan el tiempo libre de los niños y sus familias (nadie puede hacer nada porque el niño tiene deberes).
  • Hacen que los niños vean como algo normal el hacer “horas extras”.
  • Hacen trabajar a nuestros hijos más horas que nosotros mismos.
  • Son una fuente de conflictos familiares.
  • No dejan tiempo para tener aficiones, hobbies o actividades extracurriculares (a las cuales todos tenemos derecho, incluidos los niños).
  • Aumentan el sedentarismo de nuestros hijos (en plena epidemia de obesidad infantil).
  • Restan tiempo a la familia para estar unida y pasar tiempo de calidad (¿sabías que los niños y adolescentes piden pasar más tiempo con sus padres?).
  • Hace que muchos niños odien el colegio.

Te invito a ver este vídeo-experimento que te ayudará a ponerte en el lugar de los niños y a tomar una decisión:

Ni sí, ni no… todo depende (Nat)

Mi experiencia con el tema tema deberes todavía es ligera, lo reconozco, pero para mí todo depende. En casa solo tiene deberes, de forma muy esporádica, mi hija mayor. Empezó con ellos el año pasado, en Primero de Primaria, pero por suerte se trata de algo ligero que le lleva no más de diez minutos en casa uno o dos días en semana. Y nuestra experiencia ha sido bastante buena. Los hace ella sola, le hace ilusión hacerlos, los hace con ganas y son cosa suya. Ni los revisamos, ni los corregimos. Pero es que oigo cada cosa…

Mi hijas son igual un poco frikis porque igual que les gusta saltar y brincar en el parque, les hace ilusión llevar “deberes” al cole, al menos por ahora y cruzaremos los dedos para que así siga siendo. Quizás la razón por la que les gusta hacerlos es porque no se trata de algo diario, aburrido y monótono. Por eso digo que todo depende.

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En su justa medida (María Jardón)

Como madre tengo poca experiencia con el tema de los deberes pero como hija, en mi tiempo, era de las que tenía deberes pero no los recuerdo con horror. Me parece básico que los profesores de las diferentes materias se pongan de acuerdo y las tareas que pongan para casa sean moderadas, es decir, que cada uno no se piense que su clase es la única, si no que sea consciente de que los niños pueden tener actividades que hacer de otras asignaturas. Estoy a favor de los deberes pero en su justa medida, los niños tienen que jugar, pasar tiempo en familia y poder tener hobbies, por lo tanto creo que debería llevarles entre media hora y una hora el poder terminarlos.

Al contrario que mi compañera Pilar, sí creo que los deberes ayudan a crear hábitos de estudio, a que los pequeños sean responsables de sus obligaciones y lo más importante, fomentan la cultura del esfuerzo algo que cada vez tenemos más olvidado en esta sociedad en la que cuando algo nos cuesta, perdemos interés por ello.

Imágenes: Pexels, Francesco Tonucci.

6 COMENTARIOS

  1. Temazo!! Gracias por abordarlo, chicas. Creo que los deberes deberías dejarse de llamar deberes, lo primero. Y pasar a llamarse ejercicios de refuerzo individual: el que los necesite, cuando los necesite, en las materias que los necesiten. Los hábitos se adquieren mejor si son algo motivador, inspirador: los deberes obligatorios, para todos igual, no lo son. Si mi hijo se esfuerza en clase, durante 7 horas cada día, ¿por qué debe seguir haciéndolo en casa otras dos o tres? Para algunos es un refuerzo, para otros (y sus familias) un castigo por haberse portado bien.
    Claro que fomentan las desigualdades y además, están prohibidos en España desde los años 70.
    Deberes, como los conocemos ahora, ¡NO!. ilusionar, motivar, animar a la lectura comprensiva, a la investigación, a la búsqueda en la calle de la solución a los problemas… Eso SI

    • Me quedo con tu visión. Refuerzo para el que lo necesite. O que sean optativos para subir nota. Y, por supuesto, progresivos para ir adquiriendo un hábito, en el primer ciclo de primaria con un ratito semanal de ejercicios hay más que suficiente.

  2. Aquí estoy con Pilar. Fuera deberes.
    Si el caso es como Nat que sólo mandan de ciento a viento, pues ole por los profes y ese colegio, pero yo pocas veces oigo eso. De momento solo tengo experiencia como alumna en el pasado. Pero como madre no quiero ver pasar las tardes haciendo deberes

  3. Yo pienso que los niños necesitan tiempo para ellos. Tiempo para soñar despiertos, para imaginar mundos paralelos o para pensar en las musarañas. Tiempo para procesar lo visto y oído a lo largo del día. Demasiadas pautas hay ya en su vida…

    Si queremos que el día de mañana sean autónomos, creativos, emprendedores, proactivos y valientes (como nos piden a nosotros que seamos en todas esas ofertas de trabajo calcadas unas de otras)… Si queremos que no le teman a la derrota ni al fracaso, sino que los entiendan como aprendizaje y antesala del éxito… Si queremos que sean mejores que nosotros… si queremos todo eso de ellos, no podemos no dejarles espacio para experimentar.

    Los niños no son tontos y saben ingeniárselas. Es bueno que aprendan a confiar en su intuición. Que arriesguen, que le pierdan miedo al error o, mejor dicho, hemos de evitar generarles ese miedo a equivocarse, porque ese es un temor aprendido y no innato.

    Si miras atentamente a un niño, por pequeño que sea, te sorprenderá ver de lo que es capaz. Entonces… ¿por qué no confiamos más en ellos? ¿por que no dejamos de constreñirles? ¿por qué no les dejamos respirar? ¿por qué no aprendemos nosotros de ellos? ¿por qué no nos dejamos guiar por ellos para variar? ¿por qué hago tantas preguntas? 🙂

    En realidad no soy tan radical como parece pero lo cierto es que en mi infancia ya se hablaba de moderar los deberes, de coordinarse entre asignaturas para no saturar a los entonces niños y esto, señores, todavía no ha sucedido y a este paso no sucederá jamás… Es por ello que, a estas alturas, comprendo la postura radical de NO a los deberes. La comprendo y la comparto.
    Cuando los niños llegan a casa después de un montón de horas en el cole HAN DE PODER DESCONECTAR Y SER FELICES.

  4. […] Imaginabas al chico que te gustaba en un partido de basket o haciendo algo semi-heroico con sus amigos cuando, en realidad, igual estaba en casa haciendo sus deberes de mates, igual que tú. Fantasear es chulo. La fantasía habitualmente supera la realidad. Ahora no hace falta fantasear. Basta con mirar en su cuenta de Instagram para ver lo que está haciendo… (o dónde está posando, antes de correr a casa a hacer los dichosos deberes.) […]

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