Señales que indican que eres madre de familia numerosa

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Cuando me quedé embarazada de mi tercer hijo las cosas fueron muy diferentes a mis anteriores embarazos, tanto por mis sentimientos como por las reacciones de las personas a las que se lo contaba y es que, todo el mundo se puede esperar el segundo, pero el tercero…

Sin embargo, recuerdo que alguien me dijo: «no te preocupes, el cambio importante es pasar de uno a dos, a tres ya está chupado» ¡nada que ver señores! El cambio se nota, y se nota muuuuuchooooo y es que hay varias señales que te indicarán que eres madre de familia numerosa, sin dejar lugar a dudas.

familia numerosa
Familia numerosa (Shutterstock)

1. Con un poquito de agua ya está limpio…

Si, mucho se ha hablado de esto pero es que es totalmente cierto. Con tu primer hijo esterilizarás los chupetes, las tetinas del biberón, los sonajeros… todo para que tú retoño esté lo más seguro posible. Con el segundo, con un poquito de jabón y aclarándolo bien ya está listo, puede volver a la boca sin ningún problema. Y con el tercero,… con el tercero ¡nada! Mételo un poco debajo del chorro del grifo y ¡sin problema!

Bueno, en tiempos de coronavirus la cosa cambia un poco pero ya me entendéis.

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2. El cesto de la ropa sucia nunca está vacío

Y si lo ves así es solo un espejismo que durará entre una y 5 horas en función de lo que tarden en volver tus churumbeles del colegio, las extraescolares o de dar un paseo a la manzana. Jamás y digo, jamás estará vacío. Os puedo asegurar que pongo una media de 1 o 2 lavadoras diarias (y llenas, que soy de las que intenta ahorrar y cuidar el medio ambiente).

En mi caso, un día entre semana me permito vivir al límite y me lo doy libre de lavadoras, tendales y ropa que me lo tengo más que merecido, pero poco más. Espero que según vayan creciendo la cosa se reduzca porque es agotador.

3. Galletas, yogures y huevos de tamaño industrial

No sé en el resto de las casas pero en la mía estos tres alimentos desaparecen a la velocidad de la luz, y seguro que alguno más que ahora se me escapa. Ahora que intentamos ir lo mínimo a la compra no tengo nevera para meter los yogures y las cajas de galletas las compramos de tres en tres… Lo mismo pasa con los huevos, que nos saldría más rentable poner una gallina en el jardín (bueno, igual nos haría falta alguna más que sino la íbamos a tener estresada a la pobre).

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4. La comida vuela

Siempre y cuando les guste, claro. Olvídate de hacer un bizcocho y que dé para merendar y desayunar al día siguiente, en una sentada desaparecerá de la mesa. Da igual el tiempo que te pases en la cocina que no te hagas ilusiones, no vas a tener croquetas para una segunda sentada ni van a quedar nuggets para la cena. Con lo único que tendrás suerte es con las lentejas, esas siempre te darán para dos días, o tres si no tienes ganas de pelear.

5. Cada vez que vais a algún sitio parece que os marcháis de vacaciones

Entre los abrigos de todos, los pañales del bebé, la ropa de cambio por si hay que cambiarle, el agua para todos porque siempre hay sed, un blister de galletas o quesitos para comer por si nos entra un hambre que no se puede soportar (que todos sabemos lo a menudo que pasa eso), un juego para que se entretengan los mayores, algún juguete para que se distraiga el pequeño… Vamos, que con suerte en tres mochilas te cabe todo.

6. El momento de calzarse y salir de casa te da escalofríos

En este punto igual me quedo sola pero, desde el momento en el que empezamos a calzarnos para salir de casa, y el momento en el que estamos subidos al coche puede pasar tranquilamente 15 minutos. O bien falta algún zapato, o uno no se puede aflojar el cordón, o el otro hace un nudo raro que ya no se puede ni atar ni desatar…

Y ahora hay que sumarle que cada uno coja su abrigo, su mascarilla y hacerles unos nudos para que les ajusten bien. Vamos creo que con 15 minutos me he quedado corta.

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7. No recuerdas lo que es dormir una noche del tirón

A ver, que puedes tener la suerte de que los tres o cuatro, o los que tengas, duerman como cestos. Pero las probabilidades de que esto ocurra disminuyen proporcionalmente al número de niños que tengas. Si uno no tiene sed, el otro se quiere levantar al baño o el que falta tiene una pesadilla. No sé hasta cuando no conseguiré dormir una noche del tirón pero de momento no se atisba la luz al final del túnel.

8. Nadarás entre ropa

Perdonarme que vuelva a este punto que como veis me tiene un poquito obsesionada, pero no puedo acabar sin contároslo porque la cantidad de ropa en casa es tremenda. Y ya no hablo de las lavadoras que ya me desahogue al respecto, sino de mantener los armarios al día.

Entre la ropa que le queda pequeña a uno, la que hay que guardar para el segundo, la que ya no le sirve a este que hay que guardar para el tercero, que al primero hay que comprarle algo porque este no hereda pero claro, el segundo también quiere algo nuevo…

Llega un punto que no sabes en que caja tienes lo que va a heredar uno, lo que ya no le sirve a nadie, la ropa que te ha dejado la vecina o la que le vas a pasar tu a tu sobrino. ¡Una locura!

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9. Los conflictos están a la orden del día

Y eso que una todavía es pequeña pero siempre hay un buen motivo para pelearse. Cuando eran dos no ocurría tanto pero al llegar la pequeña parece que se ha perdido un poco el equilibrio y cualquier pequeña cosa puede desatar la «guerra». Que si yo soy mejor hermano mayor, si conmigo se ríe más, si le gustan más mis juguetes… Como madre es agotador, supongo que la rivalidad entre hermanos es normal pero a todas nos gustaría que en nuestra casa no existiera.

Pdta: Si me pierdo buscarme debajo de alguna montaña de ropa.

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Soy periodista, Comunnity Manager y madre de dos pequeños terremotos. Me encantan las redes, escribir y compartir todo lo que se me pasa por la cabeza. No me dan miedo los retos, así que estoy deseando dejar salir mi parte más femenina para hablar sobre temas que nos interesan a las mujeres de hoy en día y, como no, deseando pasar un buen rato con vosotras.

2 COMENTARIOS

  1. Tal cual. Los bizcochos vuelan, ropa sucia hay SIEMPRE, salir de casa equivale al gimnasio, pero la tercera maternidad la he vivido tan relajada de «saber» lo que hay que hacer, que es una maravilla!!!

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