Autocrítica y un poquito de vino

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Diana tocándole la moral a Cupido

El episodio de hoy ilustra, una vez más, el manido tema de “mujer y madre busca trabajo” ¿Te suena? Es un tema del que se hace difícil escapar. Especialmente si eres mujer… y madre… y buscas trabajo.

La solicitud

¿Tiene delito presentar un CV falseado? Bueno, me explico. Cuando digo un currículum falseado, quiero decir tuneado y ni siquiera me refiero a contar mentiras, me refiero a describir a un yo del pasado (más o menos reciente). A introducir un bucle temporal que retrate lo mejor de ti en todos los aspectos. O sea, no puedes ofrecer la formación adecuada, la experiencia deseable, las vivencias, los idiomas, los diplomas, la madurez… y la polla en vinagre y aparecer en la foto fresca como una rosa de dieciséis. Señores, eso no es posible, aclárense. A ver, ¿qué quieren? Lo quieren TODO y en la más joven.

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El rechazo

Acabo de ser descartada en un proceso de selección para un trabajo que me iba al pelo. O eso creía yo. O sea de esos que piensas: “es que estoy hecha para esto, nadie en el puto mundo encaja mejor en ese perfil. Soy la pieza que completa su puzzle. Tengo lo que buscan y más. Y además ¡ganas de darlo todo!” Presentas un CV súper adecuado y una carta de presentación más que impecable. Se la diste a revisar a tres persona. Cuatro vistobuenos la avalan. La carta de marras es absolutamente inmejorable y entonces sucede lo impensable… Eres descartada en la primera ronda. Sin entrevista. Sin anestesia. Sin más. “No te queremos”.

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El cabreo

Resuena en tu cabeza el texto del correo que te mandaron. Visualizas a personas de aspecto indefinido descartando tu documentación y, por ende, a tu persona y entonces te entregas a pensamientos malos, malísimos, y sospechas que la única tacha que te han podido encontrar es tu edad y tu condición de madre (porque claro, por lo demás eres perfecta -nótese que a estas alturas esto ya es ironía, tú confianza en ti misma cae en picado y no puedes parar de preguntarte, en bucle, por qué diantre te descartaron).

Ya lo tienes. El problema es que tienes hijos o que tienes cuarenta y tantos años. No hay más ¿Qué otra cosa ha podido no encajarles? ¿Las patas de gallo? ¿Estamos locos? ¿No se dan cuenta de que soy su mejor apuesta? ¿No ven que valgo más que dos de veinte? Que digo dos… ¡tres! No sé como serán las de veinte de ahora pero…

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La pataleta

Me entran ganas de hacer un experimento: Poner una foto de hace diez años y obviar que tengo hijos. ¿Me llamarían entonces para una entrevista? Estoy segura de que sí. Iré, les encandilaré y entonces… entonces, cuando me hagan su oferta esperando que yo me derrita y diga sí… les diré muy digna: “No mira, es que en realidad, yo no soy esta que ves. Soy aquella otra, a la que ni siquiera invitasteis. Y aquella otra (que tiene mucho más mundo y tablas que esta que estáis viendo), esa no quiere trabajar ni loca para mentes estrechas como la vuestra. Y a la salida, me giraré para echarle una ultima mirada a la jefa de recursos humanos y le diré: “un día tú serás yo y te acordarás de todas aquellas grandes mujeres a las que descartaste”. Se lo diré con mi mejor sonrisa y taconeando un revoltoso “¡que te den!”

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La amiga

Claro, hecha mierda como te quedas llamas a tu amiga X. Sabes que te escuchará, te comprenderá y estará de tu parte (que puede que, por simpatía, sea la suya también) y lo hace. Os regaláis los oídos mutuamente acerca de lo mucho que valéis (cuando la abuela está difunta y la madre lejos… es el papel que les toca a las amigas). Tal vez no sea buen ejercicio pero es necesario regocijar al ego tras un desplante. Y te vuelves a casa, dispuesta a pasar página (con más o menos celeridad) y salir, con elegancia, a por más. A por mas collejas, a por más disgustos, a por más retos, a por más… en general. Sin perder el optimismo que vas a necesitar para encontrar trabajo después de los 40.

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El email

Ya tarde, te llega por correo un email de tu amiga, que te enfrenta con aquello que insistías en rehuir: que tal vez SÍ haya razones por las cuales es justo que te hayan descartado a ti.

Ha estado reflexionando y, en un arrebato de sinceridad heroica (por lo arriesgada), tu amiga te cuenta que no nos hacemos ningún favor. Que lo que de verdad nos toca es hacer autocrítica, introspección, examen de conciencia y acto de contrición y buscar en qué lugares, en qué puestos, nuestras habilidades adquiridas a lo largo de los años (esas que creemos nos diferencian de una de veinte) nos pueden hacer valiosas, en otras palabras: me está pidiendo que sea exigente, que investigue, que no me duerma en los laureles, que no caiga en la autoindulgencia. Que me responsabilice de mis actos y no me lamente. Que cambie el chip. Que si ese puesto para el que soy perfecta no existe, me lo invente. (O al menos, eso entendí yo).

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El intercambio continuó por Whatsapp, prometimos volver a vernos pronto. Esta vez no seremos indulgentes pero nos bajaremos sendas copas de vino tinto, que la autocrítica con un poquito de vino pasa mucho mejor.

Se despidió con un “hala, escribe un post.” Y en eso estoy. ¡Va por ti, bonica! 😉

Imagen: Wikimedia Commons

5 COMENTARIOS

  1. Soy mujer, madre, de cuarenta y pocos y busco trabajo para reincorporarme al mundo laboral después de unos 7 años de ocuparme de mis niños full time. No sabes cómo te entiendo querida……….

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