El rito de las despedidas de soltero. Un acercamiento cariñoso y sincero

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Por Ata Arróspide

Una ciudad española cualquiera, media tarde, en horario comercial. Un hombre adulto entra en un céntrico comercio. La dependienta le da los buenos días, el cliente responde:

– Buenos días, ¿tienen el disfraz de polla?

La historia empieza así y una historia que empieza sólo puede acabar en boda.

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Quien dice polla dice pollo… ¡Ah, que no era de éstas…!

Voy a hablar, sí amigas, de las resurgidas despedidas de soltero. Y aún a riesgo de que me acuséis de heteromachistapatriarcal, voy a hacer como la prensa deportiva en las pasadas Olimpiadas, hablando únicamente de las despedidas de hombres, porque solo las gestas masculinas representan la cima de los valores de las despedidas de soltero: ridiculus, molestus, idiotus.

Retomemos la historia del principio: nuestro protagonista ya tiene su traje de polla. Y junto con un grupo de intelectuales amigos suyos, harán la maleta dejando fuera la vergüenza y viajarán a mi ciudad por cuatro duros, con todos los mocos pagados.

La ventaja de venir a mi ciudad en vez de quedarse en la suya, es que podrán pasearse borrachos perdidos a las 5 de la tarde por una calle comercial y hacer el ridículo delante de mis niños. Por fin podrán ser los imbéciles que siempre quisieron ser sin sentir la presión social del qué dirán; liberados del corsé opresor de las apariencias y la doble moral, podrán sacar al tontolculo que llevan dentro sin ser juzgados.

Será un fin de semana de autoafirmación y plenitud borrega.

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¿Por qué llevar un disfraz normal pudiendo hacer el ridículo?

Supongo que más tarde, por la noche, cuando se hayan bebido hasta el agua de los garrafones, este grupo de librepensadores se irá de putas  señoritas que fuman. ¿A qué más pueden aspirar espíritus libres y soñadores como ellos?

Entre medias, y pese a ser todos personas educadas y de sólidos valores cívicos, es probable se les escape algún grito de más, hagan algún chiste con gracia de menos, y dejen un rastro de mierda y vómito a su paso, como lírico testigo de su ilustre visita.

Las horas pasarán y finalmente la borrachera dará paso a la resaca, igual que el día da paso a la noche y el verano da paso al otoño. Ya sólo falta ponerle el romántico punto final a este relato.

Y es precisamente el amoroso colofón lo que no logro encajar en esta bonita historia que empezó un día cualquiera en una tienda de disfraces de pollas de una ciudad española cualquiera:

“¡¡¿Realmente hay una mujer que quiere casarse con este imbécil?!!”

FIN

Hangover
Como en Resacón en las Vegas pero sin tener ninguna gracia

No quiero terminar el post sin aclarar mi postura, por si alguien estaba pensando que no me gustan las despedidas de soltero. ¡Al contrario! todos los cambios vitales importantes tienen su rito de cabecera, ya sea comiendo obleas vestido de marinerito o metiendo las manos en guantes de hormigas venenosas, y los ritos forman parte de la poética del ser humano, son ese tipo de cosas sin sentido que le dan sentido a la vida.

Pero las despedidas de soltero tal y como han resurgido son ritos falsos. Son de pega. Aquí no hay mística, poética ni estética. Son una farsa en la que no hay cambio de vida, no hay un paso a la madurez, no hay un cambio de rol en la tribu. Las manadas de gansos que invaden mi ciudad disfrazados de polla no son adolescentes a punto de volar fuera del nido familiar para formar la suya propia, sino tipos bien entrados en la treintena, que peinan canas en los huevos y que sólo vienen a emborracharse barato y hacer el gilipollas.

No amigas, esto no es un rito. Esto es basura.

Foto: Flickr / Wikipedia / Fotograma de Resacón en las Vegas

6 COMENTARIOS

  1. Como ya te dije, aquí es peor. Además de ir vestidos de dios sabe qué se dedican a pasearse con charangas calle pa arriba, calle pa abajo. Imagino a los pobres que vivan en la zona queriéndose cortar las venas a cachitos…

  2. Querido Ata:

    Lo de las despedidas de soltero es un ejercicio arcaico y vergonzante. Las de soltera con sus pollitas en la cabeza también lo son. Una cosa es irte de farra y otra desbarrar así. Por tanto, no puedo más que darte la razón.

    Por último, te invito a volver más a menudo, hombre. Así nos da para citarte en los eventos..

    Un beso.

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