Economía improvisada: la hucha de los niños

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Cada uno en su casa se organiza como quiere. Y más si estamos hablando de dinero. Nos guste o no (mi hija fantasea con “que no existiera el dinero”), el dinerito que mes a mes entra en las casas -en las afortunadas, tal y como están las cosas- nos obliga a gestionarnos de la mejor manera posible. Y si eso implica que nuestros niños nos echen una mano a final de mes…pues se acepta, claro, claro.

economía-hogar

La economía doméstica es una de esas parcelas de la convivencia en las que yo creo que existe más igualdad. Conozco hogares en los que es el hombre quién lleva las cuentas, controla los gastos fijos, las inversiones, los gastos probables, etc, etc (mi padre se ha puesto a tope con la excel y ahora mi madre tiene que darle toditos los tíquets de la compra para que los puntee).

En otras casas, son las mujeres las que hacen y rehacen las cuentas. Las que saben lo que se gasta en luz, teléfonos varios, agua, gas, basuras, impuestos de coches, casa, ahorros para vacaciones, etc. Las que revisan las facturas mensuales, bimensuales, anuales y renegocian contratos de suministros, seguros, pólizas.

La economía del hogar debería ser materia obligatoria en los institutos. Saber hacer una declaración de la renta (simplificada) o negociar un contrato de suministros o comprender la letra pequeña de una póliza, son cuestiones cada vez más necesarias. Claro que hay una parte de esa “microeconomía” de la cual las mujeres nos ocupamos casi en exclusividad: todo aquello que concierne a los gastos de la prole.

hucha

Somos nosotras las que compramos su ropa de temporada y en las rebajas, la de la temporada siguiente, calculando “a ojo de buen cubero” la talla pantalones o de zapatos que van a llevar. Somos nosotras las que tenemos siempre suelto en el bolso para comprar unas chuches, las que ahorramos para la peonza más fashion del momento, las que compramos la medicación que nos dice el pediatra, las que pagamos las extraescolares y el euro para la fiesta del cole. Las madres aflojamos la pasta para los cumpleaños, excursiones varias y todo tipo de “gastos no controlados” que son habituales en la rutina diaria con la familia.

En hogares donde el dinero va en cuentas separadas y se aporta a una común para los gastos del hogar, suelen ser las cuentas de la parte femenina las que soportan ese gasto de los infantes. Así que es normal que seamos las madres las que, con nuestro buen criterio, entendamos que ha llegado el momento de que nuestros hijos contribuyan a sus gastos.

No me refiero a que se pongan a trabajar antes de tiempo, sino más bien, que no les importe gastar el dinerito de sus huchas para todos esos imprevistos. Así que, tras una microencuesta entre mis amistades, os cuento las diferentes formas de financiación externa que podemos encontrar en el hogar.

  • Una hucha de ida y vuelta. Es una de las formas más curiosas que he encontrado. Se trata de darles la paga, el regalo en forma de billete de 5€ o su “salario” por hacer algunas tareas domésticas, que ellos lo metan en la hucha y al día siguiente, nosotras lo sacamos y volvemos a utilizarlo para un fin similar. Muy sutil, siempre que el menor no tenga controlado lo que va sumando, claro está.
  • La gran recogida navideña. Siempre está la bisabuela, abuela, tía o tía abuela que les da dinero para que se compren algo. Y somos nosotras las encargadas de recoger esos billetes. A final de Navidad (o del cumpleaños), nos encontramos con un montón de pasta ( a veces con dos o tres, depende del número de criaturas que hayamos traído al mundo) en nuestro monedero. Pues ahí es donde mejor está: nada de meterlo en su hucha o en su cuenta. Al fina y al cabo, ¿no nos gastamos nuestros cuartos en darles lo mejor? Pues eso, la contribución de la familia. Y siempre, siempre, agradeciéndolo 🙂
  • La cuenta de la suegra. Esta es la opción más inteligente de las que me he encontrado. son muchas las madres o suegras que con el advenimiento del nieto/nieta se viene arriba y le abren una cuenta. Tenemos que convencerlas de que, como progenitoras, es imprescindible (y legal, que siempre da peso al argumento) estar de titulares en esa cuenta. Cuando consideremos que a la abuela se le ha olvidado, cancelamos la misma recaudando la pasta. ¿Acaso no nos la vamos a gastar en ropa, zapatos, uniformes, extraescolares, cumpleaños, etc? Dinero bien invertido el de la abuela, of course.
  • Micro-préstamos. La última opción, cuando nuestros hijos son controladores de sus ahorros, son el bombardeo de micro-préstamos. “Pepito, ¿le prestas a mami 20€?” “Pepito, ¿Le prestas a mami 15€?” Y así, semanalmente un par de veces, cambiando de cantidad y de finalidad de la misma. Imposible que se acuerden de todos…

Así que si tú eres de esas que de vez en cuando metes mano a la hucha de los niños, no te preocupes. Es lo justo en términos de economía doméstica.

6 COMENTARIOS

  1. Durante mi infancia, era mi padre el que me saqueaba la hucha para comprar el periódico con suplemento del fin de semana. Nunca tenía dinero suelto y nunca lo devolvía. Lo de cancelar la cuenta de la suegra lo veo arriesgado . Solo nos faltaría acumular más puntos en nuestra contra.

  2. A mi me daban la paga por lavar los platos de la cena. Sinceramente, esos fueron mis primeros ahorros con lo que subría fiestas de cumples, cines y caprichos de ropa de marca (la tontería de adolescente,ya sabéis). Aunque parezca algo muy frío, eso me ha servido para controlar siempre mis finanzas, para valorar el esfuerzo que cuesta ganar dinero y para saber que no siemrpe se puede ir al cine, ni a tomarse un helado ni nada.

  3. A mi me daban mi quincena de acuerdo a lo que yo hacía en casa, jamás me la tocaron pero eso si, si yo quería algo que no necesitara salía de ahí. Cumpleaños de la amiga? También de ahí? Mi primera carta de crédito (secundaria a la de mis padres) se pagó con eso también; claro que no me lo dijeron hasta que llegó la cuenta y pues me dolió en el alma!!
    Yo si he metido mano en la de los enanos y casi siempre ha sido para cosas del cole. Lo que si hacemos es que ese dinero se usa para cosas no necesarias, y si es algo muy caro pues que junten la mitad y el resto sale de nosotros pagaderos con creces -perdón meses- en labores extras.

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