Elogio de la sobriedad

34
corredor-camuflado
El minimalista camina hacia la sostenibilidad

Hacer elogio a la sobriedad justo después de fiestas es contradictorio pero necesario. No vengo a aguaros las fiestas, que las fiestas ya las hemos disfrutado. Más bien vengo a hacer acto de contricción, a predicar la abstinencia que compensa el abuso de camino hacia el ansiado equilibrio. Tiene sentido, ¿no?

Todavía está fresco y vigente mi propósito de poner orden a mi vida y a mis cosas. Pues bien, resulta que esa simplificación que anhelo tiene un nombre y número creciente de adeptos. El término no me es ajeno. De hecho, todos tenemos imágenes en mente de lo que en arte y en arquitectura se conoce como minimalismo. Salones blancos, inmaculados, vacíos… El minimalismo puede parecer extremista y poco realista, si vives en pareja y tienes hijos. Vamos, es del todo una utopía peeeero, dejadme hablar que ya sabéis que me gusta y últimamente ya no me atienden ni los girasoles.

En busca de la sencillez

Cada vez más, siento que tener muchas cosas me agobia. Cuando digo muchas, tampoco me refiero a muchíiiiisimas (habría cortocicuitado ya) me refiero, simplemente, a más de las estrictamente necesarias. El minimalismo va, precisamente, de eso. No va de salones blancos, con mobiliario de diseño y alfombras que “pobre el que las pise”. No. El minimalismo predica tener lo estrictamente necesario. Ni más, ni menos. Y, por supuesto, cada cual define lo que le es “necesario”.

lampara-minimalista
Pocos objetos y de calidad (con lo que nos vamos a ahorrar al no consumir al tuntún)

Claro, necesario en el momento actual. No me coléis como necesario un “por si acaso me da por estudiar italiano”, “por si viniera a vivir conmigo mi prima de Cáceres” o “en caso de apocalipsis zombie“. Las cosas que tal vez vas a necesitar en futuros hipotéticos te quitan sitio, acumulan polvo y, lo que es peor, te restan energía para concentrarte en lo que de verdad es importante: El aquí y el ahora. Sí, claro. “Quien guarda, halla…” También me lo decía a mí mi abuela pero es que eso viene de los tiempos de postguerra, en que la gente realmente no tenía nada. Ahora, no nos engañemos, tenemos de todo y en exceso.

En ese ejercicio de desprenderte de lo superfluo, debes quedarte solo con lo necesario en tu vida actual. Sin sentimentalismos, que los recuerdos no viven en las cosas sino en tu mente. Sin nostalgia, que nos atrapa en pasados que ya no existen (y tal vez nunca existieron). Atrapados en el pasado, nos alejamos del presente.

En busca de la calma

¿Pero cómo? ¿Predicando el ascetismo? Creo que estoy todavía lejos del ascetismo pero siento que en él se halla la calma. Ya he tenido mis épocas ascetas, donde el mayor de los lujos era mi ordenador portátil en el que (ay, qué ingenua) pretendía almacenar TODAS mis pertenencias (todavía no tenía hijos, claro). Lo que pasa luego, cuando los tienes (en esa vida que, a ratos, ya no parece tuya) es que los objetos y la ropa (especialmente los calcetines) se multiplican como los panes y los peces, sin piedad y por doquier. Y el salón vacío blanco que soñaste un día, se convierte en una visión más que utópica, eso, onírica.

casa-minimalista
A la Casa Farnsworth te vienes sin tus trastos, porfa

Cuando digo que quiero poner orden, me refiero a que quiero simplificar mi vida. Vaciarla, aligerarla, ojo, de lo material.  Quiero traspasar el minimalismo arquitectónico que un día me sedujo, a mi entorno inmediato. El minimalismo no es una tendencia arquitectónica, es una filosofía de vida. Quiero mantener mi vida llena de gente y movimiento, de experiencias y emociones, de visitas previstas y visitas inesperadas, de jaleo… pero no de objetos. Fuera todo lo que no sea estrictamente necesario, funcional (o escandalósamente bonito ;-).

En busca de la austeridad

La cuesta de enero se impone austera pero ¿y si en lugar de verla como una imposición (que lo es), logramos verla como una oportunidad? Ya no es secreto que NO es la abundancia material la que nos hace felices sino la abundancia en experiencias, en vivencias, conversaciones, risas, lecturas, aprendizajes… ¿A qué esperamos entonces para separar el grano de la paja?

Este año quiero austeridad en mi armario, austeridad en la mesa y en mi vida, en general, para poder concentrarme en lo importante. Poco a poco, voy a ir vaciando mi casa de objetos que no merecen estar ahí. Si tengo pocas cosas, es más facil ordenarlas y me distraigo menos y seguro que eso también me proporcionará claridad de ideas.

Me he mudado diez veces. Primero, con una maleta con veintitrés kilos. En la siguiente mudanza, bastaron tres viajes en bici con mochila y un cuarto viaje con un colchón enrollado a la espalda… para la última precisamos un camión. Vale que una mudanza familar con muebles y críos blablabla pero… no sé. Nuestra última mudanza me hizo reflexionar. Yo creía que teníamos pocas cosas y aún así, me resultaron demasiadas. Por supuesto, supuso una limpieza y una reducción de pertenencias pero no me bastó. Quiero más. Quiero decir… quiero menos.

Aquí y ahora, me comprometo a iniciar mi camino hacia el minimalismo. ¿Alguien me acompaña? Si vamos con poco equipaje, ¡habrá sitio para todas! ¿Te animas? 😉

Aquí unos sencillos tips para empezar a reducir.

Imágenes: Alexander Harbich, Design Milk and Timothy Brown

34 COMENTARIOS

  1. ¡Me encanta Nuria! Sin duda vivimos con muchas más cosas de las que necesitamos. Ánimo en tu aventura, lo conseguirás seguro 🙂

  2. ¡Estoy contigo compañera! en mi última mudanza usamos un camión trailer y por poco no entra todo ¡y eso que habíamos hecho una limpieza de trastos importante! pues ni con esas…
    MI problema es que YO soy de estilo minimalista y mis hijas y mi marido son todo lo contrario…adoran acumular trastos y odian tirarlos, así que aquí estoy…con un tira y afloja constante jaja

    • ¡Querida Pilar!
      Entonces tengo que juntarme contigo para que me contagies tu espíritu minimalista porque lo mío es todavía más un deseo que una realidad… 🙂
      pero lo estoy visualizando y eso significa que el motor ya está en marcha. ¡Allá voy!
      Un abrazo!!

  3. Jo, pues.. me da que vengo a romper la armonía zen en la que te habías arropado.. pero con cariño ¡qué conste!
    No estoy tan segura de que los recuerdos vivan en la mente, en la mente se adormecen y necesitan anclas para volver a la superficie, sí ya sé que es una contradicción pero ¡esa soy yo! Al menos los míos.. una foto, un cuadro, un papel, un boomerang australiano… son objetos sí pero son algo más, son retazos de vida, son recuerdos de amistades, son sonrisas que se asoman de nuevo a mi cabeza y a mis labios…
    Sí que es verdad que me encanta lo que dices y que me parece una aventura para valientes, yo creo que me vendría bien en algunos aspectos, quizás para paliar mi desorden congénito, al haber menos que ordenar el desorden también se notaria menos pero por otro lado (quizás por la edad…) me cuesta mucho renunciar al pasado, a lo que significa ese ayer en mi ahora.
    No sé.. de verdad que no vengo a sembrar la duda pero.. no sé…

    • ¡Hola Pilar!
      Muchas, muchas gracias por abrir debate con tu sincero sentir. Nada de sembrar dudas, ni romper armonías… ¿Te crees que yo no tengo dudas?
      🙂
      Si es que tiene mucho sentido lo que dices! Todo el sentido del mundo. Esa es, precisamente, la razón por la que muchos sentimos apego por las cosas (porque efectivamente nos conectan, nos transportan a algún momento del pasado del que nuestra memoria se ha desprendido porque no da para todo…)

      La cuestión que yo me planteo, y donde a mí me entran otro tipo de dudas, es si ese acumule de objetos (que ejercemos con afán recordatorio) no nos estará suponiendo UN LASTRE.
      ¿No te pasa cuando duermes en un hotel, que el hecho de que la habitación esté vacía te da la sensación de posibilidades infinitas? ¿que ahí mismo podrías empezar de nuevo tu vida partiendo de cero? No me mal entiendas. Me encanta mi vida. Pero yo en esa habitación de hotel, o en ese albergue, o en esa tienda de camping con nada más que lo que necesito… me siento con más libertad para tomar decisiones, o por lo menos… menos condicionada. Sé que el ejemplo es extremista. No quisisera vivir en una celda.

      No sé. Hablo por mí, por supuesto, empiezo a tener la sensación de que muchas de esas cosas que he guardado con cabezonería durante años (y he llevado conmigo mudanza tras mudanza…) ya no le aportan valor real a mi vida. Por lo menos no todas. Se trata de dar con las que sí te siguen haciendo tilín y quedárselas para los restos pero… ¿Las demás también?

      Juego con ventaja. Soy una persona poco nostálgica. 🙂
      Un abrazo!
      nuria

  4. Claro que me animo, soy super fan del quítame allá esos trastos, enreos que diría mi murciana madre. Para facilitar la cosa, qué tal si tú te vienes a mi casa y me tiras todo lo que no te parezca importante ni bonito y yo hago ídem? Piénsalo 😛 mi sueño de siempre ha sido hacer una hoguera en San Juan y quemar todas las cosas que sobran que son casi todas.

  5. ¡Cómo me gusta esto de las charlas epistolares! (que a fin de cuentas es lo que hacemos… tanta modernez del mundo 2.0 y luego escribiendo cartas como hace siglos… jejejeje)

    Sí, se le puede definir como lastre, es cierto, estoy de acuerdo pero lo mismo que los años, están ahí, los tenemos porque los hemos vivido. Quizás esa experiencia nos lastra a la hora de tomar decisiones.. o quizás no, quizás esa experiencia nos ayuda a equivocarnos algo menos (quiero pensar yo que soy una optimista patológica..). Con nuestro entorno quizás sea un poco igual, ese vacío que parece que nos libera que mencionas de las habitaciones de hotel, que nos muestra una nueva vida o al menos unas nuevas posibilidades.. quizás no sea eso, quizás nos borra, nos iguala, nos difumina.. nos quita forma y carácter y nosotros, yo y tu, somos lo que somos por lo que hemos vivido, por lo que recordamos, por lo que sentimos al recordar.
    Sí, mi vena diógenes está muy marcada… lo mismo es grave, no te digo yo que no… jejejejeje
    PD.- Esperando tu respuesta me quedo.. pero sin presión… jejejeje
    Bss

    • Está claro, Pilar, que a cada cual le sienta la aspirina de manera diferente… 😉 Yo digo: SÍ a los recuerdos, SÍ a cositas bonitas que nos hacen felices… y NO, a lo que nos amarra al pasado. NO, a lo que nos impide evolucionar y movernos con ligereza. Y… tachán… desprenderme de objetos no supone desprenderme de lo vivido, ni de mis experiencias vitales. Eso se queda conmigo! 😀
      ¡Cómo me gusta el ping pong! Recuérdame que no tire las palas…
      Besos!!

  6. Jajajajajajaja… ¡¡Muuuuuy fan!!

    ¿Y cómo lo filtras?¿Dónde pones el punto en el que algo es recuerdo y algo es lastre?¿Cómo notas esa diferencia?¿Por el tiempo que hace que no miras esa foto?¿Por la calidad del recuerdo que te provoca?¿Por…?
    A mí es ahí donde me pincha la teoría, que no digo que sea mala, ¡ojo cuidado!, me parece sanísima pero me resulta tremendamente complicada. Yo creo que me generaría más ansiedad la selección de lastres ese “quién se queda o quién se va” que recolocarlos cada cierto tiempo pero admito que quizás esta sea una tara mía, también puede ser.. y también podría ir empezando con poco… a ver que pasa…

    Ping pong que no pin y pon que esos ya se habrán ido de casa o los habrás echado..jurjurjurjur… ¿no?

    Bss

    • Pues tú lo has dicho, amiga. Supongo que ese es el arte, que de eso se trata. De saber discernir eso precisamente. Y no puedo imaginar otra manera de hacerlo que a sentimiento, como tú dices.

      También te digo que por aquí corren un par de Pin y Pon de MI infancia. Dos. Son chiquititos, a mi hija le gustaron y a mí me pudo la nostalgia que no tengo! 😉

      • Soy tan fan del texto, como de la charla posterior, como de los comentarios que se van sumando, como de esas contradicciones que nos definen y nos confunden..
        “a sentimiento” es como deberíamos vivirlo todo.. pero lo mismo es un poco agotador.. no lo sé..

        • Si la vida no te agota, es que te la pasas durmiendo… 😀
          Yo también estoy disfrutando un montón, Pilar.
          El debate sano en los comentarios enriquece y ayuda a matizar lo que uno intentaba explicar arriba. Que nada es blanco, ni negro y todos tenemos siempre un poquito de razón.
          Mua!

  7. A mi me pasó algo así hace unos ańos, quité todo lo que sobraba en mi vida, era una sensación y de repente como que todo se juntó:
    -Empecé con un nuevo grupo de amigos, unidos por nuestro mismo gusto en música. Nada de amistades superfluas ni visitas obligadas.
    – Me hice vegetariana.
    – Natación y yoga. Me sentí más fuerte pero más flexible.
    – Me volví mś espiritual. Ojo, no religiosa, es un cambio más profundo.
    -Nos mudamos de piso. Estábamos viviendo en Buenos Aires y el nuevo departamento pertenecía a una profesora de Terapia de voz(imagina que gusto hablar con alguien así, era tanta la paz y el equilibrio que me transmitía) y su casa era un reflejo, muy blanca, mucha luz y ventilada. Nos despertaba el sonido de los loros de las palmeras de enfrente(Ay es que en Buenos Aires te despiertan las loras, no los gorriones, cosas del Nuevo Mundo).
    Yo no buscaba ese cambio, me vino y lo aproveché, sirvió para construírme por dentro y no por fuera con objetos. Y me ha servido tanto, tanto durante todos éstos ańos, así que si te decides, hazlo, yo estará animándote.

    • Oh, Gemma, te agradezco horrores este comentario.
      Me confirma que voy por buen camino. Comparto muchas de tus inquietudes y, como tú dices, es como que de repente los astros se alinean y todo parece empujarte hacia ese lugar que describes.

      Un lugar que puedes estar en Buenos Aires (me muero de ganas de visitar Buenos Aires) o en cualquier otro sitio del planeta porque, en realidad, es un lugar que contruyes dentro de ti.
      Me formé como arquitecta pero hace mucho tiempo que la construcción de casas dejó de interesarme. Mi casa, la que de verdad me importa, no se construye con ladrillos. 🙂
      Un abrazo transatlántico!

      • Ya volvimos a la consumista e insolidaria Europa ughhh, estamos en Croacia y echo muchísimo de menos mi etapa argentina, allí cuando ves que hay gente que realmente vive debajo de un puente te planteas muchas cosas.
        Quizás fué eso, o estar lejos sin familia, raíces.
        Si te apasiona la arquitectura y la decoración, entonces amarás Buenos Aires.
        Piensa en un viaje también. A mi me ha dado últimamente por hacer peregrinaje, y ya sabes que así se lleva sólo lo necesario.

        • Viajé mucho tiempo atrás. Lo echo de menos. Es cierto que cuando uno viaja se concentra en lo esencial. Echo de menos la vida sencilla. El moverme por el mundo con poco equipaje.
          Ahora, en familia, peso más y me muevo menos. Siendo unos cuantos en casa se apelotonan los trastos pero, aún así, creo que NO es imposible hacer un reset.
          En ello estoy 🙂 Un placer de charla, Gemma!

          • Ay que yo he viajado por el mundo y nunca mejor dicho jejeje de un extremo a otro, diferentes hemisferios, diferentes estaciones del ańo en un día; vuelos de 14 horas con marido y tres hijas!! Ya te estás poniendo trabas con que familia pesa!!. Una mochila cada uno y a embarcar!!. Al final, son ellos los que más disfrutan del viaje, romper la rutina, viajar en avión o en tren y ya lo de ver otras culturas ni te cuento.
            Nota: El boomerang de Pilar me tiene loca. Algo de lo que nunca, nunca NUNCA te puedes deshacer. hmmm.

          • Eso está clarísimo, Gemma.
            Me muevo menos, me muevo de otra manera, tengo que ajustarme a presupuesto familiar y calendarios escolares… pero eso no significa que no me mueva y que no lo disfrute! 😉
            Esa es la razón por la que jamás me compraré un boomerang! jajaja

  8. Sospecho que resulta más complicado despejar la mente que la casa… pero ¡por algo se empieza! Me encanta el post, gracias por el empujón!

    • A mí me parece que esos despejes pueden estar altamente relacionados. Hablamos en un mes… Igual para entonces nos hemos convertido ya en las reinas de la clarividencia! Gracias a ti por unirte a la revolución 😉

      • Ya te contaré,e s que justo estoy comprando los billetes para nuestro próximo viaje muy especial, se lo vamos a dar a las hijas mayores como regalo de cumpleańos. Sí, les vamos a regalar cultura, arte y experiencias para su cumple. Y no cosas.
        El minimalismo no es tener menos, es tenerlo de otra forma que no es físca.

  9. Me encanta el post, lo que planteas y por sobre todo el cómo!
    Admiro el minimalismo, a mi cerebro que ordena para buscar paz le encanta, peeeeero soy nostálgica en extremo. Atesoro recuerdos, les doy forma y necesito verlos ahí, en una foto, en un iman de la heladera. Me gusta que mi casa cuente mi historia, o la parte que a mí me genera lindos recuerdos de esa historia. Trataré de seguir tus pasos en el placard, hay ropa que no me pongo en décadas, por algo será, y lo que sobrevivió de esta última mudanza por el momento creo que se quedará conmigo, por lo menos hasta que me olvide el por qué de tenerlo ?
    Es lindo leerte

    • Gracias, Laura 🙂
      Es lindo ver que me lees!
      Es lindo ver… lo poco sólidos que son mis argumentos!
      Me has robado el corazón con lo de que “tu casa cuente tu historia”… Y sí, tienes razón! Pero que cuente las historias justas para no entorpecer a historias futuras. Que cuente una historia incompleta, para que los capítulos que están por venir tengan cabida. Que cuente… pero no en exceso. Que permita cierto misterio entorno a tu persona para quienes llegan hoy a tu vida.

      No estoy en contra de una casa que cuente cosas. Pero sí en contra de una que lo cuente absolutamente todo!! Tú sabes. Hay fondos de escritorio que ya no van. 😉
      Un beso!!

      • es que justamente hablamos de elegir nosotras a conciencia que recuerdo guardar y no que venga la casualidad a decorarnos la vida JAJajA
        Sabes que tus argumentos siguen siendo sólidos, más allá de los cuadritos con miras que nos apunten ?
        Me hiciste reír!!

  10. Me declaro fan incondicional de Núria! Me encanta cómo escribes, cómo argumentas, cómo llegas, cómo me haces reír, tu lucidez, tu humildad, tu saber ver las cosas desde el lado positivo, cómo tomas la distancia justa para hablar de cosas en las que estás metida hasta las cejas… me encanta!! Y además, comparto tu visión en casi todo lo que he leído.. En concreto, este post me pilla con la espalda molida de horas de hacer criba de trastos, juguetes viejos, papeles que me quiero quitar de encima, etc. Hace ya 8 meses de la última mudanza y todavía no me había puesto a escoger lo que vino a bulto en el camión y metimos a bulto en la casa nueva… Se nos han alineado los astros a la vez! Y no sólo a nosotras: mis hijos me sorprendieron este fin de semana diciendo que querían montar un mercadillo de sus “cosas que no necesitan” (al loro, tienen 6 y 8 años! ). Qué has hecho, Grimhilde?? es cosa tuya? ?

    • Jaajajaja!! Les mandé un minihechizo pero desde el cariño, ya sabes.
      ¡No merezco todas esas cosas bonitas que me dices! ¿De quién hablas? ¡Esa no soy yo! Pero qué bien sienta escucharlo…
      A tirarlo todo. Mi misión es deshacerme de cosicas. Llegar a la vejez con una maletita ligera. Un par de mudas, un par de amigas y una bolsa de magdalenas 😉
      Besitos!!!

  11. […] Me fascina del minimalismo. Ya no como movimiento artístico sino como forma de vida. Creo fervientemente (aunque lo practique poco) que ordenar mi casa aligera mi mente. Es indudable que compramos cosas que no necesitamos y saturamos nuestras vidas y armarios con lastres y trapos. Lo del armario tiene arreglo. Aquí y allá encontramos trucos para minimizar nuestro vestuario y desatascar el armario. Sin embargo, quiero más. Quiero decir: quiero menos. Aspiro a vivir cada vez con menos pertenencias. Atisbo un retiro en una minicasa, merendolas con mis amigas. Si no cabemos dentro ya las haremos fuera, que también visualizo clima templado (puestos a pedir). […]

DEJA UNA RESPUESTA

Introduce tu comentario
Introduce aquí tu nombre