Exprimiendo cada etapa de la vida

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“Sólo dos legados duraderos podemos dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas”.

Hodding Carte

 

El día a día parece un lento devenir de acontecimientos, como una cascarria a la que hay que dar cuerda. ¿Cuánto falta para las vacaciones de verano? Más de tres meses. ¿En serio? Sí, en serio. Todavía quedan por delante mayo y junio, el fin de curso y “encajar” a los peques en ludotecas o con los abuelos. Quedan muuuchas horas de piscina urbana antes de poner los pies en polvorosa y pisar, en el mejor de los casos, la arena de la playa.

Tres meses = a una eternidad.

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Tengo en la mesa de trabajo una foto de mi hija soplando su quinta vela de cumpleaños y a su lado el pirata mediano con la típica cara picarona del que se sabe el príncipe de la casa. Una pícara y preciosa carita de bebé. Ahora ya escribe cuentos, sabe nadar y si me descuido, suelta algún taco.

Cuando hice esa foto, el tercero no estaba ni tan siquiera en camino. Así que miro atrás y concluyo que…

Tres años son = a un instante

Intento evitarlo pero a veces veo mi futuro como una película en Súper 8 y en ella veo a mis hijos con la nuez ya desarrollada y esa voz de ultratumba que se les pone a los adolescentes. También visualizo a mi hija con la cama llena de modelitos, nerviosa perdida mientras se mira al espejo una y otra vez. En la cocina yo preparo sola la tarta de mi cumpleaños. Más tarde me veo soplando las velas con la única compañía de mi marido porque nuestros hijos precisamente ese día salían con sus amigos… Si es que estos chavales ya se sabe…

No hay un momento concreto en el que nuestros hijos se separan de nosotros, se desconectan. El hecho es que OCURRE y de hecho, es sano que así sea. Supongo que es parte de un proceso lento que nos ayuda a hacer más llevadero el síndrome del nido vacío. Lo triste es que por ley de vida, ocurrirá cuando  precisamente más necesitemos su compañía: cuando nos empiecen a flaquear las fuerzas, se nos arruguen las manos y peinemos más canas que pelos de color.

Como parte de ese proceso, llegará el día en que no nos dejen leer sus diarios o sus notas privadas, en que tuerzan el morro si hacemos más preguntas de la cuenta o en que todo lo que les digamos lo perciban como un ataque a su persona o a su personalidad. Más adelante nos alzarán la voz porque sí, se rebelarán contra todo y contra todos, no querrán que les besemos en público, discutirán por cosas nimias, se volverán desordenados e irascibles, nos convertiremos en invisibles para ellos y serán adeptos de una única religión: sus amigos.

Cómo nos suena todo, ¿verdad? Por ese camino ya hemos transitado antes, son los espacios comunes del recorrido pendular de nuestra propia historia. 

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Las que somos madres de niños todavía pequeños nos sentimos en ocasiones agotadas físicamente o sin fuerzas, con una nube en la cabeza hecha de pañales, babas y despertares, deberes, batas por planchar y cordones de deportivas por atar. Todo pasa y todo llega. Y estoy segura de que un día echaremos de menos estas rutinas de locura, esas carreras matutinas y las benditas piezas de lego que nos taladran el pie en cualquier esquina.

Así que mientras tanto, mientras llega el momento, ¡vamos a aprovecharlos! Tenemos que disfrutar de nuestra maternidad con sus luces y con sus sombras. Es necesario que tomemos consciencia de ello en medio de la vorágine del día a día. ¿Os habéis fijado en la ilusión que les hace celebrar no solo sus propios cumpleaños, sino también acompañarnos en los nuestros? Bendita alegría de vivir.

Los fines de semana son nuestros grandes aliados para desconectar del ruido y asombrarnos con ellos de todo lo que nos rodea. Agarremos esas manitas con hoyuelos en lugar de nudillos y recorramos el camino juntos, riendo, bailando, achuchándonos, colmándoles de abrazos y recibiendo de buen grado esos bababesos de amor tan suyos.

En serio. Es sábado, ¡vamos a disfrutar el día con ellos, ahora que nos dejan!

No os robo más tiempo. Solo os invito a leer este poema de Kahlin Gibran que me caló profundamente en su día:

Tus hijos no son tus hijos 

Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida
deseosa de si misma.
No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos,
pues, ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas,
porque ellas, viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea para la felicidad.

14 COMENTARIOS

  1. Esa reflexión me hago cada día: la de la relatividad del tiempo. Los 2 años de Ojazos han pasado en un abrir y cerrar de ojos y me da miedo perderme tantas cosas… me da miedo llegar a casa un día y tener un adolescente sin haberme dado cuenta. Intentaré que no sea así. Un besote

    • Somos unas mamá-drama, pero ¡qué le vamos a hacer! Tomar consciencia de que el tiempo VUELA es el primer paso para disfrutarlo, y con la infancia de nuestros hijos se hace especialmente importante. Cada fase tiene sus pros y sus contras, quedemos con las cosas buenas y ¡a disfrutar!

    • Desde luego… Nos estremecemos al darnos cuenta de que esta etapa de nuestra vida TAMBIÉN pasará y nunca más volveremos a tenerlos a nuestro lado en su versión mini… Mejor quedarnos siempre con la parte positiva.

  2. Me ha encantado leer el post, es muy reflexivo y muy real. El tiempo pasa casi sin que nos demos cuenta (que razón tenía mi madre!)
    Hace 7 años que me fui de mi ciudad para vivir con mi pareja, hace 3 años que nos casamos…. Justo hoy le decía a mi marido que no me hubiese creido que justo tres años después de darnos el ‘si, quiero’ iniciaría la preparación al parto.
    Y ahora me preocupa lo que vosotras decís, ser capaz de disfrutar al máximo de mi niña y no perderme nada de lo que tenga que ver con ella. Empezando por disfrutar del embarazo…
    Un beso!

    • Ay, María, pues disfruta mucho de cada fase pensando que ya no volverá, con sus luces y con sus sombras!! Y enhorabuena por la dulce espera! 🙂

  3. No quiero agendas..no quiero planes ni siquiera días del calendario que tachar..porque los momentos se me habrán marchado tan rápido que los echaré de menos…solo quiero tiempo pero del bueno para estar con mi hijo…y llenar nuestras mesas de sus fotos que me recuerdan cuan grande es lo de ser madre…un beso querida

  4. Qué gran post compañera!
    El. tiempo pasa volando, es algo que se dice siempre y que no somos conscientes de ello hasta que somos madres.
    Yo desde luego no quiero perderme ni una sola de las etapas de mis hijas, hasta las difíciles. Y por eso intento ser consciente todos los días del paso del tiempo…hacerme consciente de que el tiempo vuela y lo que hoy nos parece una crisis interminable, pronto será un recuerdo divertido.

    • Así, es… Me pasa exactamente lo mismo. A veces entre la vorágine del día a día, toca tomar aire y respirar para darnos realmente cuenta de lo que escurridizo que es el tiempo y el que tenemos el placer de compartir con nuestros hijos.

  5. Muy buena reflexión, es cierto que el tiempo vuela por eso debemos disfrutar de cada etapa, cada día, hora….con nuestros hijos. Porque nunca podremos recuperar el tiempo perdido en tonterías, así que mejor aprovecharlo porque tampoco sabemos cuanto tiempo vamos a tener para estar y disfrutar con ellos.

    • Ay madre, que me acongojas el alma!! Mejor ni pensar en eso, no?
      Uf
      Pelos como escarpias, aunque sé que tienes toda la razón del mundo mundial 🙂
      Un abrazote..

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