Extranjera eres

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foreigner
Ausländer, gaijin, extranjera, alienígena…

Comentándolo con amigas que comparten mi extranjería, siempre llegamos a la misma conclusión: Cuando eres extranjera, lo eres para siempre. Ni siquiera cuando vuelvas a tu tierra vas a ser una más. En Alemania eres la española. En España eres la alemana. Y no es sólo cómo te ven de fuera. Tu país de adopción realmente ejerce esa influencia sobre ti. Te transforma. Te modela. Y cuando vuelvas a tu tierra, tampoco serás de allí. Por eso, acostúmbrate y abraza tu nuevo estatus porque ya te aviso: va a ser, con mucha probabilidad, un estado crónico.

Un seminario revelador

Hace unos meses acudí a un seminario para reorientar profesionalmente a mujeres que, debido a los años de maternidad, han ralentizado (o incluso detenido) su crecimiento profesional y tienen problemas para reincorporarse, redefinirse o (en demasiados casos) para volver a creer en las propias capacidades.

Tanto talento. Tanto potencial femenino. Tanta entrega a la família. Tanto valor. Tantas capacidades desconocidas y tanta mujer amedrentada con la duda de si todavía será capaz.
Solo por conocer a esas mujeres valió la pena asistir al curso. La energía que generaba este grupo se podía palpar. Tras nuestros encuentros regresaba a casa fortalecida, sabiéndome arropada por esa fuerza femenina que existe ahí fuera.

Mujeres ayudando a mujeres

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No paro de decirlo. Estoy convencida de que las mujeres podemos y debemos ayudarnos entre nosotras. Sólo cuando eso ocurra derribaremos esta sociedad patriarcal que, a veces, nos constriñe más de la cuenta.  Sólo cuando queramos, respetemos, alentemos a nuestras hermanas, estaremos preparando el terreno para una sociedad justa e igualitaria.

Mi elevator pitch o algo así…

A lo que iba: En ese seminario teníamos que presentarnos una por una y explicar, en tres minutos, “quién soy, qué cosas puedo hacer y qué quiero“. En mi pretensión de romper el hielo con un chiste, arranqué diciendo que yo, ante todo, soy extranjera. Me miraron todas muy serias, casi con pena… Incomprendida mi guasa, el resto de mi mini-perorata pasó sin pena ni gloria.

Al acabar, se me acercó una a decirme “disculpa que me haya reído, me pareció gracioso lo del ser extranjera como definición.” Oye, me alegra que te hayas reído. Lo he dicho medio en broma pero quieras que no, esa condición de extranjera condiciona y, por tanto, define mi vida actual. No es lloriqueo porque, en realidad, ¡me encanta ser extranjera! Ojo, tiene sus dificultades también pero yo he elegido esta situación. De hecho, la elijo cada día que me quedo, cada día que no me vuelvo a mi país y, como todas las cosas, tiene ventajas e inconvenientes:

Ventajas de ser extranjera

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Vamos, hijas, si hay que ir se va.
  • Aprendes otra lengua. Combates el Alzheimer. Abres horizontes. Sufres, a ratos. Te ríes mucho.
  • Todo es nuevo. Estas en permanente estado de descubierta. No te alteres. Déjate sorprender. Recuerda: estas de viaje permanente, sin moverte de tu barrio de acogida.
  • Puedes hacerte la longuis. La sueca. ¿Cómo? ¿Perdón? Ah, es que no lo entendí 😉
  • Aprender de tus hijos se convierte en lo más natural del mundo.
  • Siempre hay alguien dispuesto a contarte algo que en realidad ya deberías saber, que ya te vale. 😉
  • Ante situaciones increíbles, simplemente no das crédito y antes de rebotarte piensas “no puede ser que dijera eso. No lo entendí” lo cual, por otra parte, te ahorra enfrentamientos.
  • Haces amistades magníficas. Amistades que se convierten en familia, que te arropan, que te dan las collejas que necesitas, cuando madres y hermanas quedan tan lejos.

Desventajas de ser extranjera

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No te esfuerces, nadie va a entender tus chistes.
  • No importa si en tu tierra eras graciosa. Aquí antes que reírte la gracia de lo que tú crees que es un juego de palabras, te corregirán pensando que te has liado.
  • No entiendes los chistes de los demás. Los matices. Las variaciones dialectales. Las susceptibilidades.
  • Mucho de lo aprendido no vale. Toca desaprender y reaprender. Aquí “normal” significa otra cosa. No lo que tu madre te enseñó.
  • Leer la correspondencia de hacienda o de la seguridad social es un martirio chino.
  • Pierdes la capacidad de réplica inmediata. La réplica aguda. Siempre se te ocurre lo que podrías haber dicho el día después.

Consejos (si me los permites)

  • No seas susceptible. Aunque no lo creas, la mayoría de los comentarios son bienintencionados. Y en caso contrario… recuerda que ¡nada descoloca más que una respuesta amable!
  • Pon todo tu empeño en aprender esa lengua. Tu supervivencia y tu integración dependen de ello. Te dirán que aquí no se puede hacer amigos. Yo digo que amigos hay en todas partes. Pero es trabajo nuestro hacer el esfuerzo para llegar a ellos y no al revés. Esto es así.
  • Ante situaciones sorprendentes intenta hacer lecturas positivas. Por rocambolescas e increíbles que parezcan. Te divertirás más.
  • En gran parte, tú decides. Te contarán experiencias positivas y experiencias negativas. Tú decides con cuáles te quedas. Con eso estarás definiendo la mitad de tu vivencia. Sí que hay margen de maniobra.
  • Y no olvides que gente estúpida e intolerante la hay en todas partes. También en tu bonito país. Sólo que allí, jamás atribuyes su estupidez a la nacionalidad sino a la genética (el clásico hijo-de). Desconozco si hay estudios científicos que demuestren que hay más gente imbécil en un sitio que en otro pero, en todo caso, también conviene observar que la definición de imbécil puede variar de país a país… 😉

Buenas noticias

Hoy hablas mejor que ayer.
Hoy entiendes más que ayer.
Hoy eres más tolerante que ayer.
Y Roma no se logró en un día.

No dudes en compartir tu experiencia abajo. ¡Me encantará saber de ti!

Imágenes: Nick Ares, Miss Vichan, Dave Conner y Dennis Jarvis.

14 COMENTARIOS

  1. Lo has puesto todo sobre la mesa. A la larga, no sé si ya te ha pasado, el hecho de vivir constatemente en una lengua extranjera puede producir una desazón tenaz. En mi caso, el tema de estar cambiando entre tres idiomas de la mañana a la noche me hace sentir un poco super mujer y otro poco como si viviera en un sueño del que no puedo despertar. Ser expatriada es muy duro, y con niños más. Con muchas satisfacciones, claro que sí.

    Me encanta como escribes, lo sabes 🙂

    • 🙂 Ay, Bea…
      Yo me meto en la cama agotada… Me reconforto pensando que lucho contra el Alzeimer pero, a veces me da la sensación que ya no domino ninguna lengua!
      Luego me duermo, se me pasa y vuelta a empezar 😉 un abrazo, compi-expat!!

  2. Otra expatriada por acá.
    Y sí, a mi llega sobre todo lo de volver a tu país sigues siendo extranjera y te gustaría cambiar todas las cosas que te gustan de tu otro país.
    Y lo de estudiar bien el idioma, mira que lo digo a veces a todas las amigas nuevas que van viniendo y que no, que se cierran y no.
    Es un trabajo como otro, yo ya estoy acostumbrada.

    • ¡Y compensa con creces!
      El día que te ves riéndole la gracia o, no! todavía mejor! haciendo reír a alguien que habla otra lengua… ¡se te perdonan todos tus pecados! 😀
      Un abrazo, Gemma!!

  3. Me encanta ! Pero la verdad nas grande de todas :” Siempre hay alguien dispuesto a contarte algo que en realidad ya deberías saber, que ya te vale. ?” He perdido ya la cuenta de las veces que he pensado esto …

  4. Tu artículo no tiene desperdicio. Me encanta la forma y contenido.
    Estoy esperando con ganas que una editorial te ofrezca publicar un libro para disfrutar de tu sentido del humor en versión larga.
    Otra extranjera crónica.

  5. Querida amiga, has dado enl clavo con lo de los chistes. Estoy cansada de hacer bromas y que la gente se me quede mirando con extrañeza como si acabaran de descubrir en mi algún síntoma de enfermedad mental. Per con el tiempo vas captando qué es lo que hace reír a tus interlocutores. Y sí, llega un día en que dos o tres personas a tu alrededor se ríen cuando haces un chiste. Bueno, una o dos…. vale, solo fue una, pero me hizo sentir de fábula. De ahí a la nostrificación, como dicen por aquí. hay un paso. 😉

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