No es un secreto para quien haya visto fotos mías (o me haya visto en 3D) que me sobran algunos kilos. Eso, combinado con la lesión de mi tobillo que tengo que movilizar y fortalecer, hizo que allá por el mes de noviembre me apuntara al gimnasio, del que me han hecho “gorda mañanera oficial”, ya que creo que soy la persona con mayor IMC que hay de 9 a 10.
Ser la gorda oficial del gimnasio tiene muchas ventajas, y como todo superpoder conlleva una gran responsabilidad y quería compartirlo con vosotras porque así me animo a ir más veces y no me rindo. Además de ayudarme con el pie (y a bajar un par de kilos en el último mes), me ha mejorado la autoestima y me echo unas risas por las mañanas antes de empezar a trabajar.
Los recibimientos en el gimnasio
Cuando eres la gorda del gimnasio, si faltas un día, todo el mundo te anima cuando te ven al día siguiente. Incluso puedes permitirte algunos pasos de baile para que todo el mundo sepa que has llegado. Aún no me reciben con un Paaaatch como a Norm en Cheers pero todo se andará, estoy segura.

Otra de las ventajas, y relacionada con la anterior, es que los monitores me quieren más y me animan un montón, aunque esté subida a la bici sudando como un cochinillo en el primer nivel de dificultad. ¡Esto es mucho mejor que en mi clase de gimnasia!

Cuando te conviertes en el centro de todas las miradas
Otra de las ventajas que tengo, al no tener la obligación de los leggings más el sujetador que suelen llevar otras chicas con menos kilos que yo, es que soy bastante libre a la hora de elegir mis outfits del gimnasio. No sé cuándo dejó de ser cool ir con camisetas pero os aseguro que he recuperado la moda y que mi colección de Threadless talla enorme es mucho más guay que toda su lycra. Y absorbe mejor el sudor.

Otra de las ventajas de ir pasada de kilos es que me puedo dedicar a trollear asustar a otras personas en plan “el fantasma de las lorzas futuras”. Por ejemplo, el 5 de enero había dos chicas (con sus leggings, sus sujetadores, sus coletas altas) hablando la una con la otra:
-Jo, tía, estas Navidades he cogido medio kilo.
-Anda tía, no estás tan mal, yo he cogido 700 gramos.
Evidentemente, me volví hacia ellas porque me aburría y sonriendo, les dije:
-Jo, tía, qué fuerte. ¡Yo llevaba una 36 en Nochebuena y fijaos!
Sí, lo sé, me envidiáis profundamente por haber podido ver sus caras de horror.

Sé que siendo madre tampoco es que necesitemos muchas excusas para dormir bien (en mi caso, caigo rendida en cuanto mi cuerpo toca el colchón) pero ir al gimnasio por la tarde/noche siempre me da ese sueño profundo que me viene genial los días en los que tengo tantas cosas en la cabeza que seguro que habría tardado un rato en conciliar el sueño.
¿Con este post qué quiero decir? Que da igual la forma que tengas, cómo te vistas o si sudas mucho o poco. Ve al gimnasio, hazlo por ti, diviértete y siente el subidón de endorfinas post actividad (e intenta que la gente no te hable en las duchas cuando vas desnuda. Créeme, sé de lo que hablo). En fin, que no hagáis pereza, hacéos ese regalo. No lo digo yo, lo dice Beyoncé:

¿Sabéis lo que os digo? Si Sara era Miss Agente especial, yo soy Beyoncé.
Imagen principal de W_Minshull en Flickr
jaja¡ buenísima mi Beyoncé!!!
A mi me encantaría compartir el puesto de la gorda de gimnasio contigo ¿tú sabes lo que nos reiríamos? qué pena que vivamos tan lejos
Me encanta!! Ayer que estaba yo ordenando unas cajas como forma de rebajar mi nivel de “no puedo con mis hijas en domingo”, encontré una mala entera de lycra, a saber de cuando en mi vida. Y pensé, “mañana me la calzo y me pongo pañuelo en cabeza y a darlo todo con el walkman en la estática”.. Vamos, que o le echamos humor al gym, o morimos en el intento..
¡Qué bueno el fantasma de las lorzas futuras!
Lo del fantasma de las lorzad futuras es mundial!! Jajajjaa
Me he reído mucho pero ni así me convences de ir al gimnasio ja ja ja ja ja ja
¡Aquí otra gorda de gimnasio! Y encima mi debilidad el el aquagym ¡imagínate las lorzas en bañador y siendo la jovencita del grupo! A mi me daba coraje que siempre se sorprendieran del esfuerzo físico que podía hacer y de que no muriera asfixiada en la sala de máquinas. Por ser gorda siempre te consideran una chochona.