La música de la vida de… Nuria

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Si me piden que haga una selección de la música de mi vida, me puedo poner muy plasta.

Dejar fuera a Loquillo, a Mecano o a Tracy Chapman, con tal de no repetir ha sido difícil. ¡Leif Garreth! por dios, no me acordaba… si no me lo llega a recordar María josé Sarrión.

Esperando un eclipse me quedaré. Ooooh… Radio Futura. ¿Recuerdas La bola de cristal? ¿A Alaska haciendo de Bruja Avería? (Podréis discutir sus dotes musicales pero, para mí, marcó tendencia diciendo lo que muchas pensábamos). ¿A Santiago Auserón y Pablo Carbonell en ese mono azul? Poco imaginaban que impresionarían tantas retinas adolescentes. Juan Perro. Músico y filosofo. Me encantaban tus canciones. Te salieron canas a ti (a ti primero) luego me salieron a mí… y ahora te sigo en FB 🙂 y siento que eres un viejo amigo, que crecemos juntos… porque me sigues pareciendo tan interesante ahora, como entonces. Para ti el primer puesto de mi lista. Esta es la canción que durante años creí la más bella del mundo: Annabel Lee. Luna llena, amor adolescente exaltado y muerte, dos almas inseparables, estrellas, acordes de guitarra que se pierden persiguiendo a un fantasma y la voz de Santiago… ¡Qué más se le puede pedir a una canción!

Luego llegó Michael Jackson. Era una noche de fin de año, anunciado a bombo y platillo, me enamoré platónica y perdidamente de este artista con el que cubrí carpetas y paredes. Este señor que empezó a hacer historia antes siquiera de empezar la escuela…

Llevar a tu hijastra a un concierto de Maroon 5 y creerte super moderna (cuando ella sabe de sobra que no es así) y empezar con buen pie coreando… al telonero. Ojo, señores, ¡al telonero! El telonero se marcó una versión del Message in a bottle que yo coree palabra por palabra. Y ella me miraba con los ojos muy abiertos y alucinó (un poquito). Eso sí, yo ya luego calladica el resto de concierto. Police no puede faltar en el resumen de mi vida. Barcelona, ensoñaciones adolescentes y amores no correspondidos. Un concierto en el desaparecido estadio perico, víctima de la especulación inmobiliaria. Un evento demasiado caro y unas niñas haciéndole coros a Sting, desde aquel bordillo barcelonés. Por supuesto, arriba la canción que no puede faltar, dedicada a ese Alberto que nunca me sacó a bailar.

Un señor que se pone un traje azul clarito, el crepado de tu abuela y te pide que te pongas tus zapatos rojos para bailar con él… me resulta, como poco, interesante. Señoras y señores, con todos ustedes: ¡David Bowie! Aunque mi preferida era, sin duda, China girl con más añitos, ya mucho más buenorro, ¡adónde vas a parar!

El último de la fila en una habitación compartida (que no era mía), una guitarra (que no tocaba yo) y una panda de amigos (que sí eran los míos). Canciones al dios de la lluvia, cerveza, patatas bravas, conversación, chistes y baile hasta la madrugada. Un andaluz y un catalán haciendo una música muy especial… Entonces, un día tiras de un hilo y llegas a los reyes del rock andaluz por excelencia:

Triana. Y donde se ponga Triana que se quite el resto. El lago, Tu frialdad, Abre la puerta niña… No sé dónde parar esto. Va a ser una lista muy ecléctica pero son un montón de trocitos de mi vida y, probablemente, también ¿de la vuestra?

Estoy tardando lo indecible porque me cuesta quedarme con una canción… No son todas las que están ni están todas las que son pero una cosa está clara: Mi generación es inimaginable sin el With or without you de U2 ¿Qué persona inspiraría esta canción, que cantamos todos al unísono?

A ritmo de las camas ardientes de Midnight Oil construí unas cuantas maquetas durante mis estudios. Corrió la voz de que Manu Chao daba conciertos por sopresa en Barcelona. Otra razón para no faltar a la sala Sidecar, a que con suerte te alertara de la Mala vida… Escribir esto me está trayendo tantos recuerdos. No imagináis lo que estoy disfrutando.

Creo que Patty no requiere presentación. Cuando sea mayor me conformo con explicarme la mitad de bien que ella. Acompañó un intenso mal de amor. Probablemente, más de uno.

La banda japonesa Fishmans fue uno de mis descubrimientos del año 2000. Mi Triana nippón con quienes me dediqué a despertar y a soñar en un magic love posible.

Pero quien me curó, quien me dio la botefatada que me hizo despertar, fue Moby. El pobre, lloró y canto mi intensa pena conmigo río arriba, río abajo, sin cesar. Su música fue la cura intra-auricular a todos mis males.

Esta chica, PJ HArvey, me parece una monada en todos los sentidos y registros… Down by the water, send his love to me, is this desire? No sé con cual quedarme. Su música fue la banda sonora del arrebato que me preparó para el capítulo siguiente, capítulo que todavía sigue abierto y que genera un anexo tras otro. Ahí os dejo Stories from the city, con la promesa de encontrar un día un lugar para nosotros. Que no es poco.

Lay, lady lay sonó en mi boda. A ritmo de Bob Dylan, firmamos los papelicos que tenían que constatar lo que ya era una realidad de facto. Me casé embarazada. Pero de la manita de su mamá y de su papá iba una nena que seis años que disfrutó de esa boda más que ningún otro en la sala.

“O Paraíso” de Madredeus sonó en bucle durante el parto de mi último hijo. Las comadronas me odiaban. Estaban ralladísimas. Pretendían irse aludiendo al final de su turno pero yo sabía que, en realidad, era por la música y las hice quedar. Como venganza, me rompieron la bolsa de aguas (con la aguja del tocadiscos). No les guardo rencor, probablemente yo habría hecho lo mismo.

Y a estas alturas y porque en algún sitio habrá que cortar.. me hallo como Peter Fox. Yo también sueño con una casita a orillas de un lago, un bello esposo, veinte hijos, cien nietos…

El futuro es mío. Llevo viento de cola.

Y ahora os dejo. ¡Voy a hacer la maleta, que mañana me piro! 😉

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