Sábado sabadete…

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Un refrán castellano de los que más me gustaban de adolescente. Por todo lo que significaba el sábado en los 90. Para mí los sábados de la adolescencia eran de fiesta. Y empezaban el viernes a mediodía, cuando salíamos del instituto. O incluso antes… Sí, los sábados de hace 20 años eran muy distintos… Muy mucho.

adolescentes

Desde que amanece, apetece

Nuestro sábado sabadete comenzaba casi recién amanecido el viernes, en el recreo del insti, cuando ya estábamos planeando que ponernos, que hacer, dónde ir y lo mejor, a quién ver. Ahí estábamos con 16 o 17 años, pensando en el pantalón más cómodo para que nos dejara darlo todo en la pista del “discobar” y que a la vez nos hiciera menos culo pero que marcara culo (Amando Ortega, ve tomando nota…). El viernes no salíamos, porque si tocaba hacer algo el sábado por la mañana, no dormíamos lo suficiente y entonces por la noche, tendríamos ojeras. ¡Ojeras mal! Que estamos hablando de los 90 y el único corrector conocido en mi barrio era como el stick de arnica de mis hijas pero de color verde. No, cara descansada sí o sí.

Empiezas tú sola, luego con compañía y con más de dos, una orgía

Y a las 5 de la tarde del sábado, comenzaba el desfile. Podía ser unipersonal, una misma frente al espejo, probándose ropa de las 5 a las 7. Si era bipersonal (tu vecina, tu hermana o lo mejor, una amiga a la que dejaban salir de casa desde las 5) era mucho más divertido. Tú te cambiabas de ropa una y otra vez, pero además te lo cambiabas todo: sujetador, medias, falda o vestido, pantalones, ahora camiseta, ahora jersey con camiseta interior (vivía en Soria, llevábamos camiseta interior de octubre a mayo), otros pantalones, ahora con calcetines y botas, ahora otro vestido, ahora me cambio y me pongo lo de mi amiga… Así 2 o 3 horas. ¿Y sí venían más amigas? Entonces es que estabas sola en casa y la fiesta empezaba ya, ¡yuhuuuu! Una orgía de botas, pantalones, camisetas y chaquetas. Y luego sacabamos el maquillaje y tú a mí, ahora yo a ti, que guapa, no tu más, que no que tus ojos son más verdes, que no que los tuyos marrones molan más… Pasaban las horas sin importar que la tarde del sábado fuera dando paso a la noche. La Noche del Sábado Sabadete.

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El calentamiento

Este lo hacíamos en algún bar de barrio. El botellón lo dejábamos para los meses de calor. Así que éramos de litros de calimocho, juegos para beber, muchas pipas y alguna ración de bravas. Y había bares especializados en estos: adolescentes en mesas grandes de bancos corridos, comiendo pipas, bebiendo calimocho con licor de frambuesa y haciendo tiempo mientras nos embriagabamos sutilmente camino de nuestro planazo.

A tope, hasta el clímax

A eso de las 11 de la noche, tras dos o tres horas de calimocheo y pipas saladas emprendíamos viaje hacia el clímax de la noche: la Zona. Así se llama en la ciudad donde crecí a la zona de discobares, donde se iba a bailar, ligar, ver y ser vista. Una calle larga, llena de bares con su pista de baile que a partir de las once y media o doce de la noche empezaba a coger ambiente. Yo prefería los discobares con pista grandes, accesos amplios y una puerta de emergencia que no me hiciera pensar cada 10 minutos en que ocurriría con nosotros si hubiera un incendio. Y de esos, creo que solo recuerdo un par. Y allí estábamos, mis amigas y yo, demostrando en la pista quién era cada una. Primero en círculo pequeño, luego con coreografías preparadas para acabar, ¡oh, sí! en un trance musical que me río yo de la gente que se colocaba para entrar en extásis. ¡Eso lo conseguíamos nosotras a ritmo de Acid House!

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Con un poco de suerte…

Con algo de suerte y bastante de echarle morro si no eras un pibón, el baile y la labia conseguía que el chico que te gustaba, que por supuesto tarde o temprano te ibas a cruzar en La Zona (es lo bueno de las ciudades pequeñas), acabase hablando contigo, tonteando contigo e incluso “pidiéndote salir”. Y si a eso le seguía un acompañamiento a casa, una charla a las 3 de la mañana alargando el toque de queda e incluso un morreo, te aseguro que el sábado sabadete se alargaba hasta el lunes mediodía. No por el sexo, que de eso no estamos hablando, sino por todo lo que tenías para contar a tus amigas al día siguiente.

Nuestro actual sábado sabadete

Ahora el sábado noche es ese momento de intimidad, con las niñas durmiendo desde las once (o más, porque a los programadores de Disney Channel se les va la pinza) tu paco en el sofá zapenado con una mano y leyendo el Ipad con la otra y tú intentando no dormirte mientras pones likes en Facebook y te mueres de envidia viendo los copones de Gin Tonic que algunas se están tomando en ese momento. ¿Qué si lo echo de menos? Pues no, la verdad. El sábado sabadete era intenso, sí. Y ahora podemos tener el polvo del domingo, el polvazo del lunes, el robado del martes, el siestero del miércoles… Sin presiones, ¿eh?

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Soy de esas personas que siempre llega tarde, siempre tiene que hacer más de tres cosas para ayer pero siempre lo hace con una sonrisa puesta. Estoy encantada con mi vida, aprendiendo cada día, disfrutando todo lo que puedo. Y riéndome, que es el ejercicio más saludable de todos

13 COMENTARIOS

  1. Jajaja jaja.. Y quizás yo haya sido la camarera que te puso calimotxos en la zona pues vivo en soria y he trabajado en “la zona”. Aunque si te gustan los disco bares grandes no era mi caso jeje, yo estaba en el cotton. Que buenos recuerdos me has traído no sólo por la historia si no por mi pasado, que bien me lo pasé en aquella época.

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