La teta de Julieta

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Espero de pie frente al antiguo ayuntamiento. La espalda a un palmo de la pared. Que corra el aire.

Hace calor. Mucho calor. Un hilillo de sudor me recorre el dorso resbalando a milímetros de mis vértebras. Menos mal que al final me he decidido por el vestido, porque salir hoy en vaqueros habría sido insoportable.

Me hallo en el puñetero centro de la ciudad. ¿De qué me sorprendo? El bullicio era más que previsible…

La gente entra y sale. Viene y va. Y yo allí, cual estatua de bronce, observo a la multitud en su azaroso ir y venir. Hablan una lengua que no es la mía pero, después de tanto tiempo aquí plantada, ya me resulta familiar. De repente, una voz retumba entre la muchedumbre:

“¡Mírala, está aquí! ¡Qué bella es! Idéntica a la de Verona…”

Y esas palabras me hacen regresar de mi ensoñación y recordar, que yo no soy la muchacha original e inimitable que creí ser. De hecho, aquí no soy más que una copia. Una copia de bronce. Una réplica de la verdadera Julieta, erguida en su casa de Verona. Aquí soy una extranjera. Somos idénticas hasta en el hecho de tener la teta derecha desgastada y brillante. Y eso que a mí, solo me la tocan los italianos…

Será que los bávaros son demasiado decoroso. Eso… o que no están al tanto de la historia.

¿De dónde saldría el cuento de que tocarme la teta derecha trae buena suerte? ¡Y encima en el amor! ¿Helloooo…? ¿Alguien leyó a Shakespeare? No será por la suerte que tuve yo.

La misma voz, esta vez más cercana, me dice:

“¡Julieta! Te estábamos buscando”

Me sonríe y sin más dilación, me toca la teta.

Luego su amigo. Me toca la teta.

A lo lejos se acerca un grupo, desde aquí les escucho hablar con ese acento siciliano.

Ellos… también me tocan la teta. Uno tras otro, en fila india y por riguroso orden.

Muchos de ellos sin mediar palabra. Sin saludar siquiera, como si yo no fuera más que un maldito trozo de metal

¿Pero esto qué es? ¿Dónde quedaron las buenas maneras? Algunos de ellos se sacan una foto conmigo y hablan de subirlas a no-se-qué-lugar llamado Instagram.

Esto es un no parar.

¿Y esa pareja? Vienen de Roma seguro. Saco pecho. Pasan cerca y él, de refilón y como el que no quiere la cosa, me roza el seno como de pasada. Su novia le mira sonríe y retrocede para hacer lo propio. Me acaricia con suavidad y me guiña un ojo. Acaba de alegrarme el día. Nada como la solidaridad entre mujeres.

Ahora mismo no sé qué hacer. A ratos, siento que se me escapa la fuerza.

Estoy aquí quieta, parada, y no dejan de llegar grupos de turistas italianos.

Ahora llega un grupo de Verona y comentan que les encanta la hermandad entre su ciudad y la mía. De hecho, eso es precisamente lo que represento: la hermandad entre Verona y Múnich. La capital de la alemania mediterránea. Más cerca que lejos.

Cierro los ojos y siento el tacto de sus dedos sobre mi pecho. Más presión, menos presión. Sus dedos se mueven sabiendo a dónde van y lo que buscan. Con los ojos cerrados, les permito continuar su recorrido, hasta que por fin dejo de sentir el contacto. Esas manos ahora suaves y delicadas… ¿Buscan su suerte sobre mis senos? ¿O acaso buscan la mía?

Abro los ojos y frente a mí, enfundada en un vestidito blanco impecable, se halla mi ginecóloga. Es rubia y extremadamente delgada. Está en los huesos. Pero es delicada y tiene encanto.

Me mira a los ojos, me pregunta por mis hijos y, sin darle mayor importancia, me dice que todo está en orden.

¿Sabías que la mayor parte de los casos de cánceres de mama, los nódulos han sido detectados en autoexploraciones?

Es aconsejable realizar una autoexploración mamaria una vez al mes después de haber tenido el período. Pero vamos, quien mejor te puede indicar qué y cómo hacerlo es tu ginecóloga, así que no te despistes y programa tu revisión anual.

Es preciso estar atento y cuidarse. Hoy he hecho mis deberes: citología, ecografía intravaginal y exploración de mamas. A otra cosa mariposa.

Foto: Nuria P, Gifs: Gifbay

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Mi nombre es Nuria pero, donde vivo, tienden a llamarme Julia. He tirado la toalla y, si me llamas Julia, también me giraré. He trabajado en construcción y en educación pero lo que hace que me olvide de comer y de beber es: escribir. Voy por la vida con Gorro y a lo Loco

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