Querido Marido 1.0

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Marido 1.0

Querido Marido 1.0 que estás detrás de toda madre bloguera, detrás de toda fan de las redes sociales. Entre perplejo y mosqueado. “¿Qué estará haciendo mi esposa con el telefonito/tablet todo ese tiempo? ¿Qué puñetas hace?” – te preguntarás tal vez. Verás…

Esto no es nuevo

Esto es algo ancestral. ¿Recuerdas cuando sacábamos las sillas a la calle para estar al tanto de lo que pasaba en nuestro pueblo o para charlar con las vecinas? Pues viene a ser más o menos eso, solo que ahora podemos elegir a esas vecinas.

Podemos elegir a qué calle salimos y qué sillas sacamos. Podemos vivir a miles de kilómetros y estar todavía cerca de nuestras compañeras del cole, de nuestras madres, de nuestras hijas, de amigas de otros momentos y lugares… Las vecinas de antaño se cruzan en este espacio con las vecinas de hoy. E incluso (¡sapristi!) interactúan entre ellas.

Mientras, tú Marido 1.0, juegas a ese videojuego al que no le pillaremos el tranquillo, nosotras cuidamos nuestros contactos (y puede que incluso los tuyos, sin tú saberlo). Establecemos lazos nuevos. Nos reconectamos con viejos conocidos. Forjamos amistades. Leemos y escuchamos a gente especialista en su campo… y aprendemos.

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Encontramos personas

Encontramos personas afines en nuestro barrio y allende los mares. Por extraño que parezca, intercambiamos pareceres, pedimos consejo, lloramos nuestros disgustos y hacemos chistes sobre nuestra vida. Esa que compartimos contigo.

Esa faceta nuestra. Eso que encontramos ahí fuera no te sustituye en modo alguno. Te complementa y, si me apuras… ¡te libera! Que el rollo que nos aguantan las amigas te lo ahorras tú, querido nuestro. Que sepas, que, a veces, son precisamente esas voces lejanas las que nos hacen reconciliarnos contigo, clamando a nuestra yo razonable.

Es extraño y un tanto confuso. Son tiempos nuevos. Pero ese espacio que tal vez sientas que se te arrebata no es del todo robado. De hecho, ese es nuestro espacio propio. Nuestro espacio íntimo, que no necesariamente hemos de compartir contigo.

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Reflexionamos y nos relacionamos

Sí, reflexionamos. Porque además de comunicarnos con otras personas, también practicamos la escritura como medio de evasión, de diversión. La utilizamos para analizar el entorno o nuestro sentir. Es un viaje interno. No hay razón para estar celosos.

La mujeres nos relacionamos de otro modo. Y las redes sociales han venido a llenar un vacío. El vacío que puede generar vivir en la metrópolis anónima o en un lugar remoto. La falta de unidad familiar, la falta de esa famosa tribu que abraza y da cobijo a sus miembros. Muchas son las razones que nos atraen a este espacio. Estamos cada vez más cómodas en este nuevo medio que nos resulta incluso saludable. Es bueno tenerlo.

En 1973 presagiaron que todo en nuestra vida pasaría por una pantalla de ordenador. Y hoy, 40 años después vemos que es cierto. Casi todo pasa frente a una pantalla. Organizamos viajes, intercambiamos recetas, escuchamos música, hacemos transferencias bancarias, alquilamos películas, compramos libros… Todas esas cosas que antaño hacíamos en algún lugar físico, al que teníamos que desplazarnos, están ahora a golpe de tecla. Lo que hace 40 años era ciencia ficción es hoy en día nuestra cotidianidad.

También nuestras relaciones se llevan de otra manera. Utilizamos aplicaciones digitales para propiciar encuentros amorosos, tenemos un grupo cole en whatsapp (ejem), un grupo familia, trabajamos en red con personas que están tan lejos, que el sonido del Hangout apenas llega 😉 Evolucionamos con nuestra tecnología para bien y para mal (que nuestro suegro no acaban de pillarle el tranquillo a la nueva era de las telecomunicaciones y prefiere todavía la clásica llamada, la epístola victoriana o el telegrama de toda la vida de Dios).

Pero hay una cosa que permanece. El “feeling” entre las personas. Las risas trasnochadas. Los proyectos a la luz de las velas/flexos/pantallas… nos siguen emocionando como siempre. La necesidad de compartir no es nueva. Sólo que ahora podemos hacerlo a mayor escala. ¿Y todo esto nos cambia?

¿Cambia todo esto nuestra relación contigo, Marido 1.0?

Yo creo que no. Y si lo hace, desde luego no a peor… ¿No?

Hala querido, con esto y un bizcocho, hasta esta noche a las ocho.

Besito,

Esposa 1.1

—–

Chicas, ahora a micrófono cerrado y entre nosotras: No nos cambia ¿no?

¿O sí…?

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No nos cambia, practicándolo con mesura. Como todo en esta vida, el secreto está en saber poner limites a las cosas. Que las redes sociales, como el tabaco, PUEDEN MATAR.

Los aguacates son muy sanos dicen… y el agua es indispensable para la vida. Sí… Sin embargo, por muy recomendable y necesario que sea beberla, 10 litros de agua al día MATARÍAN a cualquiera.
No es el QUÉ… Es el CUÁNTO. Así que… SÍ A LAS REDES pero con sentido y moderación y, sobretodo, sin perder jamás de vista a nuestro Entorno 1.0.

¿O qué?

Foto cabecera: Pixabay

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