sábado, noviembre 27, 2021
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Londres, de niño a niño

Cuando programamos una escapada familiar con niños, los padres tratamos de equilibrar los planes para disfrutar tanto nosotros como ellos. Pero una cosa es lo que nosotros pensamos que les puede gustar y otra muy distinta de lo que, al final, se quedan prendados en cada viaje. En internet puedes encontrar miles de artículos recomendándote uno u otro destino con niños, pero aquí, en Mujeres y Madres Magazine, queremos dar un giro a esta idea y no ser nosotras, sino nuestros propios hijos, los que, desde su propia experiencia, os recomienden lo que les ha gustado más de cada ciudad. Viajes contados por niños para otros niños. En apenas 12 días, mi familia embarca para Londres, así que me parece una inmejorable ocasión para, entre mis peques y yo, contaros lo que más les gustó de nuestra primera visita a la capital británica de hace dos años. Preparaos para este experimento a seis manos en el que me acompañan Flower Power (entonces 8 años) y La Lianta (que tenía 5)

El Ojo de Londres (London Eye)

El skyline londinense ya no se concibe sin esta noria gigante junto al Támesis. Merece la pena darse el capricho y contemplar las impresionantes vistas desde sus 125 metros de altura. «Me encantan, me encantan, me encantan las norias y esta es mucho más grande que las que hay aquí en las fiestas. Nunca subí tan alto. Vas en una cabina de cristal y te puedes mover, no estás sentada. Hay una pantalla, como una tablet más grande, con un mapa y cuando le das te dice lo que ves desde arriba… aunque está en inglés. Desde arriba casi no se veía el final de Londres por ningún lado ¡Es gigante!».

Autobuses de dos pisos

En una gran metrópolis como Londres, el transporte público puede ser un atractivo en sí mismo para los niños, sobre todo si vienes de una ciudad pequeña. El primer viaje en metro, los majestuosos taxis… ¡y los buses rojos de dos pisos! Da igual que nos recorriésemos la ciudad de arriba a abajo, que no nos perdiésemos ninguno de los puntos de interés recomendados, porque en el momento que montamos a las niñas en la primera fila del piso superior de uno de esos autobuses la hazaña fue contada de forma recurrente en todas las crónicas que hicieron del viaje a su vuelta. «Los autobuses y los coches van al revés, pero no chocan. Yo nunca me acordaba de donde venían al cruzar la calle. Para subir al piso de arriba del bus hay que ir por unas escaleras estrechas. Lo mejor es ir en primera fila, porque parece que vas volando y ves todas las cosas desde arriba y de noche hay muchas luces».

Las ardillas de Hyde Park

LONDRES

Hyde Park es colosal y allí te puedes pasar una tarde entera en el lago, paseando en bici, merendando, en las zonas de juego… pero para las niñas no dejaba de ser un parque más hasta que descubrieron a sus más ilustres inquilinos: sus ardillas. A Hyde Park no se va a ver ardillas, sino a jugar con ellas (o al menos a interactuar). Si ya fue emocionante verlas corretear sin ningún pudor entre la gente, comprobar como se acercaban en busca de comida, como se alimentaban por nuestra mano  y cómo, literalmente, se subían sobre nosotros convirtió esa visita, sin duda, en uno de los mejores momentos del viaje tanto para las niñas como para nosotros. «Las ardillas era una monada y no le tenían miedo a la gente. Se acercaban a comer y a mí incluso me subían por las piernas. Al principio me daba un poco de miedo, pero después ya no. Aunque cuando nos rodeaban cinco o seis… daba mal rollito».

La tienda de M&M´s

Personalmente tengo mis reservas respecto a este lugar, pero a mis dos hijas les encantó. Increíble sí que es, pero es meter a los niños en un auténtico mundo de tentación. Concretamente, cuatro plantas llenas de chuches y merchandising diverso y variado a precios desorbitados, así que os podéis imaginar el rosario de «¿me compras?» que podéis llegar a escuchar por minuto. Yo no me quejo, que mis hijas se «conformaron» con una bolsa de M&Ms a granel. El resto fue mirar y no tocar, pero aun así para ellas mereció la pena. «Tienen M&M’s de todos los colores metidos en botes gigantes y es como un arco iris. Eso fue lo que más me gustó, pero también las figuras gigantes que caminan como los Beatles. Es como Charlie y la fábrica de chocolate, pero con M&M’s. Mamá no quería comprarme nada porque decía que todo era muy caro».

Museo Británico de Historia Natural

El Museo Británico de Historia Natural es una parada OBLIGADA en Londres tanto para niños como para mayores. El pobre está un poco decrépito, pero sus fondos son espectaculares y hace las delicias de los más pequeños de la casa. Los dinosaurios se llevan la palma, pero hay miles de rincones que descubrir y la parte del terremoto suele generar también mucha expectación. Es más, el edificio en sí, con su punto a lo Harry Potter, es una gozada. «A mí lo que más me gustó fue la parte de los dinosaurios, que se movían. Me dio mucho miedo, por eso ahora quiero volver, porque ahora ya no me voy a asustar. Y en la cafetería había ¡hamburguesa de dinosaurio! y estaba riquísima aunque no tenía ketchup» (La Lianta). «A mí me gustó más la ballena gigante y el esqueleto de dinosaurio. El edificio parecía como el colegio de Harry Potter» (Flower Power).

Imágenes: propias

María L. Fernández
Soy María Fernández. Mujer, madre, amante, amiga y periodista en permanente propiedad conmutativa. No sé vivir sin contar historias. Las mías, las tuyas, las de los demás. Nunca sabrás si voy o vengo, pero cuando te hablo ten la seguridad de que lo hago de forma honesta, porque no sé hacerlo de otra manera.
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