Los americanos y la relación con la comida

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Por Mamá en Massachussets

Hace ya casi 20 años (¡Madre mía, 20 años!) visité por primera vez Estados Unidos. Pasé diez días en New York con una amigas. Diez días en que yo era una turista en la ciudad más famosa del mundo, la ciudad de los rascacielos, donde aún existían las torres gemelas (que no visitamos) y donde andábamos horas y horas por sus calles en busca de los puntos más conocidos del archifamoso Manhattan. Cuando nuestros pies nos suplicaban un descanso, cogíamos el metro, también conocido por las innumerables películas que lo han grabado (recuerdo “Ghost”, con un Patrick Swayze fantasma que hizo las delicias y los lloriqueos de casi todas las mujeres del globo).

fastfood

Cuando paseas por la ciudad, tu cara permanece en lo alto, pues no te cansas de observar los edificios gigantes por doquier, quieres ver hasta dónde llegan, si acaban en algún lugar de la estratosfera. Pero cuando puedes sentarte en el metro, observas a las personas, a los demás pasajeros que viajan en este sistema de automoción. Y cuando yo observé a las personas, en ese momento me quedé pasmada. Pasmada de ver a unos individuos particularmente obesos. Recuerdo muchos chicos jóvenes, fueran blancos o negros, exageradamente gordos en el metro. Sus camisetas eran gigantes, así como sus pantalones, y su cara parecía una pelota a punto de explotar. Su ropa XXXXXL conseguía disimular sus michelines, pero no así su volumen. Sus gestos eran lentos aunque su cara era cándida. Recuerdo que hace 20 años (continuo con lo de madre mía del amor hermoso, qué rápido pasa el tiempo), esa imagen de gente de cintura descomunal en el metro me impresionó.

El año pasado, antes de saber que viviríamos en Boston, decidimos pasar las vacaciones de Pascua en New York. Aún recordaba, evidentemente, las imágenes que más me impactaron de aquel entonces que acabo de contar (no, no voy a decir otra vez “Madre mía ¡¡¡¡qué vieja soy!!!!”) y, al entrar en el metro, estaba predispuesta a ver a gente muy muy gorda (y, como no, papeleras tambaleándose porque Patrick Swayze y otro fantasma se peleaban). Y cual fue mi sorpresa al ver a la mayoría de gente…”normal” (normal = no obesa). Muchas chicas jóvenes vestidas para practicar running (una forma de decir que van a correr pero en plan chic), mucha gente con traje chaqueta para ir al trabajo, muchos chicos con tejanos y camisetas anchas, pero que no servían para disimular los incipientes michelines.

Hace 20 años me impresionó el exceso de peso de la gente en New York, el año pasado me impresionó descubrir cómo habían cambiado los estereotipos que tenía guardados en mi mente.

Al llegar a Boston, comprobé aún alucinada que tampoco había mucha gente obesa paseando por las calles. Los americanos (como mínimo los de New York y los de Boston) han empezado a tomarse en serio sus problemas de sobrepeso. Han comprobado que las personas obesas son potencialmente más propensas a tener cualquier tipo de enfermedad crónica y han visto que haciendo ejercicio y comiendo sano pueden vivir mejor y más años (o eso les han contado). Estoy convencida que este cambio radical es porqué el coste en salud de una persona con mucho sobrepeso es infinitamente más caro que el coste en salud de una persona “normal”.

Yo he dejado el tema del ejercicio para mi marido (¿Por qué todo el mundo sonríe y me mira con cara de pena cuando les digo que yo no me apunto al gimnasio porqué educar a mis niños ya es suficiente ejercicio para mi?) y voy directamente al tema de la comida.

En los supermercados (o grocerys), intento comprar verdura y fruta fresca, paso de los congelados y el aporte de proteina que doy a mi familia es a través de carne (y algo de pescado) con muy buena pinta. Eso si, cabe decir que los fines de semana comemos de todo lo que no queremos permitirnos durante la semana. Es decir, en nuestra casa, con ejercicio (en el gimnasio mi marido y yo corriendo detrás de mis niños) y comida sana, nuestra familia se mantiene en buen estado. No estamos hechos unas sílfides, pero bueno, estamos dentro de los límites que la gente considera “normales”.

¿Qué es lo que hacen los americanos? ¡CUENTAN CALORÍAS! En el paquete de cualquier comida, encontramos lo siguiente:
Nutrition facts (que podría traducirse como Información sobre los nutrientes);

Y aquí hay datos cuantitativos sobre las calorías por toma, sobre el porcentaje de grasas saturadas e insaturadas, sobre el aporte de colesterol, minerales, carbohidratos y proteinas, y si me apuras, casi te dan información sobre el color de los ojos de la persona que ha cultivado lo que está dentro de la cajita que tu acabas de comprar.

Además de toda esta información, si escaneas el código de barras que siempre lo acompaña, y te descargas una aplicación muy americana sobre el control de lo que comes, puedes obtener información sobre si tus hábitos alimentarios son correctos o no, sobre si te excedes en azúcares y debes rebajar su dosis diaria, sobre si comes suficientes proteínas diarias… en fin, que quién no está sano es porqué no quiere. Mediante cualquier app o contando tú mismo las calorías sumando la información de los paquetes de tu comida, puedes saber si las calorías ingeridas exceden tus parámetros establecidos. Y la gente cuenta y cuenta las calorías ingeridas, y la gente se desespera o se va contenta a la cama. Depende.
Fijándome detenidamente en el estereotipo americano, cabe decir que hay bastante gente que, aunque no está obesa, está entre la obesidad y un cuerpo normalito. Vaya, que está “gordita“.

Sé porque me lo han contado, que están rebajando también muy mucho las cantidades de comidas y bebidas. Las pizzas, hamburguesas, colas y demás tenían unas dimensiones super exageradas y excedían cualquier regla sana sobre aporte diario de nutrientes. Hoy en día, los americanos están intentando racionalizar en el tema de la comida (una de las pizzas más anunciadas es la de espinacas con queso feta, aunque creo firmemente que la más vendida continúa siendo la de carne a la barbacoa) y los resultados, poco a poco, se van notando.

Considero muy triste ver a un niño obeso. Si a los diez años tienes problemas de sobrepeso, éste seguramente te acompañará al largo de tu vida adulta. Y debo decir que en el cole de los niños tan solo he visto a dos niñas con este tipo de problemas. ¡Bien por ellos!

Mamá en Massachusetts es española y vive en Boston con su marido y sus hijos. Nacida en Barcelona, primero vivieron en Polonia donde vio que no estaba tan mal esto de ser una expatriada como dice ella y que culturalmente enriquece muchísimo a las personas. De vez en cuando se acercará a Mujeres Y Madres Magazine a contarnos su visión más allá del Océano. 

5 COMENTARIOS

  1. Qué interesante este tema. Yo sólo he estado una vez en Estados Unidos, y aluciné un poco con esto de la comida. Todo enorme, las raciones de comida enormes, y la gente también enorme. Todo me pareció grande! Soy bastante curvilínea pero esos días me sentí muy escuchimizada.

  2. Definitivamente hoy hay mucha más conciencia sobre la salud. Sin embargo en este país es mucho más barato comer una comida completa de McDonald’s por $6 que por ejemplo una ensalada sabrosa por $12. Hay mucha pobreza y mucha gente preocupada en llenar el estómago en lugar de nutrir. También están las familias que se ejercitan juntas y las que no porque los padres trabajan dos o tres trabajos.
    El referente socio-económico va muy ligado al peso y la salud en general.
    Yo vivo en Chicago y puede decirte que hay sectores donde la gente a forma general es más delgada o gordita. Incluso en las escuelas.
    A mi me da mucha pena ver niños obesos porque a futuro esa obesidad desarrolla otra enfermedades.
    Lo que mencionas de la escuela de tus hijos me parece curioso porque en las escuelas de los míos no he visto ningún niño obeso, sin embargo si los hay.

  3. Yo también estuve en EE.UU. hace diez años (madre mía del amor hermoso, qué rápido pasa el tiempo) y aluciné el día que me pedí una ensalada en McDonald´s porque echaba de menos el verde y, por un precio irrisorio, ¡había una pechuga de pollo a la plancha dentro con la lechuga, el tomate y el queso! Os lo juro, no un filetito, la pieza entera cortada a trozos. En un bol enorme. Con la carne no pude y eso que en mi casa me enseñaron que hay que acabarse el plato.

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